La Agonía y la Gloria de la Cruz

 

Pecado

   «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo». ¿Cuál es la palabra que más sistemáticamente se evita, se le rehúye y se rechaza? «¡Pecado!». ¡Incluso en la iglesia! La cultura ha desterrado la palabra «pecado». A los pecadores ya no se les llama «pecadores». La Psicología ni siquiera usa la palabra «pecado». Esta es la razón por la que ella no acierta a ayudar a las personas a lidiar con la culpa. Nuestra cultura ha convertido la Teología en Psicología, la cruz en un diván, la iglesia en un programa de rehabilitación, la adoración en terapia y la condenación en disfunción.

 

   La iglesia vive para convertir el mundo, no para ser tragada por él. ¿Cómo puede usted ayudar a alguien a ser salvo si él no sabe que está perdido? ¿Cómo pueden pretender los creyentes que el pecado no existe? El único problema del hombre es el pecado.

 

   El único tema de la Biblia es el pecado. Dios dio la ley de Moisés para hacer a la gente consciente del pecado (Romanos 3:20). El pecado no puede ser reparado; solo puede ser perdonado. El judío tenía razón cuando dijo: «¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?» (Marcos 2:7; Lucas 5:21). Con la humanidad, ¡el problema del pecado es insuperable! Esta no es la razón por la que Dios encuentra difícil perdonar, ¡sino que es precisamente la razón por la que encuentra necesario hacerlo! ¿Puede el hombre en pecado ser salvo? ¡Todo pecado y todo pecador será condenado! Dios es «santo» y está lejanamente separado del pecado (Isaías 6:3; vea Apocalipsis 4:8). Él es santidad trascendente. Un Dios santo.

 

Consecuencias Cósmicas

«¿Un solo bocado de fruta?». ¡Con eso fue suficiente! No fue homicidio, ni inmoralidad, ni robo, ni abuso, ni maltrato lo que se necesitó para coaccionar a la humanidad a cometer pecado. ¡Todo cambió en el cielo, en el infierno y sobre la tierra cuando Adán y Eva pecaron! ¡Todo llegó a ser diferente con Dios, con el hombre y con Satanás! Todo lo relacionado con el hombre cambió. Este se alienó eternamente de Dios y se distanció de su pareja. La humanidad ya no sería la misma. Con razón Dios preguntó: «¿Dónde estás tú?» (Génesis 3:9). ¡Lea Génesis 2 y 3 y estremézcase! El hombre es un pecador caído, condenado. Todo lo que el hombre, como pecador, puede ser, es un insulto a Dios todopoderoso.

 

   Este relato implica mucho más que «un bocado». Adán y Eva permitieron a Satanás entrar en sus vidas. Escucharon a Satanás, creyeron a Satanás y obedecieron a Satanás.

Desobedecieron a Dios. Dios es Dios, y el hombre no lo es. Al hombre le ofende la idea de que Dios tenga derecho sobre él.

 

   Una persona solo puede ser tentada cuando es arrastrada por sus propios deseos (Santiago 1). Peca en sus adentros antes de pecar externamente. El pecado es la elección suprema del ego. El pecado es no aceptar que Dios sea Dios; es el hombre tratando de ser más que el hombre. El pecado es creer que el hombre sabe más que Dios, o está mejor informado que Dios. La relación del hombre con Dios está ahora rota, traicionada y destruida. El pecado importa a Dios. El pecado es traición cósmica. Trágicamente, el hombre decidió llegar a ser su propio dios.

 

   Los pecadores están ahora muertos en sus pecados (Efesios 2). La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Nuestros pecados nos apartan eternamente de Dios (Isaías 59:2—3). Toda la guerra, la violencia y el caos de la historia comenzó con ese «solo bocado». Dios habló de esto a Adán antes que alguna vez ocurriera. No obstante, Dios fue desplazado a un segundo plano. A partir de entonces, Satanás ha sido el dios, el príncipe y el padre del mundo (Juan 8:44; 12:31; 14:30; 16:11; 2ª  Corintios 4:4).

 

   Para ser salvos, los pecadores deben ver el pecado del mismo modo que lo ve Dios. El despertar espiritual no es posible mientras los pecadores no perciban el horror del pecado. La gente que teme a Dios no teme el pecado. La gente que tiene una visión santa de Dios, perciben la enormidad del pecado.

 

   Dios aborrece el pecado, y nosotros debemos aborrecerlo también, pero, trágicamente, muchos no odian el pecado como pecado. Entre más santos llegamos a ser, más odiamos el pecado por lo que hace a nuestra relación con Dios. Dios es recto. Nuestro problema es el pecado; la solución es la cruz. Sin pecado, la cruz sería innecesaria.

 

Desesperanzados, Indefensos y Desventurados

   El hombre en pecado no puede salvarse a sí mismo. No puede ganar, comprar ni merecer la salvación. No puede conocer lo suficiente, ni hacer lo suficiente, para ser salvo. En vista de que el hombre no puede salvarse a sí mismo, alguien debe salvarlo. Esto significa que somos salvos por la gracia de Dios, no por mérito humano. Todo lo que el pecador puede hacer es arrepentirse. Nadie puede hacer esto por él.

Jesús no vino a morir por nuestros dolores o hábitos. Murió por nuestros pecados (Romanos 5:6, 8; 1ª  Pedro 1:18— 19). Somos lavados en Su sangre (1ª  Corintios 6:11; Hebreos 10:19; Apocalipsis 1:5; 7:14). Jesús fue hecho pecado, pero no pecador (2ª  Corintios 5.14—21). La elección es nuestra. Podemos llevar nuestros pecados a la cruz para que sean castigados en Jesús, o podemos recibir el castigo sobre nosotros en el infierno.

   Jesús no murió para salvar a un mundo que no deseaba ser salvo. Él perdonó pecados que pocos desean que se les perdonen.

 

   Jesús murió en una cruz, eso es historia. Jesús murió por mí, eso es salvación. El único modo como puedo tratar con el pecado es morir a él (Romanos 6).

 

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