Getsemaní – Los Juicios

 

 

http://tbn0.google.com/images?q=tbn:3ZbaM-hNPTfT3M:http://cjbsfoto.files.wordpress.com/2007/03/getsemani-2.jpgGetsemaní

   «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro de Señor Jesucristo». ¡Getsemaní! ¡Momento conmovedor, preciado, profundo e inestimable!

 

   «Cetsemaní» significa sencillamente «prensa de aceite». Este huerto al cual se llegaba desde Jerusalén, pasando al otro lado del torrente en el Monte de las Olivos, era el «aposento de oración» que Jesús usaba cuando estaba en esta ciudad (Juan 18.1—2). Judas conocía dónde podía encontrar a Jesús con el fin de traicionarlo. ¡Tenía conocimiento de que Jesús estaría orando, pero no tenía conocimiento de Jesús!

 

   Conocemos acerca de Jesús, pero ¿lo conocemos realmente a El? ¿Cómo pudo ser que Judas no conociera a Jesús? ¿Cómo puede ser que nosotros no conozcamos a Jesús? Entre los discípulos, Jesús tenía un Judas. ¿Es posible que en todos nosotros haya un «judas» que está allí agazapado? Debemos leer Mateo 26, Marcos 14, Lucas 22 y Juan 18 con mayor detenimiento. Jesús dijo que hubiera sido mejor si Judas no hubiera nacido (Mateo 26.24).

 

¡Hora de orar!

   Jesús estaba completamente consciente de que Su «hora» había llegado. La palabra de Su boca que más se destacaba a esta hora, era la palabra «copa». El peso de todos los pecados gravitaba ahora sobre Sus espaldas. Ya había instituido la Cena del Señor. Había profetizado la inminente traición de que sería objeto. ¡Cuán decepcionado, herido y rechazado se sentía! Judas lo traicionaría; Pedro lo negaría. Solamente uno de los doce (Juan) iba a llegar a estar junto a la cruz. Israel lo iba a rechazar para favorecer a un criminal corriente (Barrabás). ¡Jerusalén se iba a dar gusto crucificándolo! Para empeorar las cosas, Sus discípulos estaban enfrascados en un debate sobre cuál de ellos sería el mayor. Si bien Pedro había sido el primero que le juró lealtad, los demás discípulos también lo hicieron, pero todos le fallaron. Jesús le dijo a Pedro que él lo negaría tres veces antes que un gallo cantara esa noche.

 

¡Era hora de orar!

   El ministerio de Cristo que mayor predominio tuvo, fue el de la oración. Siempre oró antes, durante y después de grandes eventos. Si Jesús tuvo necesidad de la oración con mucha mayor razón nosotros. Se puso de rodillas y luego cayó con el rostro en tierra. No hay contradicción aquí. Invitó a Pedro, a Jacobo y a Juan a velar con Él; pero ellos durmieron.

 

   La oración no es garantía de que Dios concederá todos los deseos. La oración es gobernada por la voluntad de Dios.  Jesús recordó al Padre que ¡El es el Dios de lo imposible! Cuando estaba bajo gran presión, el «sudor llegó a ser como grandes gotas de sangre» (Lucas 22.44). ¿Ha orado usted alguna vez de la misma manera? El oró de este modo, y lo hizo no solamente una, ¡sino tres veces! Oró diciendo: « . . . pase de mí esta copa». Los críticos de El, no se equivocaron, cuando dijeron: «A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar» (Mateo 27.42; Marcos 15.31; vea Lucas 23.35). ¡Dios respondió la oración de Jesús! ¡No salvó a Jesús, pero nos salvó a nosotros! No era posible que Jesús se salvara y a la vez fuera nuestro Salvador. Jesús oró lleno de angustia en Su mente y de tristeza en Su corazón. A pesar de esto, Dios le respondió negativamente. ¡No quedaba anís alternativa que la cruz!

 

¡Era hora de tomar una decisión!

