http://iesous-xristos.ifrance.com/Cipriano%20de%20Valera%201602/Nuevo%20Testamento/mateo%201-1%202-8.JPGProfecía - Las Grandes palabras de la Cruz

(Primera parte)

 

Profecía

   «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo». Los que creen que los milagros y las profecías han cesado pueden tener poco interés en la profecía.

 

   ¡Reconsidérelo! La profecía es una poderosa herramienta. Hay unas 30.000 promesas en la Biblia. Dios cumplió cada una de ellas. Floyd Hamilton hizo notar que en el Antiguo Testamento hay más de 332 profecías cumplidas en relación con Jesús. (2)  Algunas son muy específicas. ¡Ninguna otra religión tiene un fundador y Salvador que hubiera sido profetizado!

 

   Gene Greer (3) dijo que fueron nueve veces las que Jesús afirmó tener autoridad, fueron 90 veces que afirmó ser el Hijo de Dios, fueron 33 veces que afirmó ser enviado por Dios ¡y fueron 31 veces que afirmó ser el Mesías! No fue por casualidad que Jesús comenzó Su ministerio público afirmando que era el Mesías profetizado (Isaías 61:1—3; Lucas 4:16—27). No fue que los oyentes no entendieron. Fue que, llenos de ira, trataron de matarlo (Lucas 4:28—30). ¡Los hombres trataron de detener Su ministerio en Su propia ciudad natal!

 

   Considere las muchas profecías que Jesús cumplió. (4) El fue la simiente de Abraham (Génesis 22:18; Romanos 4:13— 25; Hechos 7:1—6; Gálatas 3:6—16), un profeta como Moisés (Deuteronomio 18:15—22; Hechos 3:22—26) y del linaje de David (Juan 7:42; Romanos 1.3; 2ª  Timoteo 2:8). Habló por parábolas (Salmos 78.2; Mateo 13:34—35). Fue el hijo de una virgen (Isaías 7:14; Mateo 1:23—25), un galileo (Isaías 9:1—2; Marcos 14.70; Lucas 22.59), la luz de los gentiles (Isaías 49.6; Hechos 13:46—47), un rey humilde (Zacarías 9:9; Mateo 21:1—8) y el renuevo (Jeremías 23:5; Hebreos 7:14). Fue llamado de Egipto (Oseas 11:1; Mateo 2:15). Llegó a ser Nazareno (Mateo 2:23). Jesús fue declarado antes de la fundación del mundo (Efesios 1:3—4; 3.9—11; 1ª Pedro 1:20). El «Cordero inmolado» es el eje de toda la historia.

 

(1)  Herbert Lockyer, Ah the Promises of the Bible (Todas las promesas de la Biblia) (Grand Rapids, Mich.: Zondervan, 1962), 10.

(2)  Floyd Hamilton, The Basis of Chrístian Faith (El sustento de la fe cristiana), rev. y en (New York: Harper and Row, 1964), 160.

(3) Gene Greer, predicador en Heidenhammer, Texas. Conversación por teléfono, s.f.

(4) Vea Hugo McCord, «Jesús: El cumplimiento de profecías en Su vida», en «Jesucristo, el divino Hijo de Dios», La Verdad para Hoy, VII. 4, 9—17.

 

