Efesios

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Los Redimidos     

 (Efesios 1:7-8)

   En todo continente, en todo país, en toda ciudad, y en toda familia, la gente se reúne a veces, para llevar a cabo celebraciones. Por ejemplo, la gente celebra los cumpleaños y los aniversarios. Decoramos el lugar. Compramos tarjetas y regalos. Tomamos fotografías o grabamos videocintas, para ayudarnos a recordar la celebración y a todos los que participaron en ella.

   Como nación que es, los Estados Unidos celebran varios días feriados —el Día de la Conmemoración, el Día de la Independencia, el Día del Trabajo y el Día de Acción de Gracias. En México tenemos el 16 se septiembre. El cinco de mayo y tantas otras festividades.  Estas celebraciones incluyen a la familia, los amigos, las meriendas al aire libre, los fuegos artificiales y los desfiles. A través de estas ocasiones especiales recordamos dónde hemos estado como nación, lo que nos ha traído hasta hoy, aquello por lo cual existimos y la forma como encajamos en la historia.

   Cuando recurrimos a la Biblia, descubrimos que la celebración más importante de nuestras vidas debe ser la celebración de lo que Dios ha hecho por nosotros a través de Cristo. Toda asamblea pública del pueblo de Dios debería ser una gran celebración acerca de quién es Cristo y de lo que él ha hecho.

   Las palabras de apertura del libro de Efesios resuenan con celebración en las alabanzas de Pablo hacia Dios por todo lo que él nos ha dado en Cristo. Hallamos en (1:3-14) una sola oración saturada con celebración.

   En un "trompetazo" de alabanza. Pablo celebró que Dios nos haya bendecido con toda bendición espiritual en Cristo (1:3). El celebraba que Dios nos había hecho su pueblo escogido en Cristo (1:4). Él celebraba que Dios nos había adoptado para ser sus hijos (1:5). Él celebraba la gracia que se nos ha dado libremente en Cristo (1:6).

   Luego venimos a esta espectacular declaración: "... en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros..." (1:7-8).

   En Cristo celebramos el hecho de que estamos redimidos. ¿Cómo se da a conocer esta celebración?.

CELEBRAMOS EL SIGNIFICADO DE LA REDENCIÓN

"... en quien tenemos redención por su sangre...”(1:7). Pablo celebraba la redención en Cristo, pero ¿qué daba a entender con la palabra "redención"?. Recuerde estas dos palabras: "condición" y "costo".

   La redención nos dice algo acerca de la condición en la cual nos encontrábamos antes de ser redimidos. Un comentarista hizo la siguiente observación: "La idea fundamental de la redención es la de liberar algo o a alguien que ha llegado a pertenecerle a otro".

   En el Antiguo Testamento, la redención era el precio que se pagaba para obtener la libertad de un esclavo. La redención fue también lo que Dios hizo por Israel cuando los libertó de la esclavitud en Egipto. La redención significa liberación o libertad del control de otro. Pablo escribió acerca de estar "vendido al pecado" (Rom. 7:14). La redención nos recuerda la condición en la que nos encontrábamos antes de que viniéramos a Cristo.  El pecado era nuestro amo.

   Para comprender el significado de la redención, necesitamos comprender la condición pecaminosa en la que nos encontrábamos.  También necesitamos estar conscientes del costo que se pagó para que saliéramos de tal condición.  ¿Cuál fue el costo de la redención?. Esto fue lo que Pablo dijo " tenemos redención por su sangre ".  La redención no fue barata. El costo fue todo lo alto que pudo llegar a ser Jesús mismo dijo que él vino "a dar su vida en rescate por muchos" (Marcos 10:45).  Esto fue lo que Pedro dijo: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminacn, " (1ª  Pedro 1:18-19)

   Hebreos dice que Cristo "...  por su propia sangre, entro una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención" (Hebreos 9:12).  Nuestra redención se realizó al más alto precio que uno se puede imaginar —la violenta muerte del Hijo de Dios

   No podemos evitar sentir pesar cuando miramos transmisiones por televisión en las que alguna guerra civil esté ocurriendo en alguna parte del mundo.  La gente se levanta todos los días sin saber que esperar.  Las familias se separan todas las mañanas sin saber si se verán unos a otros nuevamente al final del día.  Es una situación horrible. Debería hacer que la gente libre como yo, aprecie la relativa seguridad y libertad que tenemos.  Lo que disfruto junto con los demás se realizó pagándose un alto precio por ello.  Las hileras de cruces blancas que se encuentran en lugares como el  “Cementerio Nacional de Arlington, donde más de 160 000 americanos muertos en guerra están enterrados, están allí como un recordatorio del precio de la libertad”.