   La batalla de todos los tiempos y de la eternidad, se peleó en Getsemaní... en momentos de oración. Las decisiones eternas solo pueden tomarse acompañadas de oración. Nada puede resolverse mientras la oración no lo resuelva. Dios (Padre) respondió negativamente tres veces; Dios Hijo respondió afirmativamente una vez. Jesús aceptó la sentencia y castigo divinos que el pecado merece. Fue necesario un forcejeo emocional para someter Su corazón al sacrificio exigido por Dios. El «Consumado es» se dijo en la cruz, pero ya se había decidido en Getsemaní. Fue en Getsemaní donde Jesús entregó Su alma, y fue en el Gólgota donde Él entregó Su cuerpo.

 

¡Era hora de sufrir dolor!

   Las Escrituras se refieren al sufrimiento en Getsemaní más que al sufrimiento en la cruz. Fue por el gozo que Jesús sufrió la cruz (Hebreos 12.1—2). Dios aborrece el pecado; Jesús fue hecho lo que Dios aborrece. Dios, por ser santo, .no puede tener contacto con el pecado. Al haber sido hecho pecado, Jesús no pudo tener contacto con Dios. Este fue el único momento en toda la eternidad cuando Dios Padre desamparó a Dios Hijo (Mateo 27.46). ¡Esta fue la «copa» que no se pudo pasar!

 

   Este Hijo desamparado por Dios, es el elemento central de la fe cristiana. No minimice el dolor físico sufrido en la cruz. ¡Fue espantoso! No obstante, los autores de los evangelios pusieron poco o casi ningún énfasis sobre el dolor físico. No fue en [a cruz donde él «sudó sangre»; fue en Getsemaní (Lucas 22.44). Fue a Getsemaní donde Dios envió un ángel (Lucas 22.43); en cambio, al Calvario, no fue enviado ninguno. Y fueron dos [os que se enviaron a María, junto al sepulcro vacío (Juan 20.11—12).

 

¡Era hora de la traición!

   En esta parte se insinúa un sutil matiz cómico. Fueron cientos [os que vinieron armados hasta los dientes para arrestar a un predicador desarmado. Jesús se puso al descubierto, diciendo: «Heme aquí». ¡La turba cayó de espaldas al suelo! La batalla se había ganado en Getsemaní, antes que la turba llegara. Tome la decisión antes de la prueba.

¡Era una larga, dificultosa y fría noche!

 

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Los Juicios

 

Mateo 26.57—68; 27.1—2, 11—25; Marcos 14.53—65; 15.1-15; Lucas 22,63—23.25; Juan I8.2-I9.16.

 

«Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban» (Marcos 14.56).

 

   ¡Los juicios fueron injustos de principio a fin! ¡Jesús fue tratado de forma tan grosera, que Satanás debe de haberse sonrojado!  ¡Ni siquiera Satanás puede poner límite al pecado! Este debe de haber sido el momento más vil de toda la historia de la humanidad. Judas cometió traición, Pedro negó su relación con Él, diez apóstoles huyeron, cuatro gobernantes títeres (Anás, Caifás, Pilato y Herodes) juzgaron al «Juez»,  y el sumamente respetable Sanedrín se convirtió en una turba dispuesta a linchar a un inocente. La ciudad más santa (Jerusalén) y la más respetuosa de la ley (Roma) se unieron para realizar un proceso que fue la farsa más grande de la historia del derecho judicial.

 

   El único que estaba al mando de todo el asunto, era Jesús (Juan 10.17—18; 19.10—11). Era él quien había afirmado Su rostro para ir a Jerusalén (Lucas 9.51). Era Su «hora» la que había llegado (Juan 17). Jesús obligó a Sus enemigos a emprender acciones. Fue él quien provocó y facilitó Su propio arresto. ¿Por qué no cuesta tanto ver esto?