   Algunas de estas profecías se presentan como generalidades. No obstante hay, especialmente en relación con la cruz, algunos detalles menores específicos: la manera como murió (Salmos 22:16; Zacarías 12:10; Juan 12:32), una muerte pública (Deuteronomio 21:22—23; Hechos 5.30; 10.39; 13.29; Gálatas 3.13; 1ª Pedro 2:24), sería traicionado por un amigo (Salmos 41:9; Mateo 26.14—15; 27:3—10) a cambio de treinta piezas de plata (Zacarías 11.12; Mateo 26:14—15; 27.3—10), guardaría silencio ante Sus acusadores (Salmos 38.13; Isaías 53:7; Mateo 26:59—63; Marcos 14:55—61; 1ª  Pedro 2:23—24), estaría junto con los ladrones (Isaías 53:12; Mateo 27.38; Marcos 15:28; Lucas 23:39—43), serían horadadas Sus manos y Sus pies (Salmos 22:16; Zacarías 12.10; Juan 20:27), echarían suertes sobre Sus vestiduras (Salmos 22:18; Marcos 15:24; Juan 19:23—24), ningún hueso suyo sería roto (Salmos 34.20; Juan 19:36), se le ofrecería hiel y vinagre para beber (Salmos 69:21; Mateo 27:34; Juan 19:28—30), la exclamación (Salmos 22.1; Mateo 27:46), sería sepultado con los ricos (Isaías 53.9; Mateo 27.57—60), y llegaría a ser la piedra del ángulo desechada (Salmos 118.22—23; Mateo 21:42; Hechos 4:11; Romanos 9:32— 33). El rey humilde que vino cabalgando sobre un asno (Zacarías 9:9; Mateo 21:1—11) fue declarado por Pedro, el día de Pentecostés como «Señor y Cristo» (Hechos 2:36).

 

 

   A Isaías se le llama el profeta mesiánico. Isaías 53 es el «Lugar Santísimo» del Antiguo Testamento, el «Cántico del Siervo Sufriente». Seiscientos años antes de Cristo, Isaías fue inspirado por Dios para presentar un detallado retrato del Mesías. El libro de Isaías es citado más de cincuenta veces en el Nuevo Testamento. (5) Los judíos jamás entendieron Isaías 53. Ellos deseaban una victoria político-militar. Jamás les pasó por la cabeza la idea de un Salvador sufriente, muerto. Tenga misericordia. ¡Es difícil imaginar que el Dios del cielo muere en una cruz! Una cosa es creer que Jesús es Dios; ¡otra cosa es creer que Dios es Jesús!

 

   ¡Frases tomadas de Isaías 53 son repetidas por lo menos seis veces en el Nuevo Testamento! (6)  ¡Qué sublime gracia! ¡El que muere en la cruz es el mismo que creó el mundo! Dios no puede contemplar el pecado, ni siquiera en Su Hijo, quien fue hecho pecado. Felipe dijo al noble etíope que este hombre era Jesús (Hechos 8:30—35).

 

   Todos los verbos de Isaías 53 están en tiempo pasado. El futuro se declara como historia. Dios (Jesús) es el mismo ayer, hoy y para siempre. Con Dios, el pasado, el presente y el futuro son lo mismo en la realidad. Las profecías de Dios son tan ciertas que se expresan en pasado. Jesús cumplió todas las profecías. Él profetizó Su propia muerte, sepultura y resurrección. (7) ¡La vida de Cristo es la verdad histórica más certificada que hay sobre la tierra!

 

(5) Gleason L. Archer y Gregory Chirichigno, Oid Testament Quotations in the New Testament (Citas antiguotestamentarias del Nuevo Testamento) (Chicago: Moody Press, 1983), 92—134.

(6)  Ibíd., 120—24.

(7) Vea Mateo 16.21 (y Marcos 8.31; Lucas 9.22); 17.22—23 (y Marcos 9.30—32; Lucas 9.43—44); 20.17—19 (y Marcos 10.32—34; Lucas 18.31—33); Lucas 24.7, 44—46; Juan 13.19.

 

 

Las Grandes palabras de la Cruz

(primera parte)

Romanos 5:11—21

 

   «Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinará en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia» (Romanos 5:17).

 

¡Expiación! Sin santidad, ningún hombre puede ver a Dios (Hebreos 12:14). El pecado violenta y elimina la santidad. En el pecado, el hombre se separó a sí mismo de Dios. En el cielo no puede entrar el pecado. Ningún pecador tiene derecho ni razón para estar delante de la presencia de un Dios santo. Todo pecado y todo pecador será castigado, ya sea en la cruz o en el infierno. ¿Puede el hombre en pecado ser salvo? Si la respuesta es afirmativa, ¿cómo?, ¿cuándo? y ¿por quién? El pecado es el más grande de todos los problemas, pero Jesús murió para resolverlo. Los pecadores no necesitan sencillamente ser salvos; ¡necesitan un Salvador!

