El Ruego de la Cruz – La  Salvación de la Cruz

 

 

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http://tbn0.google.com/images?q=tbn:FScDeNfSfka-yM:http://www.publicanary.com/cristal/reflexion2%255B1%255D.jpg   «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo». La cruz ruega por nuestro entendimiento. Según los estándares del mundo, la vida de Cristo fue un fracaso. Roma siguió siendo la misma. Jerusalén siguió siendo la misma. Cuando Jesús ascendió, solo dejó 120 discípulos devotos (Hechos 1.11—15). Eran unos desconocidos, que no tenían un centavo en el bolsillo, y que carecían de poder político (Hechos 4.13). No obstante, cuando Pedro y los once• predicaron en Pentecostés, cerca de tres mil se bautizaron. El cristianismo es el resultado de un acto en la historia. El cristianismo no puede ser reducido a una idea, ni a una filosofía, ni a un manifiesto. Es una Persona (Jesucristo). No es solo lo que Dios dijo, sino también lo que Dios hizo.

 

   La «Regla de Oro» es bonita, pero no puede salvar. La salvación exige una cruz. Los pecadores no son salvos por lo que logran personalmente, sino por lo que logró una cruz. La salvación solo procede de la verdad doctrinal, no del crecimiento personal. No hay nada sobre la tierra que sea tan poderoso como la cruz de Cristo. La mente más sencilla puede entender un acto histórico (2a Corintios 5.17—21). La cultura trata de ofrecer a Cristo sin una cruz. El comunismo ofrece una cruz sin Cristo. La primera es religión sin sacrificio; el segundo es sacrificio sin religión. ¡Los dos fracasan! Una vez que uno ha sido llevado a la cruz, no puede seguir siendo el mismo.

 

   La cruz apela a nuestros más profundos sentimientos. La cruz es el signo «positivo» de Dios para todo lo que el mundo considera «negativo». Jesús dijo: «Y yo, si fuere levantado de l tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir» (Juan 12.32—33). La cruz nos provoca indignación; la cruz nos provoca admiración. La cruz nos destroza el corazón. La cruz obliga, impulsa y empuja. Un corazón sin la cruz, es un campo misionero; un corazón con la cruz es un misionero. El evangelismo vive en un corazón centrado en la cruz. La salvación elude a los que creen que pueden salvarse a sí mismos. La cruz no tiene fin. Todos los días hay algo nuevo, diferente y conmovedor. Es inconcebible que los pecadores pudieran gloriarse.

 

   La cruz apela a nuestra dignidad humana. Dios podía haber coaccionado; en lugar de esto, Él invita. En este único sentido, Él está a merced de nosotros. Dios no intimida. Las personas son atraídas por el magneto de la cruz. Entre más se acerca usted, más poderosa es ella. ¡Usted se estremece; usted llora; usted grita! ¡Empatía, compasión, ira y gozo! La cruz solo puede recibirse y predicarse con pasión. La salvación no es una transacción comercial. Caifás el maquinador, Pilato el cobarde y Herodes el desalmado, han sido todos juzgados por la historia. ¿Quién ganó? ¡Jesucristo! Ningún mito puede transformar a una persona. Jesús transforma a las personas. Pablo llamó a esto el «misterio de piedad» (1ª  Timoteo 3.16). Lo más intrigante acerca del cristianismo es la cruz.

 

   La cruz apela a nuestro sentido de obligación moral. Nadie puede permanecer neutral al pie de ella. ¡Nada que hagamos nosotros tiene valor alguno! Lo que Jesús hace es atraer, no forzar, a las personas a Dios (Juan 6.44—47). Nosotros fracasamos en la conversión cuando tratamos de empujar, intimidar o manipular a las personas. En cualquier era que la cruz se encuentre, siempre estará fuera de lugar. Al ser extravagante, fea, difícil de manejar y grotesca1 la cruz nunca ha sido popular, y nunca lo será.

 

Sin embargo, ¡es la más grande historia jamás contada!.

 

Vivir por Jesús una vida verdadera,

Procurando agradarle en todo lo que hago;

Rindiendo lealtad, con libertad y alegría de corazón,

Este es el sendero de la bendición para mí.

 

Vivir por Jesús, quien murió en mi lugar,

Llevando en el Calvario mi pecado y vergüenza;

Tal amor me constriñe a responder a Su llamado,

A seguirlo donde lleve y a darle todo ele mí.

