Efesios

 

(10)

 

La tercera raza                                                

(Efesios 2:11-18)

   Kent Hughes contaba acerca de John Reed, un hombre que conducía un bus escolar en Australia. El bus transportaba niños blancos y aborígenes. Los chicos estaban constantemente haciendo escándalo y peleando. Por fin, John decidió que ya había oído toda la discsión entre los muchachos que podía aguantar. Detuvo el bus a un lado del camino y les dijo a los chicos blancos: "¿De qué color son ustedes?".

"Blancos".

  "No, ustedes son verdes. Todos los chicos que se suben a este bus son verdes. Ahora, ¿de qué color son ustedes?".

  Los chicos respondieron: "verdes".

  Luego John les habló a los aborígenes y les preguntó: "¿De qué color son ustedes?".

 "Negros", dijeron.

"No, ustedes son verdes. Todos los chicos que se suben a este bus son verdes. Ahora, ¿de qué color son ustedes?".

   Esto pareció ponerle fin a la discusión y al escándalo - por un rato. Varias millas adelante, uno de los chicos les dijo a los demás, "Está bien, verde claro en este lado del bus, y verde oscuro en aquél". Y luego el escándalo comenzó nuevamente.

   Aunque esta solución no duró, el conductor del bus sabía lo que se necesitaba hacer. La situación que se estaba dando en el bus hacía necesaria una nueva raza, sin distinción por el color —ni negros ni blancos, tan sólo verdes.

Para que la gente viva en armonía, no deben hacerse distinciones.

   La carta de Pablo a los Efesios habla de la creación de una nueva raza. Esta carta proclama que Jesús vino al mundo a crear esta nueva raza.

   Varios años después de que Pablo escribió el libro de Efesios, Clemente de Alejandría, un cristiano del segundo siglo, se refirió a esta nueva raza en uno de sus escritos: "Los que adoramos a Dios de una nueva forma, como la tercera raza que somos, somos cristianos".

Los cristianos son la tercera raza. Somos la nueva comunidad de Dios, la nueva sociedad de Dios.

   “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que están cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”.

   Si pudiéramos encerrar en una sola declaración la afirmación fundamental de este pasaje, sería la siguiente: El propósito de Jesús es que ¡os cristianos comprendan que ellos representan una nueva raza de personas.

DESARROLLAMOS NUESTRO APRECIO DE LA NUEVA RAZA POR MEDIO DE RECORDAR NUESTRO PASADO

   ¿Por qué deberíamos alegrarnos de esta conversación acerca de una nueva raza?.  La respuesta se encuentra en los versículos 11 y 12.  Nuestro aprecio de la nueva raza crece al recordar nosotros la vida antigua. Hay una palabra con la cual se describe esa vida —alienación. La vida antigua conllevaba alienación de Dios y de otras personas.

   Este mundo no es la clase de lugar en el que uno es para todos y todos son para uno, ¿acaso lo es?.  Las personas de este mundo no se llevan bien. Existen contiendas entre las naciones. En nuestras grandes ciudades, las pandillas marcan sus límites territoriales y matan a los que los cruzan. En nuestros hogares abundan las peleas domésticas. La tasa de divorcios crece vertiginosamente. Aun dentro de la iglesia, se marcan líneas de división y algunas personas están separadas de otras. La alienación caracteriza a nuestro mundo.

   Pablo abordó este problema. El cristianismo no esquiva el fracaso de las personas al no llevarse bien unas con otras. De hecho, Pablo vio el cristianismo como una forma de enfrentar esta cuestión frontalmente. En el mundo de los tiempos de Pablo, había dos grupos de personas que estaban completamente alienadas unas de otras: los judíos y los gentiles. Los judíos apodaban a los gentiles como los "incircuncisos". La intención de tal designación era mofarse y ridiculizar a una raza entera. Se dice de un prominente rabino, que cuando se le preguntó por qué creó Dios tantos gentiles, esto fue lo que contestó: “Para que pueda haber suficiente combustible para los fuegos del Gehenna (infierno)”.

   La hostilidad que había entre estos dos grupos era tan intensa que llegó a ser ilegal que un judío le ayudara a una gentil que estuviera dando a luz, ayudando así a que hubiera otro gentil en el mundo. Si un judío se casaba con una gentil, la pérdida de la familia era comparada con la muerte, y la familia del judío celebraba un funeral. Cuando un Judío entraba a Palestina, éste se sacudía el polvo de sus pies para que la tierra de los gentiles no contaminara la Tierra Santa. Tal era el odio de los judíos hacia los gentiles. Para los gentiles, el sentimiento era mutuo; despreciaban a los judíos.