 

    Juan el Bautista tuvo el privilegio de anunciar: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29, 36). Jesús no vino a buscar a los salvos, sino a los perdidos (Lucas 19:10). El Calvario es la increíble revelación de un Dios perdonador. ¡La expiación es el propio misterio de Dios!

 

 

   Obviamente, la expiación escapa a nuestra comprensión, y a nuestra compensación. La fe cree aquello que jamás puede ser entendido. La expiación no es una historia para nuestro intelecto, sino un santuario para nuestra fe.

 

   En la historia no hay nada más maravilloso que la influencia de Jesús. Dios nos invita a sumergirnos en las profundidades de la cruz. Debemos ser asombrados hasta quedar callados y desbordantes de gratitud. La expiación es el centro de atención de la Biblia: es lo que separa al cristianismo de las demás religiones. Un día en el tiempo, en la cruz, el hombre pecador vio el eterno amor de Dios Juan 3:16).

 

   Es mejor aceptar una teología que no podemos entender plenamente, que tragarse una clara explicación por el precio de algo que no funciona. El pecado tiene que ser expiado. No se puede tener un solo pensamiento con Dios, mientras no se realice la expiación. Jesús sufrió el castigo que el pecado merecía. El cristianismo depende de la crucifixión. Si los pecadores podían haber sido salvos de otro modo, entonces hubiera sido malvado de parte de Dios el haber sacrificado a Su único Hijo. Los acusadores dijeron, sin saberlo, una profunda verdad: «A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar» (Marcos 15:31; vea Lucas 23:35). Jesús no tiene quien lo iguale, ni que pueda ser rival de Él. Él es el León de Judá (Apocalipsis 5:5), pero también es el Cordero. Nos identificamos más fácilmente con el León. Sin embargo, la victoria no vino por el León, sino por el Cordero (1ª  Pedro 1:18—19). La gran enseñanza acerca del Cordero se encuentra en Apocalipsis.8 Los salvos están incluidos en la lista del libro de la vida del Cordero (Filipenses 4:3; Apocalipsis 3:5; 17:8; 20:12, 15; 22:19). El juicio comienza con los que están incluidos en ese libro (la  Pedro 4:17). Los demás ya están condenados (Juan 3:16—18).

 

(8) Vea Apocalipsis 5:6, 12—13; 6:16; 7:9—10,14; 12:11; 13.8; 14:1,4; 21:9; 22:1, 3.

 

   La expiación hace enmiendas, pone a derecho las cosas, desagravia a la persona ofendida. La expiación demuestra que «Dios tiene razón». Dios tiene razón en cuanto a nuestro problema: el pecado. Tiene razón en cuanto a la solución: la cruz. La expiación es como un diamante: uno no puede verlo todo desde un solo ángulo. Son errores mayúsculos los que resultan de recalcar algunos aspectos a costa de otros. Esto es admiración, no adoración. Jesús murió en una cruz; esto es historia. Jesús murió por mí; esto es salvación. Debemos aprender a creer, a aceptar y a amar aquello que no podemos entender a plenitud.

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«Justo», «Justicia» y «Justificación»

    Se ha dicho que Romanos es el centro de las Escrituras, y que Romanos 3:20—26 es el centro de Romanos: «... a fin de que él sea el justo, y el que justifica». La expiación se fundamenta en la justicia. La Biblia usa «justificación» y «rectitud» básicamente del mismo modo. Obviamente, uno no puede predicar justificación sin justicia. ¿Cómo puede Dios justificar a los culpables? El tiempo y el olvido no hacen desaparecer la deuda del pecado. El pecado no puede repararse. Ni siquiera Dios repara el pecado. La pena por el pecado debe pagarse; el pecado debe castigarse. ¡Jesús la pagó toda! La respuesta de Dios al pecado es la cruz.