 

   Hemos reducido nuestra percepción de Cristo, a la de un tierno, agradable y lindo bebé Jesús. El es Hombre entre hombres, no un debilucho glorificado. Él aceptó el reto de Satanás, del judaísmo y del mundo entero, y ganó  ¡Jamás huyó de nadie!

 

   El judaísmo (Jerusalén) estaba en bancarrota moral y espiritual. Cuando más vilmente se condujo el hombre, más sublime fue el comportamiento de Dios. Este es el momento glorioso de la gracia. Jesús no entró a hurtadillas en la ciudad, ni se escondió en algún aposento. El purificó el templo (Marcos 11.15—18). Los judíos estaban tan corrompidos moralmente, que estaban usando el templo como atajo para entrar en Jerusalén. Jesús, sin ayuda de nadie, acabó con este irrespeto (Marcos 11.16). ¡Qué gran valentía! ¡Qué gran fortaleza! Cuando estaba en Jerusalén, enseñó «parábolas de juicio». No se puede ser neutral con Jesús: ¡Uno tiene que recibirlo o matarlo! ¡Sus enemigos jamás dijeron: «Repréndanlo»; sino: «Mátenlo»!

 

   ¡Los dirigentes religiosos estaban sumamente desconcertados por Jesús! Sus milagros no podían desecharse Fácilmente. Jerusalén siempre fue hostil a la verdad acerca de Jesús y jamás hizo caso de ella. Los dirigentes religiosos no tenían control de El ni de Su ministerio. Además, ni los judíos ni Pilato deseaban un alboroto durante la Pascua. Si el propósito de los judíos hubiera sido matar a Jesús durante la fiesta, ellos habrían hecho planes y no habrían esperado hasta el jueves en la noche para realizarlos. Aquí fue donde Judas entró en escena. Al haber estado con Jesús y escuchado las enseñanzas de Este, en Jerusalén, él lo oyó anunciar Su muerte. En cierto sentido, esto podía ser buenas nuevas para Sus enemigos, pero la incertidumbre que se creaba por la fiesta, los llenó de pánico. No temían a los pescadores, ni a otros de Sus discípulos, pero con Jesús era otra cosa. Habían dejado de negar que Sus milagros eran reales. Los fariseos decían: «Mirad, el mundo se va tras él» (Juan l2.l9b). Es cierto que la resurrección de

Lázaro exigía la muerte de Cristo (Juan 11). ¡Para los pecadores debían ser motivo de terror una realidad y unos milagros tan innegables! Dios dio al pueblo de Jerusalén todas las oportunidades posibles para arrepentirse. Pero no las aprovecharon. Los dirigentes religiosos perdieron no solamente sus puestos religiosos, sino también su fuente de ingresos monetarios (Juan 11.47—48). No es de extrañar que Caifás anunciara que Jesús debía morir (Juan 11 .49—53). Puede que usted diga: «Pero debe entenderse que los judíos esperara n un Mesías». La respuesta es sí y no. Hablaban de ello; explotaban la idea... pero lo último que deseaban los dirigentes religiosos era la venida del Mesías. Ellos sabían que Él los llevaría a la bancarrota. Es detestable lo que el orgullo puede hacer; cuando está acompañado del poder Los hombres llenos de orgullo, no pueden renunciar al poder. Lo único que pueden hacer es rechazar la verdad, pelear contra ella y tratar de destruirla. Los judíos, fuera de sí, tildaron a Jesús de «hereje». Pilato y Herodes (Roma) lo declararon «inocente» (Lucas 23.12-16).

 

Entre las irregularidades más obvias de los juicios de Jesús, se encuentran las siguientes:

·         La decisión fue tomada antes que el juicio comenzara.

·         Los funcionarios no estaban autorizados para hacer un arresto de noche, a menos que alguien fuera sorprendido en e] acto de cometer un delito. Los jueces no debían formar parte de un arresto.

·         Los delitos capitales no debían juzgarse de noche. Un delincuente no podía ser absuelto en un día; además, un veredicto de culpabilidad exigía una noche para pensar en ello.