 

Vivir por Jesús, en el poco tiempo de paso por la tierra,

Mi más amado tesoro, la luz de Su sonrisa;

Buscar a los perdidos por quienes murió para redimir,

Llevar a los cansados a hallar reposo en Él.

 

Oh Jesús, Señor y Salvador,

Yo me entrego a Ti,

Pues Tú en Tu expiación,

Te entregaste por mí;

A ningún otro Amo tengo,

Mi corazón será Tu trono;

Ahora mi vida yo te doy, para vivir,

Oh Cristo, para Ti solamente.’

 

 

Las Aseveraciones de a Cruz

Mateo 27; Marcos 15; Lucas 23; Juan 19

 

   «Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34 a).

 

   Nada revela a Dios como la cruz; nada expone al hombre como la cruz. La cruz es horrible y grotesca; solo Dios pudo glorificar una cruz. La crucifixión era caos, irreverencia, clamores, dolor y veneno. Lo que menos se esperaría que de allí saliera, era una profunda filosofía; sin embargo, algunas de las aseveraciones más grandes de toda la historia fueron hechas allí. Los hombres comunes las conocen aun hoy. De las siete aseveraciones que Jesús hizo mientras estuvo en la cruz, las primeras tres se centraron en otros; las últimas cuatro tuvieron que ver con Él mismo. Las aseveraciones fueron breves. Incluso una palabra lo dijo todo: «Tetelestai». («Consumado es»).

 

Aseveraciones Hechas por Jesús

1)   Perdón. «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34). Esta fue una oración, no una declaración. La primera y la última de las aseveraciones de Jesús, fueron oraciones elevadas a Su Padre. En nuestra cultura, el perdón está de moda; sin embargo, la idea popular en el sentido de que Dios sencillamente «nos sacará de problemas», es ridícula. El perdón bíblico no puede darse sin un arrepentimiento que lleve a una reconciliación. A diferencia de lo que algunos enseñan hoy, Jesús no gritó, diciendo: «Los perdono». Era raro que un crucificado orara. Orar por los verdugos era algo inconcebible. No obstante, esto fue lo que Jesús hizo. Al morir en la cruz, Jesús tuvo que activar Su propio corazón puro. Él. estaba orando por perdón para los que estaban cometiendo el crimen de matar al Hijo de Dios. ¡Cuánta ignominia la de estos! Algunos eruditos creen que Jesús repitió esta aseveración durante todas las horas que sufrió en la cruz. ¡Medite en esto! La cruz es perdón.

2)   Salvación. «... De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43). Las primeras dos aseveraciones fueron para la multitud en general y el ladrón en particular. ¡El ladrón arrepentido iba a estar con Jesús! ¿Estaba este ladrón más perdido que nosotros? ¡Pecadores empapados de delitos son salvos por un Salvador empapado de sangre! Jesús tenía potestad en la tierra para perdonar pecados (Mateo 9:6; Marcos 2:10; Lucas 5:23—24). Isaías dijo que Jesús sería contado con los transgresores. Este fue crucificado entre dos ladrones. Parece que para Dios es más fácil convertir a los «injustos» que a «los que confían en sí mismos como justos.

3)   Responsabilidad. «Mujer, he ahí tu hijo» (Juan 19:26— 27). La «mujer» era María la madre de Jesús. El «hijo» era Juan. Jesús acababa de llamar a Dios «Padre». Llamar a María «Madre» podría haberse malinterpretado como una beatificación. Trágicamente, algunas religiones hacen esto.

 

   ¿Puede usted tener idea de cómo era vivir en casa con Jesús? Es más fácil tener idea de Su divinidad que de Su humanidad. Una joven judía fue llamada por Dios para dar a luz y criar a Su Hijo (Lucas 1:26—33). Humanamente hablando, podríamos pensar que Jesús debió de haber sido un estudiante de que sacaba «diez corrido», un atleta estrella, el joven a quien se elegía como el que más probablemente triunfaría». María se preguntaba: «¿Quién, pues, será este niño?» (vea Lucas 1:66)

 

   De todas las personas, ¿quién es la que estará con uno, suceda lo que suceda? ¡La madre de uno! Hombres como Pedro niegan, y las ovejas se dispersan; pero no así una madre; ¡ella siempre estará allí! Jesús no podía abandonar Su cruz, pero sí podía proveer para Su madre. Solo una madre puede tener idea remota de lo que María sintió. ¿Estaban allí los hermanos de Jesús? ¿Estaban Sus hermanas? Nadie lo sabe, pero una madre siempre está allí. Simeón, el profeta, había dicho lacónicamente: “… y una espada traspasará tu misma alma” (Lucas 2:35). María pagó un precio por criar a Jesús. El discipulado cuesta.