 

   La cultura tropieza en esto (1ª  Corintios 1:22—25). El hombre no puede verse a sí mismo perdido en el pecado. El universalismo dice: «Dios es demasiado bueno para permitir que usted vaya al infierno. Usted es demasiado bueno para ir al infierno»; sin embargo, ¡nunca se es lo «suficientemente bueno»! No hay justicia sin castigo. Un Dios santo no puede permitir que el pecado quede impune. Dios es justo. ¡No acepte la idea de que «Dios es amoroso y pasará por alto el pecado»! La misericordia no puede engañar a la justicia. Dios no puede disminuir Su condición de Dios. Este concepto debe entenderse. Entender mal esto equivale a entenderlo mal todo. La justicia es un principio más elevado que el del amor sentimental. Lo que la justicia exigía, la gracia suministró. En vista de que los pecadores no se podían salvar a sí mismos, lo que se necesita es un Salvador. Jesús es el Salvador. Lo que el hombre no podía hacer, Dios lo hizo en el hombre (Jesús).

 

   La justicia es el centro dela teología bíblica. ¡Entienda la justicia! Creer en la cruz equivale a aceptar la justicia y a aceptar el infierno. El amor no puede tener sentido aparte de la justicia (la santidad). Sin la justicia, la gracia no es necesaria. Sin la justicia, la cruz es demencia. El amor no puede tener sentido estando aparte de la santidad. Dios es un Dios de justicia. Si la culpa no importara, el mundo en su totalidad no tendría sentido. El pecado debe justificarse; no debe pasarse por alto (1ª  Corintios 6:11).

 

   La encarnación de Jesús no podía salvarnos. La vida perfecta de Cristo no podía salvarnos. Las enseñanzas perfectas de Jesús, por sí solas, no podían salvarnos. Es imperativa la sangre: «... sin derramamiento de sangre no se hace remisión» (Hebreos 9:22). Es imperativa la muerte: «... para que interviniendo muerte» (Hebreos 9:15—17; vea 2:9; Romanos 5:10; Colosenses 1:22).

 

   No fue el amor lo que clavó a Jesús en la cruz; fue la justicia. Dios es justo. También es el justificador. Dios es recto. Dios proveyó por gracia lo que el hombre no podía alcanzar por obras. Esta es la razón por la que Jesús clamó diciendo: «Consumado es», cuando murió en la cruz. «Pagó una deuda que no debía; yo debía una deuda que no podía pagar». (9) Jesús podía salvarse a sí mismo, o podía salvarnos a nosotros. Se entregó a sí mismo, para salvarnos a nosotros. El Juez del hombre llegó a ser el Salvador del hombre (Juan 5:22— 27).

 

   Por lo tanto, la salvación comienza y termina con la justificación. Hemos sido justificados. La expresión «Como si nunca hubiera pecado» suena mejor de lo que en realidad es. Nosotros hemos pecado. La justicia de Dios es tan contraria a nosotros, ¡que incluso toma a los cristianos por sorpresa! ¡Aun así, Dios no puede salvarnos, sino hasta que se lo permitimos! Nuestra única motivación es la cruz de Cristo. La justicia es el centro de la fe cristiana.

 

«Sustitución»

La cruz que estaba en medio de las otras dos cruces, en el Calvario, ¡no era para Jesús; era para mí! Él fue crucificado en lugar de otros, representando a otros, sustituyendo a otros! El fundamento de la expiación es la sustitución. Cristo recibió una muerte que nosotros debemos morir; nosotros recibimos una vida que Él debe vivir. Sin sustitución, la cruz es solamente un relato acerca de un hombre valiente que murió en una cruz. En vista de que nosotros no podemos salvarnos a nosotros mismos, alguien más debe hacerlo. ¿Qué aporté yo a mi salvación? ¡Mi pecado! Jesús es el sustituto perfecto en todo lo que se esperaba que nosotros fuéramos. El Hijo de Dios se convirtió en el Hijo del Hombre, para que los hijos de los hombres pudieran llegar a ser hijos de Dios. La sangre de Cristo fue primero dada por nosotros, y luego dada a nosotros.