·         La crucifixión era un método de ejecución desconocido para la ley judía.

·         Los jueces habían de ser defensores así como acusadores.

·         Las pruebas basadas en rumores eran inadmisibles bajo la ley hebrea.

·         Las pruebas circunstanciales estaban desacreditadas; la ley hebrea se basaba en dos o tres testigos. En el caso de Jesús se buscaron testigos falsos que declararan en contra de Este (Mateo 26.59—61).

·         El menor de los miembros del sanedrín era quien debía votar primero.

·         Debía asignarse un miembro del sanedrín para defender al acusado.

·         El sanedrín no estaba autorizado para formular cargos... sino solamente para juzgarlos.

·         Las sesiones de tribunal estaban prohibidas para los días de fiesta y para la víspera del día de re poso.

·         No se podía obligar al acusado a testificar en contra de sí mismo.

·         Al procesar delitos capitales, el sanedrín solo podía reunirse en el Salón de las Piedras Talladas.

·         Un sumo sacerdote no debía rasgar sus vestiduras.

 

Lo peor fue hecho por aquellos que supuestamente eran los mejores. ¡Es aterrador imaginarse cuán monstruosos pueden ser los hombres que están en pecado!

 

 

Los juicios Judíos

 

    Sino hubiera sido tan despreciable, el arresto de Jesús habría sido cómico. Los enemigos de Jesús creían en el poder de Este más que los discípulos. ¡Enviaron una banda de linchadores (las estimaciones oscilan entre los 600 y los 2.000 hombres) para arrestar a un predicador desarmado! Jesús, que estaba expuesto a la vista, tuvo que ayudarles.

 

   Primero fue llevado a Anás. Este sumo sacerdote había sido constituido de modo vitalicio en ese puesto, pero su corrupción lo había hecho caer a él y a sus hijos. Sin embargo todavía ostentaba el poder. Los poderosos no tienen necesidad de título. A Jesús lo hicieron rebotar como una pelota, de un juez a otro.

 

   Anás lo envió a Caifás. Esto demuestra que no era por razones religiosas que Jesús estaba siendo juzgado, sino que era un proceso que buscaba favorecer a una política corrupta. Caifás, el yerno de Anás, era el sumo sacerdote ese año.  ¡Causa gracia el hecho de que los enemigos de Jesús ni siquiera pudieron encontrar testigos falsos pagados que coincidieran! Anás era poderoso, temido y aborrecido. Caifás no era más que un mandadero. Sea usted investigador y lea Mateo 27.1—2, 11; Marcos 15.1—2; Lucas 23.1—3; Juan 18.29—33.

 

   Estos hombres coincidieron unánimemente en la única pregunta que Pilato hizo a Jesús: «¿Eres tú el Rey de los judíos?». Si todavía no se habían levantado cargos, ¿cómo sabía Pilato qué debía preguntar? Esto insinúa que alguien lo había contactado anteriormente aquella noche. ¿Quién podía haber logrado ver al gobernador aquella noche? Es probable que el sumo sacerdote Caifás, pudiera haber sido el único. Otra pregunta, ¿cómo se podía haber explicado el sueño atormentador que tuvo la mujer de Pilato (Mateo 27.19)? Esto explica por qué los dirigentes judíos se sintieron insultados cuando Pilato reabrió el caso. ¡Daban por sentado que habían llegado a un acuerdo con este!

 

   No hay palabras para describir cuán orgullosos, altivos y presumidos eran los dirigentes judíos. Perdieron la compostura. La emprendieron brutalmente en contra de Jesús, al escupirlo, abofetearlo, golpearlo, maldecirlo y burlarse de El diciéndole que profetizara, mientras tenía los ojos vendados (Mateo 26.66—68; Marcos 14.65; Lucas 22.63—65). En cuanto a mí, yo podría soportar maldiciones y bofeteadas, pero ¿escupitajos? ¡No creo que pudiera tolerarlos! ¿Cómo los toleró Dios? Jesús profetizó que los recibiría (Marcos 10.34; Lucas 18.32). Los dirigentes judíos escupieron en Su rostro, y los soldados roma nos escupieron sobre El (Maleo 26.67; 27.30; Marcos 15.19). ¡Qué asco! La gracia de Dios puede soportar incluso ¡Los escupitajos!