 

   ¿Qué lección aprendemos aquí? Ser familiar de Jesús no cuenta, Dios no se parcializa (Hechos 10:34). ¡María, los hermanos de Jesús y Sus hermanas, tuvieron que obedecer el evangelio igual que los demás! Estos estuvieron presentes en la sesión de oración que se llevó cabo antes de Pentecostés (Hechos 1:13—14). José, el padre adoptivo, simplemente desapareció de los evangelios. María también desapareció de las epístolas. Dos de los hijos de ella, Santiago y Judas, escribieron libros de la Biblia.

 

   Jesús vio a Su madre. En medida alguna entendía ella la cruz. Él olvidó Su propio dolor para preocuparse por Su madre, al decir: «Juan, cuida de ella». Esto no había de ser permanente. Era necesario ese día. ¡Santiago y Judas cuidaron de su madre!

 

4)   Patetismo. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:46). Las primeras tres aseveraciones que hizo Jesús en la cruz, tuvieron que ver con otros. Las últimas cuatro tuvieron que ver con Jesús y con el Padre.

 

   Dios fue misericordioso. Ese momento en la cruz fue el único en toda la eternidad, en que Dios y Jesús estuvieron separados. No es de extrañar que Jesús estaba angustiado, aun hasta la muerte (Mateo 26:38—39).

 

   En mis primeros años como predicador, yo animaba a los cónyuges desconsolados, diciéndoles: «Allí donde está, le va mejor». ¡He dejado de decir esto! La pérdida de un cónyuge que se ha tenido toda una vida, ¡es la más grande de las pérdidas! Cuando uno muere, ambos mueren en cierto sentido.

 

   No fue a Jesús quien Dios desamparó; ¡fue el pecado que lo Él desamparó! Los pecadores que abandonan a Dios, son abandonados por Dios. Jesús llamó dos veces a Dios. Pero Dios estaba siendo Dios. Hay un gran misterio en la cruz. La aseveración de Jesús es una cita de Salmos 22:1.

 

   Como es usual, el hombre no alcanzó a entender. ¡La gente creyó que Jesús estaba llamando a Elías!. Fueron crueles, al hacer juego de todo el asunto. Jesús no temió los clavos o la muerte, pero sí le hacía estremecerse la soledad de ser hecho pecado. ¡Qué horroroso! Jesús fue hecho todo lo que Dios aborrece, ¡y tuvo que sufrirlo todo Él solo! Jesús jamás se defendió a sí mismo. Esta es la profundidad de Su muerte sustitutiva. Si Jesús se hubiera salvado a sí mismo, no nos hubiera podido salvar a nosotros. Si había de salvarnos, no podía salvarse a sí mismo. No podía hacer ambas cosas.

 

5)   Sed. «Tengo sed» (Juan 19:28). Esta es otra Escritura que se cumplió (Salmos 69:21). En este momento, Jesús habló cuatro veces en rápida sucesión. Me llama la atención que no todas las aseveraciones hechas por Jesús en la cruz, fueron consignadas en todos los evangelios. Simplemente, un autor reveló lo que los demás no revelaron.

 

   Jesús mantuvo en alerta todos sus sentidos en la cruz. Al principio rehusó beber algo para mantener Sus sentidos. Luego sí bebió para mantener Sus sentidos. Tenía completo dominio cuando estaba en la cruz. De todos los dolores e incomodidades que Él experimentó sobre la cruz, este es el único que Él mencionó. Esta fue la única aseveración relacionada con necesidades físicas que Él hizo en la cruz. Fue el único favor personal que solicitó. Esta breve aseveración está poderosamente cargada de significado. Las últimas aseveraciones de un hombre que agoniza, nos persiguen. Así debe ser. No es sino cuando hubo cumplido Su tarea (Juan 19:28) que Jesús pide este favor personal.