(9) Autor desconocido, “He Paid a Debt” («Él pagó una deuda»), Songs of Faith and Praise (Ccínticos defe y alabanza), comp. y ed. Alton H. Howard (West Monroe, La.: Howard Publishing Co., 1994).

 

 

   ¿Puede una persona beneficiarse del sufrimiento y el sacrificio de otra? ¡Por supuesto! La vida misma está llena del concepto de la sustitución. Es lógica, es legal, es conveniente. El sistema sacrificial del Antiguo Testamento, enseña esta profunda verdad. El «chivo expiatorio» es el ejemplo viable. El glorioso capítulo 53 de Isaías, revela la profundidad de la sustitución. La Biblia afirma la sustitución. Jesús fue hecho pecado. ¡Nunca hubo más injusticia y justicia que en la cruz! No puede haber salvación del pecado sin un Salvador viviente. ¿Cómo pueden los injustos ser justos? ¡Analícelo! Nuestra justicia es una «justicia declarada» (vea Romanos 3:25—26; Filipenses 3:9; Santiago 2:23). Nadie puede declararse justo (Romanos 3:9—10, 20). La auto-justificación es imposible. Es Dios el que justifica (Romanos 8:33), y Él lo hace gratuitamente (Romanos 3:24). Este es un regalo. Un regalo debe tener tanto un dador como un receptor. Un regalo no es un regalo, mientras no sea recibido. Además, un regalo no es un regalo mientras no sea usado. Tenemos un problema de pecado. Jesús como nuestro sustituto, es la única solución.

 

   Dios no puede pasar por alto el pecado, ni obviarlo. Él asumió el pecado y se sentenció a sí mismo por él. La santidad de Dios fue honrada. Nuestro pecado ha sido castigado, y nosotros hemos sido redimidos. Dios declara justos a los pecadores. Esta es una declaración legal (apegada a la ley). Es «justificación justificada».

 

   Dios no está haciendo buena a la gente mala, ni santa a la gente malvada. Los cristianos son fieles; no son perfectos. Somos tentados y somos pecaminosos; estamos destituidos (Romanos 3:9—12). Los cristianos siguen viviendo sobre la tierra, en el tiempo y en la carne. Pablo dijo que nada bueno mora en la carne (Romanos 7:18). Los cristianos están en guerra... con Satanás, con el pecado y con el ego. No obstante, los cristianos que andan en luz, están siendo constantemente purificados (l Juan 1:7). Dios declara a los cristianos legalmente justos, libres de cualquier deuda con la ley quebrantada, porque Él mismo, en Su Hijo, llevó el castigo. Somos bautizados en Cristo, y somos revestidos de Cristo en este acto (Romanos 6:3—4; Gálatas 3:26—27). El ser «declarados justos» cambia no solamente nuestro estatus, sino también nuestro carácter y nuestra conducta.

 

   No puede haber justificación sin expiación. La fe recibe lo que la gracia ofrece gratuitamente. La cruz es el misterio insondable de Dios, un amor más grande que el que nuestras mentes pueden abarcar. Dios no es, en realidad, Alguien a quien podemos entender, sino Alguien en quien podernos confiar.

 

   Los críticos del cristianismo aborrecen la sustitución. La sustitución magnifica el sacrificio. La totalidad del concepto de la religión bíblica se basa en el sacrificio. Desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios ordenó el sacrificio. Jesús no es solamente un buen maestro, o un benefactor, o simplemente una persona; Él es nuestro sacrificio. Dios es el reconciliador y también el reconciliado. Jesús es el sustituto de la humanidad. Jesús no ofreció un animal; se ofreció a sí mismo. Hebreos revela a Jesús como el sacerdote y el sacrificio incomparables. Esto es lo que leemos: (<Cristo nos salva como sacerdote, al ofrecerse a sí mismo como sacrificio por nuestros pecados». (11) En el Antiguo Testamento, Dios tuvo que ver la sangre para salvar a la familia cuando Israel salía de Egipto (Éxodo 12:13). Todo el que ha sido rescatado por Dios ha sido, por lo tanto, comprado para Dios. Nuestros cuerpos pertenecen tres veces a Dios: por creación, por redención y por la morada del Espíritu Santo (1ª  Corintios 6:19—20). El centro de Isaías 53 es sacrificio. Jesús es el Cordero inmolado desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8).