   Jesús puso su vida por nosotros.  Si él no hubiera ido al Calvario, no habría esperanza para ninguno de nosotros.  El pagó por nuestra redención.  Él es nuestro redentor.

   ¿Qué hacemos con esta verdad?.  ¿Simplemente la almacenamos en nuestras mentes? ¿Simplemente cantamos sobre ella?.  ¿Simplemente la recordamos en forma ocasional?.   El propósito de Jesús para la verdad de la redención es que ella signifique una importante diferencia en nuestras vidas.  El nos redim con el fin de que pudramos llegar a ser lo que Dios siempre quiso que fuéramos —gente que le honra, que le obedece, que disfruta de su presencia y le alaba.  Cuando yo elijo ir en contra de este plan y vivo en el pecado, estoy eligiendo vivir como si su muerte en la cruz nunca hubiera ocurrido, como si no tuviera significado, como si no mereciera ninguna consideracn, y como si el derramamiento de su sangre y su muerte por mí no importaran.

   El significado de la redencn es que Jesús pagó el precio marcado en la etiqueta para llevarnos adonde Dios quiere que estemos —fuera del infierno y preparados para el cielo

CELEBRAMOS EL RESULTADO DE LA REDENCIÓN

"En Cristo” tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados...(1:7, énfasis nuestro).  El resultado de la redención es el perdón de pecados.

  El sustantivo "perdón" (del griego aphesis) viene de un verbo que significa "despedir, mandar, apartar".  Dios despide nuestros pecados.  Ya no se interponen entre nosotros y Dios.

   Los que vivieron bajo el Antiguo Testamento tenían un macho cabrío para la expiación. El día de la expiación, el sumo sacerdote ponía sus manos sobre éste como un símbolo de la transferencia de todos los pecados del pueblo al macho cabrío.  El macho cabrío era después llevado fuera, a un lugar remoto en el desierto, de manera que este no pudiera regresar nunca más al campo.  El macho cabrío se había ido, así también nuestros pecados (Levítico 16)

   Jesucristo llegó a ser nuestro macho cabrio expiatorio.  El llevó nuestra culpa y aceptó el castigo mas Jehová cargo en el  pecado de todos nosotros (Isaías 53: 6)

   Al que no conoc pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en el (2ª Corintios 5:21). Quien  llevó el mismo nuestros pecado en su cuerpo sobre el madero   (1ª Pedro 2:24)

  Una vez se le preguntó a un grupo de gente acerca de sus creencias religiosas.  Fueron vanas las ideas que se expresaron acerca del cielo v del infierno.  Una de las opiniones más comunes, de muchos de los encuestados, fue esta.  Donde uno pase la eternidad depende de cuán bueno uno sea.  En otras palabras, si una persona consigue no enredarse, se preocupa por sus responsabilidades, trata a la gente bien, y parece que es mas lo bueno que se puede decir de ella, que lo malo entonces tal persona ira al cielo.

   Tal idea no se puede hallar en la Biblia.  La Biblia enseña que ninguno de nosotros es bueno lo suficiente como para ir al cielo "No hay justo, ni aun uno (Rom.  3:10) "   todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3: 23), 'Porque la paga del pecado es muerte, mas la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Rom.  6:23)

   Los tres versículos citados por si solos desautorizan la noción de que la bondad hace que la gente llegue al cielo.  No tiene nada que ver el que usted sea seleccionado como el más sobresaliente estudiante de su escuela, reconocido por el club cívico como el ciudadano modelo, o respetado en su congregación como la persona que se preocupa y esta más llena de compasión.  Usted no puede entrar al cielo simplemente porque usted se ve a si mismo como alguien básicamente bueno.  La bondad no nos va a llevar al cielo.  Ninguno de nosotros puede ser bueno lo suficiente como para ello.  Nuestros pecados se han encargado de que así sea.