 

6)   Victoria. «Consumado es» (Juan 19:30). Jesús dijo esto para que pudiéramos saber cuán poco sabemos.

 

   ¡Solamente Jesús, con una sola palabra (tetelestai), pudo resumir la totalidad del plan de redención! El cielo debe ser eterno. ¡Va a tomarnos toda la eternidad poder entender nuestra salvación! Él es la única persona que hizo en su totalidad lo que Dios deseaba que se hiciera. ¡Cantó victoria antes que esta se hubiera realizado completamente! ¡ Tetelestai! («Consumado es»: dos palabras en nuestro idioma, pero una en el griego.) Esta la palabra más grande que alguna vez se dijo. Jesús vino a hacer la voluntad de Dios, ¡y la hizo! El hombre, perdido en el pecado, tiene ahora un Salvador. ¡Aleluya!

 

7)   Fe. «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23:46). Cuando Jesús murió, Él no tenía duda alguna; ¡murió lleno de una gozosa fe! Sí, en cierto sentido el hombre mató a Jesús; sin embargo, en otro sentido, el hombre no lo mató. Jesús eligió cuándo moriría y cuándo resucitaría: «Nadie me la quita [mi vida], sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar» (Juan 10:18). Jesús dijo a Pilato que él tenía poder tan solo porque Dios se lo concedía (Juan 19:10—11). El espíritu de Jesús no fue arrebatado de Él; Él lo entregó voluntariamente al Padre. ¡Qué forma la de vivir de Jesús! ¡Qué forma la de morir la de Jesús! Esto también fue cumplimiento de la Escritura (Salmos 31:5). Jesús, 1a Palabra, respetaba «la Palabra». ¡Debemos aprender esto!

 

   ¡Jesús alzó la voz para clamar triunfante! Hay tiempo de gritar, de clamar a gran voz. ¡Jamás prediquemos la cruz sin fervor!

 

 

http://tbn0.google.com/images?q=tbn:mWGVr6EYxHdooM:http://www.editoriallapaz.org/Cojo%2520Puerta%2520Hermosa.jpgAseveraciones Hechas por Otros

1)   «Desciende». «... si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz» (Mateo 27:39—40). No lo habían terminado de poner en la cruz, cuando los atormentadores de Jesús deseaban que Él descendiera: «... descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos» (Marcos 15:32). Creer no era todo lo que hubieran hecho. Si Jesús hubiera descendido de la cruz, ¡lo hubieran puesto nuevamente en ella! La gente que tiene exigencias no puede creer, ni creerá. Los pecadores obstinados no pueden creer. Nadie podía negar que Lázaro había sido resucitado (Juan 11). Esta resurrección precipitó la muerte de Cristo. Los enemigos no negaron el milagro de Pedro (Hechos 4:13—1 7). ¡Los milagros no constituyen el poder para la fe!

 

   Todos nosotros nos encontramos junto a la cruz. ¡Qué grupo más variopinto vemos allí: los enemigos, los curiosos, los ignorantes, los espectadores, los discípulos asustados y los seres queridos! Jesús era el único que estaba al mando.

2)   Transformación. «Acuérdate de mí» (Lucas 23:42). Un ladrón no se arrepintió. La cruz hace mejores, o peores, a los hombres. La vida egoísta de un ladrón, llegó su fin con la muerte egoísta de él. El otro ladrón sí se arrepintió. El ladrón arrepentido era el único hombre sobre la tierra que algo entendía de lo que estaba sucediendo. Se daba cuenta de que había vivido una vida de maldad. El evangelio debe ser «malas nuevas» para que pueda llegar a ser «buenas nuevas».

3)   Magia. «Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros» (Lucas 23:39). «Maravíllanos con un truco». Jesús no es un mago. ¡En cierta forma nadie carece de sentido de lo sensacional tanto como Dios! Los hombres anhelan lo sensacional. Aun cuando estaban junto a la cruz, no se conformaron con sencillamente permanecer debajo de ella. Trataron de hacer algo. Todo lo que dijeron e hicieron, fracasó. Trágicamente los hermanos promocionan hoy lo sensacional. Desean santa excitación. Oyen con sus ojos y piensan con sus sentimientos. Es fácil ser tolerante; es difícil poner en práctica el amor. El ladrón no arrepentido era culpable de muchos delitos, incluso de blasfemia (Lucas 23.39). Fue insolente. ¿Cómo podía hacer exigencias un ladrón que estaba muriendo?