   Pablo les escribía a cristianos que habían sido gentiles, que sabían desde la niñez que ellos eran despreciados por los judíos, y que habían odiado ellos mismos a todos los judíos una vez. Pablo envió esta carta para informarles a estos gentiles cristianos que ellos habían llegado a ser parte de una nueva raza la cual incluía tanto a los judíos como a los gentiles. Dentro de esta nueva raza, todo odio racial, disgusto y maltrato habían de acabarse.

Efesios 2:11-12 también hablan acerca del fin de la alienación entre los seres humanos y Dios. El versículo 12 da una descripción de cinco dobleces de la alienación gentil de Dios:

1) ... estabais... sin Cristo. Los gentiles no sabían que toda la historia hallaba su significado y propósito en Jesucristo.

2) ... estabais... excluidos de la ciudadanía de Israel.  Los gentiles no recibieron los derechos ciudadanos naturales que les pertenecían por nacimiento a los descendientes de Abraham.

3) ... estabais... ajenos a los pactos de la promesa.  Estaban mirando desde afuera.

4) ... estabais... sin esperanza. No tenían esperanza porque no tenían a Cristo.

5) ... estabais... sin Dios. No conocían a Dios. No tenían una verdadera relación con él.

Glenn Owen tuvo una experiencia conmovedora durante un viaje que hizo a Ucrania, cuando ésta era parte de la Unión Soviética. Contaba acerca de un encuentro con una mujer en Kiev. Ella sostenía una Biblia en su mano y le decía a Glenn: "Tengo la esperanza del mundo en mis manos". Glenn compartió su reacción a lo que ella dijo:

    “... la miré con cierta apretazón en mi garganta... Había cierta tristeza en su voz, cierta tristeza en sus ojos, cierta tristeza en su corazón. Pero había en esta dulce dama un espíritu de esperanza. En su maltratado corazón ardía la llama de la esperanza que siempre arde en aquellos que están abiertos a Dios. Ella sabía, mientras acariciaba suavemente la Biblia, que ella tenía la razón para su esperanza...

   Nuestras lágrimas se unieron a las de ella cuando oímos su relato y compartimos su dolor. Su único hijo había muerto tan sólo dieciocho meses atrás a causa de la toxicidad por radiación que se produjo en el accidente nuclear de Chernobyl. El esposo de ella había muerto por un tratamiento médico inadecuado tan sólo tres meses atrás. Ahora ella había venido buscando consuelo y esperanza.

   “... Esta gentil y callada dama ucraniana sabía que su esperanza residía en Jesucristo, el Hijo de Dios.  El gobierno de ella le había fallado. La vida en cierto sentido le había fallado. La vida de sus seres mas queridos se había esfumado. Estando sola, no tenia ningún recurso humano del cual depender.  No tenia razón, excepto Jesús, para tener esperanza. Él es la única esperanza para cualquiera de nosotros.

   Antes de Jesús estábamos todos sin esperanza, pero Jesús revolucionó nuestras vidas.  El ofrece esta esperanza a cualquier persona que se vuelve a él.   Justo cuando usted se pregunta .¿De qué sirve? —justo cuando la vida parece no llevar a ningún lado— Jesús entra y cambia todo.

   Note cómo Pablo afirmó esto en el versículo 13: "Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo".  Considere lo que este pasaje dice, pues "estar en Cristo" significa toda la diferencia.  La frase "en Cristo Jesús" describe a la nueva raza.  Es una comunidad de personas que nació "por la sangre de Cristo"

   Cuando pensamos en aquello a lo cual nuestras vidas habrían llegado a parecerse sino fuera por la diferencia que Jesús ha significado, todos deberíamos agradecer y alabar a Dios porque Jesús hizo el sacrificio para darnos esperanza.  Crecemos en nuestro aprecio de la nueva raza cuando recordamos nuestras vidas pasadas.

LE DEBEMOS NUESTRA PARTICIPACIÓN EN LA NUEVA RAZA A NUESTRO SEÑOR

   Le debemos nuestra participación en la nueva raza, completa, plena y totalmente a Jesús. Únicamente él es el que ha hecho posible la nueva raza.  ¿Cómo hizo Jesús esto?.  Examine los verbos de los versículos 15 y 16.

   Para comenzar. Jesús hizo posible la tercera raza mediante "abolir” en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas.  Jesús suprim la antigua religión judía.

   Jesús dejo bien claro que el cristianismo es el único camino para llegar a Dios.  Esto fue lo que dijo:  "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre sino por mi" (Juan 14 6).  Esto fue lo que Pedro dijo: "Y en ningún otro hay salvacn, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 412)

   Jesús no murió para perpetuar la separacn y la alienación de los demás con base en la religión.  Murió para ponerle punto final a la divisn religiosa.