 

   A la corte suprema judía se le había alabado una vez como el Gran Sanedrín (setenta y un augustos miembros). La ilustre posición de ellos dejó de ser ese día. ¡Caifás, desesperado! obligó a Jesús a testificar contra sí mismo, y bajo juramento (Mateo 26.62—64). Jesús no solo aceptó la acusación de ellos, sino que incluso les dio más pruebas que podían usar en contra de Él: «... y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo» (Mateo 26.64). ¡Esta afirmación enfureció a los judíos!

 

Los Juicios Romanos

   Poncio Pilato aborrecía a los judíos, y estos lo aborrecían a él. No les quedaba más remedio que soportarse, y cada uno hacía lo que fuera con tal de ganarle al otro. Con este historial de errores del pasado, Pilato debía actuar con suma cautela, los judíos querían ver sangre; Pilato deseaba salvar su estatus político.

 

   Los judíos conmutaron la acusación de blasfemia por una de traición política. Pilato buscaba la manera de evitar ser parte de esta Farsa, pero no podía. Dejó que otros juzgaran, y estos rehusaron hacerlo. Una y otra vez declaró «inocente» a Jesús. Entonces, lo envió a Herodes. Cuando estuvo delante de Herodes, Jesús hizo caso omiso a una petición que le hizo este en el sentido de realizar un espectáculo de magia. Por lo tanto, envió a Jesús de vuelta a Pilato. Lo único que se logró por medio de este proceso, Fue que Herodes se hicieran amigos (Lucas 23.12).

 

   Los judíos ganaron, y a la vez perdieron. Esto fue lo que declararon: «No tenemos más rey que César» (Juan 19.15). Renunciaron a Dios por César. Se sometieron a lo que aborrecían, llegando incluso a gritar, diciendo: «Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos» (Mateo 27.25).

 

   Pilato se lavó las manos; Jesús les lavó los pies a otros. ¡Qué gran diferencia!

 

   A Pilato le maravillaba cuán sereno y tranquilo se mostraba Jesús. Usando a Barrabás, intentó hacerles un favor a los judíos. Estos lo rechazaron ¡Prefirieron a Barrabás, un delincuente común! La gente siempre prefiere a Barrabás.

 

   Por lo tanto, ¡Pilato hizo que crucificaran al Jesús que era «inocente»! ¡Este fue el más grande de todos los crímenes! No seamos tan llenos de prejuicios corno los judíos, ni tan deseosos de diversión como Herodes, ni tan faltos de carácter como Pilato. El historiador Eusebio dijo que Pilato cometió suicidio. Dios destruyó Jerusalén usando a Roma y a Tito en el 67—70 d. C.). ¡Con Dios no se juega!

 

¡La Cruz …! ¡No queda otro camino!

 

 

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

  1. ¿Por qué fue Getsemaní una experiencia tan difícil para Jesús?
  2. ¿Cuál fue el «gran» pecado que cometió Judas?
  3. ¿Quién tenía el control de todo cuando Jesús fue arrestado y crucificado? ¿Cómo dan a entender claramente esto las Escrituras?
  4. Usándolos evangelios, trace una línea temporal para seguir los juicios de Jesús. Señale las irregularidades legales en la forma como se sucedieron los pasos de este proceso.
  5. Considere el comportamiento de Anás, Caifás y Pilato en los juicios de Jesús. ¿Por qué toma ron las decisiones que tornaron?
  6. ¿Qué acusación lanzaron los judíos contra Jesús delante de Pilato?

 

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