 

   Es trágico cuando la iglesia no puede transformar al mundo. Es desesperanzador cuando la iglesia se vuelve mundana.

El hombre preferiría morir antes que pensar. Él es el peor enemigo de sí mismo. ¿Qué tal si Jesús se hubiera salvado a sí mismo? Esto habría hundido al hombre. Jesús no podía salvarse a sí mismo y a la vez salvarnos a nosotros.

4)   Simples. «Veamos si viene Elías a librarle» (Mateo 27:47—49; vea Marcos 15:36). Los simples son peligrosos. Después que Jesús clamó a gran voz a Dios, los mirones hicieron lo que los mirones hacen: ¡confundieron todo el asunto! Al oír un clamor salido del corazón de Jesús, el hombre supersticioso confundió a Dios con Elías. Los mirones (buscadores de diversión) ven todo y a pesar de ello se pierden todo. Ven todo lo que sucede y no entienden nada. ¡Todo lo que los mirones ofrecieron a Jesús, fue vinagre! ¡Qué gran farsa!

5)   Apostadores. «No la partamos, sino echemos suertes sobre ella» (Juan 19:24). Jesús estaba muriendo por nuestros pecados; los hombres estaban apostando por Sus vestiduras. No hagamos apuesta con la cruz. La tragedia de la vida no es solo lo que los hombres sufren, ¡sino también lo que se pierden! Todos vendemos nuestras vidas a cambio de algo. Un hombre puede ganar todo el mundo y perder su alma (Mateo 16:24—26). ¡Los hombres estaban apostando mientras Dios los estaba salvando! Los hombres estaban más interesados en el valor de una túnica, que en la vida de un hombre. Las cosas eran más importantes que las personas. ¿Acaso somos diferentes? ¿Acaso somos mejores? Conocemos el precio de todo y el valor de nada. Jesús volvió al cielo; ¿qué sucedió con la túnica?

6)   Demasiado poco, demasiado tarde. José de Arimatea y Nicodemo tuvieron la audacia de pedir el cuerpo de Cristo (Juan 19:38—40; Lucas 23:50—53). Los apreciamos, pues ellos sepultaron a Jesús. No obstante, Jesús jamás pidió tal cosa a ellos. Muchas personas piensan de la manera que pensaron estos. José y Nicodemo creyeron que ellos eran recursos. Dios no necesita recursos; Él solo desea siervos. Demasiadas personas solo desean servir a Dios en calidad de asesores. ¡Dos hombres que podían haber hecho mucho, hicieron tan poco! Ellos solo pidieron el cuerpo muerto de un hombre que ellos habían rechazado cuando estaba vivo. Jesús pide nuestras vidas; ¡nosotros solo estamos dispuestos a perfumar su cuerpo! Para la acción de ellos fue necesario armarse de valor, pero se necesita verdadera valentía para confesar a Jesús, hacer de Jesús lo que Él es: Señor.

7)   Momento de sacar conclusiones. «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (Marcos 15:39). Este era sencillamente otro sangriento día para este manido centurión, pero tal vez se enorgullecía de su trabajo y lo hacía bien. Él observaba cada movimiento; oía toda palabra. Pero Jesús era diferente. Esta cruz era diferente. Sin saberlo, este hombre honesto se inmortalizó. ¡Lo que el mundo, las multitudes y los enemigos se perdieron, este hombre lo captó! Esta es la única conclusión. ¡Jesús es el Hijo de Dios, o no lo es! ¡El centurión tomó su decisión; nosotros debemos tomar la nuestra!

 

La cruz... ¡No hay otro camino!

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

  1. ¿Cómo apela Jesús a nuestras emociones?
  2. ¿Cómo apela la cruz a nuestra dignidad humana y a nuestra obligación moral?
  3. Enumere las aseveraciones que Jesús hizo desde la cruz. ¿Qué podemos aprender de cada una?
  4. Considere las aseveraciones hechas por los que miraban la crucifixión. ¿Qué comentarios hubiera hecho usted?
  5. ¿Por qué creyeron los que escuchaban que Jesús llamaba a Elías? ¿Qué esperaban que ocurriera?
  6. ¿Qué impacto tuvo la crucifixión en los diferentes mirones?

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