 

11 Charles Hodge, Systematic Theology (Teología sistemdtica), vol. 2 (New York: Scribner, Armstrong, and Co., 1876), 555.

 

«Adopción»

No hay nada más emocionante en la labor de un ministro, que ser testigo del momento en que padres colaboradores adoptan un niño. En el cierre del acto, todos nos decimos: «Este niño no sabe lo bendecido que es». Este es un aspecto olvidado del cristianismo. Rara vez hablamos de nuestra adopción. ¿Por qué? En ella participa el Espíritu Santo. ¿Estamos más asustados del Espíritu Santo que de Satanás? Nosotros nacemos de nuevo del agua y del Espíritu (Juan 3:3—7). Al ser guiados por el Espíritu, nosotros nos hacemos hijos de Dios. Él es el Espíritu de adopción. Él da testimonio a nuestro espíritu (Romanos 8:14—18). Esto nos hace «coherederos con Cristo». Dios desea hijos, no esclavos. Los cristianos son hijos, no simplemente esclavos libertados. Dios, que se mantenía a distancia en el Antiguo Testamento, es ahora «¡Abba, Padre!». ¡Esto escapa a nuestra comprensión! La redención hace posible la adopción. El Espíritu Santo dama, diciendo: «¡Abba, Padre!» en nuestros corazones (Gálatas 4:4—7). Jesús vive en nuestros corazones por el Espíritu Santo.

¡Sublime gracia! Por gracia Dios nos predestinó para adopción por Jesús. Somos aceptados por Dios en el Amado. La redención es por Su sangre. Al obedecer el evangelio de salvación, fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa (Efesios 1:3—14). Esta es una «joya cumbre» de las Escrituras. He aquí la base de nuestra fe. Juan reveló el gran amor de Dios: que nosotros los pecadores perdonados podíamos ser llamados los hijos de Dios. ¡Ahora somos hijos! (1ª  Juan 3:1—2). ¡Qué pensamiento más profundo! ¡Qué gran privilegio! En esto vemos el concepto romano de libertad y luego el de hijo. ¡Libre! ¡Restaurado! ¡Adoptado! El apelar a Cristo equivale a apelar al sobreseimiento. ¡El Calvario es la increíble revelación de un Dios que perdona! Somos incapaces de ganar la batalla solos. Dios hace lo que nosotros no podemos hacer, para que podamos ser lo que no nos atrevemos a pensar.

 

La cruz... ¡No hay otro camino!

 

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

  1. Comente algunas de las profecías antiguo- testamentarias que fueron cumplidas por la vida y la muerte de Jesús. ¿Cuáles tienen el más grande impacto en su fe en Él como el Mesías?
  2. ¿Cómo se cumplieron las diferentes frases de Isaías 53 en Cristo?
  3. Estudie las definiciones que da el diccionario, de las palabras «expiación» y «justificación». ¿Qué dicen estas palabras acerca de lo que Cristo ha hecho por nosotros?
  4. Considere las imágenes del León y del Cordero. ¿Cómo describe cada una de estas a Jesús?
  5. Explore el concepto de «sustitución». Lea Romanos 5; Efesios 1; Filipenses 3; Hebreos 2:9—17; 7:25; 9.28; 10:10; 12.1—2; 1ª  Pedro 2:24; 1ª  Juan 2:1—2.
  6. Comente la aseveración «Jesús fue hecho pecado, no un pecador». ¿Por qué fue necesario esto para nuestra salvación?

 

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