   La primera vez que yo pequé, la primera vez que usted pecó, llegó a ser imposible que nosotros pudiésemos entrar al cielo mediante el ser buenos.  Ninguno de nosotros puede hacer algo para "quitarle el pecado" a un pecador.  Aparte de lo bueno que podríamos parecerles a otros, no somos aceptables delante de Dios.  No podemos hacernos aceptables delante de Dios.  Sólo Dios puede hacer esto por medio de perdonarnos.  El lo hace a través de enviar el pecado lejos.  Por eso es que celebramos el resultado de la redención —el perdón de pecados.

CELEBRAMOS LA MEDIDA DE LA REDENCIÓN

“... en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros " (1:7-8) Pablo declaró la vastedad y completa realización de nuestro perdón El punto al cual hemos sido perdonados se mide por los límites de la gracia que Dios hace fluir a nuestras vidas

   Dios redime y perdona según las riquezas de su gracia Dios no tiene una cuota Dios no le permite a una persona un numero determinado de pecados "capitales" que ella mejor no excede.  Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia" (Rom.  5:20).  Ningún ser humano puede pecar y quedar por ello más allá del alcance de la gracia de Dios Nuestros pecados nunca podrán ser tan horribles, nunca tan numerosos, que su gracia no pueda hacerse cargo de ellos.

   La verdad es ésta.  La bondad no lo llevará a usted al cielo por más grande que sea el esfuerzo que usted haga, no obstante, el haber pecado excepcionalmente no le excluirá del cielo, si deposita su confianza en Jesús.

  Thom Lemmons escribió una novela que lleva a los lectores al primer siglo, al tiempo de la cruz de Cristo, y a los años que siguieron.  El principal personaje es un carpintero llamado Linus quien fue abruptamente levantado una noche y llamado a construir una cruz para la crucifixión de un maestro rebelde de Nazaret.  Lo hizo.  Más adelante, ese mismo día Linus paró y miró a Jesús de Nazaret, sangrando y muriendo en la cruz, que él había hecho.

  La  culpa lo abrumó.  Huyó de Jerusalén y emprendió una búsqueda de la verdad y el significado de la vida.  Años más tarde, la memoria del moribundo maestro Galileo todavía lo perseguía.  Linus conoció a un hombre de Tarso, llamado Saulo.  En su imaginada reunión, Linus y Saulo tuvieron esta conversación:

   "Soy culpable —directamente culpable de su sangre. Yo sabia, y sentía que el era inocente, y aun así yo—" no podía hacer que salieran las palabras, su mente estaba absorbida por la sangre de un hombre inocente. "Yo construí la cruz sobre la cual lo mataron", susurro por fin, con una voz que se ahogaba en la pena y la confusión "Yo sabia, y aun así consentí…"

   Saulo se inclino hacia adelante y tomo el brazo de aquel hombre. "Es obvio que no podrás imaginarte que tienes mas culpa que yo en esto, carpintero.  Pero ninguno de nosotros puede escapar de su parte en esta muerte. ¿No comprendes.  Él es el cordero de la Pascua, que fue inmolado una vez por los pecados de todo el mundo —de todos los que jamás han vivido o vivirán.

   Lagrimas ardientes comenzaron a escurrir de los ojos de Linus. Sacudió la cabeza, incapaz de ver, incapaz para permitirse aceptarlo.

   "Piensa en ello de esta forma, mi amigo", continuo Saulo.  "Si tu obra contribuyo a su muerte, tambn contribuyo a una nueva vida para toda la creación.  No fue que simplemente construiste una cruz,  Linus.  También construiste un altar".

  La cruz confirma que no importa cuan demasiados ni cuan horribles nuestros pecados hayan sido.  La gracia de Dios siempre podrá hacer algo respecto a ello. s Los hombres tomaron al hijo de Dios, el cual era perfecto, lo despojaron de sus ropas y lo azotaron, luego lo colgaron de una cruz para que muriera como un criminal común.  Hicieron todo lo que pudieron para humillar, herir y destruir a Jesús.  Sin embargo, la gracia de Dios fue más grande que los pecados de ellos.  Dios tomó lo que ellos le hicieron a Jesús e hizo posible el perdón a través de la sangre de éste.

CONCLUSIÓN:

   ¿Se ha unido a la celebración alguna vez de la redención?.  Recuerde, la bondad no le llevará al cielo.  La única manera de entrar al cielo es estando en Jesús.  ¿Está usted en Jesús?.  Conságrele su vida a él.  ¡No lo posponga un día más!.  La redención es todavía una realidad.  El perdón todavía es ofrecido.  La gracia todavía fluye. ¨

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