   Nótese otra cosa que Jesús hizo. La ultima parte del versículo 15 dice "  para crear en si mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz".  No solamente abolió algo, tambn creo algo.  ¿Qué fue lo que Jesús quiso crear?.  El vino a crear en sí mismo un nuevo hombre.  La palabra "nuevo" es importante Neos significa "nuevo" en cuanto al tiempo.  Algo es nuevo si nac recientemente.  Hay una segunda palabra del griego, kainos, que significa "nuevo" en calidad.  Algo es nuevo en el sentido de que ha cambiado o mejorado hasta el punto de que parece completamente diferente.

   En el versículo 15,  Pablo uso esta segunda palabra de la cual se traduce "nuevo".  El quería que los cristianos se dieran cuenta de que Jesús vino a crear a un "nuevo hombre" —una calidad de la existencia humana no conocida anteriormente— una nueva raza.

   El versículo 16 nos da una tercera accn de la palabra, o verbo, asociado con Jesús.  Nos dice las metas que Jesús tema en mente cuando creo el "un solo nuevo hombre".  Pablo dijo que fue para "reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo “mediante la cruz”, matando en ella las enemistades"

   Jesús hizo esto en la cruz.  Él reconcilio la tercera raza —la nueva humanidad, el que ahora era uno solo— con Dios.  Él hizo que Dios y el hombre se juntaran nuevamente Jesús tambn hizo que los hombres se juntaran nuevamente entre si

   Robert Louis Stevenson contaba un relato acerca de dos hermanas solteras, las cuales compartían un apartamento con un solo dormitorio.  Eventualmente el abarrotado espacio en el que vivían causo que a ambas se les alteraran los nervios.  Un día tuvieron una acalorada discusn sobre religión.  Su disgusto llego a ser tan severo, y se hicieron comentarios tan llenos de odio la una a la otra, que llegaron al punto de no hablarse la una a la otra después del argumento.

   Los días se convirtieron en meses. Continuaron viviendo juntas en silencio. Ninguna de las dos tenía suficiente dinero para conseguir otro apartamento, así que se quedaron en la única habitación, sin hablarse la una a la otra. Dibujaron una línea con tiza en el piso para separar el territorio de cada una. Por años se odiaron mutuamente y nunca se dijeron una palabra la una a la otra. Por la noche cada una se acostaba mientras escuchaba la respiración de la otra, la que había llegado a ser la enemiga. Vivieron en aquellas miserables circunstancias por el resto de sus vidas.

Esto sucede no sólo en la literatura; sucede en la vida real también. Lo he visto en ciertas congregaciones. Tal vez no lleguemos al extremo de dibujar líneas sobre el piso con tiza, pero a pesar de esto, están allí. Las personas que llevan el nombre de Cristo tienen poco o nada que ver unas con otras. Los sentimientos de ser superiores a otros en lo espiritual, prevalecen.

Yo le puedo decir, con base en la autoridad de la palabra de Dios, que cuando la hostilidad, la separación o la división existe en el cuerpo de Cristo, ello va en contra de todo aquello por lo cual Jesús murió. Jesús vino a reconciliar —a crear una sola,  nueva y unificada humanidad.

CONCLUSIÓN

   La humanidad que se encuentra fuera de Jesús es un desastre. Las noticias de la noche, el diario matutino y la experiencia personal deberían ser suficientes para que cualquiera de nosotros vea que nuestro mundo se especializa en la separación, la alienación y la hostilidad. Este es un mundo sin Jesús, en el cual cada hombre ve por sí mismo.

   Es necesario que la iglesia sea un lugar de paz y así pueda ofrecer un marcado contraste. Cristo llama a su iglesia a que sea un lugar entregado al restablecimiento de relaciones rotas, un lugar de aceptación, un lugar de reconciliación y a que represente una nueva raza.

   Para lograr esto, necesitamos pensar muy seriamente en algunas cuestiones: famas comprenderemos el cristianismo, sino hasta que apreciemos precisamente cuan importante es esta nueva raza para Jesús. El cuerpo de Cristo es donde el cristianismo vive.

  No comprendemos el cristianismo si no podemos ver que es un problema el dejar que existan barreras dentro de la iglesia local. Una iglesia local debería ser un lugar donde todos trabajemos para borrar las líneas de tiza. Una congregación de la iglesia del Señor debe aceptar a la gente y amar a la gente. Cualquiera que se encuentre dentro de la iglesia debería experimentar lo que jamás se podrá encontrar fuera de ella —una raza de gente que cree en que hay un lugar para todo mundo y al cual todo mundo pertenece. ¨

cisnerosme@yahoo.com.mx  http://henrycis.net