La Sangre – Mi Cruz

 

http://tbn0.google.com/images?q=tbn:VzS6s5PsutXFvM:http://www.artistasdelatierra.com/obras/foto15891.jpgLa Sangre

   «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo». Es un «santo silencio» el que nos sobrecoge cuando entramos en el “Lugar Santísimo”, por medio de la perfecta sangre del Cordero (Hebreos 10:19). ¡La Biblia es un libro acerca de sangre! A la gente le horroriza la sangre hoy. Algunos alegan que el cristianismo necesita nuevos símbolos. ¡Esto pone en duda la inteligencia y el carácter de Dios! El Cordero de Dios es el centro y el eje de toda la historia (Apocalipsis 13:8). La cruz es el lugar donde más dolor causamos nosotros a Dios; también es donde Dios más nos amó (Juan 3:16). Trágicamente, hay algunos seminarios donde es tabú mencionar la sangre de Cristo. ¿Se le ha olvidado a la gente que está allí el oficio en que están? La teología del cielo se centra en Cristo, se centra en la cruz y se centra en la sangre.

 

La Inmoralidad del Pecado

   Ningún libro de toda la Biblia entra en mayor conflicto con la mente moderna que Levítico. ¿Cómo llegó a formar parte de la Biblia este libro? Por lo general nos lo saltamos. Aquí es donde Dios dio los pormenores del sistema sacrificial. Está lleno de sacerdotes, de sacrificios ¡y de sangre! En ese libro de la Ley, Dios estaba enseñando la sobreabundante pecaminosidad del pecado (Romanos 7:13). Dios y el pecado no se mezclan. ¡El pecado contradice a Dios! El pecado no puede pasarse por alto. Todo pecado y todo pecador no arrepentido, serán castigados. El pecado no puede excusarse ni siquiera por decreto divino. El aguijón del pecado es el aguijón de la muerte (1ª  Corintios 15:56). El perdón del pecado solo puede darse por medio del derramamiento de sangre. Bajo la ley, la remisión del pecado exigía sangre (Hebreos 9:22). La Ley es nuestro ayo (Gálatas 3:22—29; Romanos 15:4; 1ª  Corintios 10:11).

 

   El sistema sacrificial, con la sangre de toros y machos cabríos, no podía quitar el pecado (Hebreos 10:4). El hombre no podía guardar la Ley (Hechos 15:8—11). La sangre de la humanidad es inútil. Lo que el hombre no podía hacer, Dios, empero, lo hizo en el hombre. Robert Coleman contó 460 referencias específicas a la sangre, en las Escrituras. (1) Jesús habló acerca de Su sangre más que de Su cruz o Su muerte. El cristianismo es una religión de sangre. La sangre de Cristo creó un «banco de sangre en el cielo» que siempre está lleno. Jesús murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras (1ª  Corintios 15:1—4).

 

(1)   Robert Coleman, “The Gospel of Blood” («El evangelio de sangre»)(http: / robertcolemanhtm; Internet; consultado el 1 de diciembre 2006).

 

   La sangre perfecta reconcilia (2ª  Corintios 5:14—21), lava (Apocalipsis 1:5; 7:14), redime (Efesios 1:7; 1ª  Pedro 1:18— 19), purifica (1ª  Juan 1.7), justifica (Romanos 5.8—9), vence (Apocalipsis 12:11), santifica (Hebreos 10:10; 13:12), propicia (1ª  Juan 2:2) y nos da paz (Colosenses 1:20; Efesios 2:13—16). El verdadero pago por nuestros pecados, pago que además es histórico, total y final, lo constituye la sangre de Cristo. «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29, 36).

 

Cosas Relacionadas con la Sangre

   El Nuevo Testamento (o nuevo pacto; Mateo 26:26—28; 1ª  Corintios 11:25—26; Hebreos 13:20). Toda palabra del Nuevo Testamento gotea con la sangre de Cristo. Cuando uno lee las Escrituras y no acierta a encontrar en ellas a Cristo, uno no las está leyendo bien. La sangre de Abel clama a Dios desde la tierra (Génesis 4.2—12; vea Mateo 23:35; Lucas 11:51). La sangre de Jesús habla mejor que la de Abel (Hebreos 12:24). ¡«Preste oído» a la sangre (Hebreos 9:11—22)!

 

   La iglesia neotestamentaria (Hechos 20:28; Efesios 5:25—28). Eran millones de animales y de aves sacrificiales los que derramaban su sangre, mientras el hombre seguía hundiéndose en el pecado. ¿No le alegra a usted que ya no estamos bajo tal sistema? La sangre animal no puede comprar nada. La sangre de Cristo compró solo una cosa: ¡la iglesia! La sangre se identifica con la vida; al perder una de las dos, uno pierde la otra. El precio se encuentra en lo que se compra. La iglesia local, con todas sus falencias, ¡es todavía el más poderoso grupo que hay sobre la tierra! Minimizar la iglesia equivale a denigrar la sangre.

 

   La cena del Señor (Hechos 2:42; 1ª  Corintios 10:16—21; 11:24—30). ¡Hay un solo camino, un solo cuerpo (la iglesia), un solo pan, una sola sangre, una sola cena y una sola vida! La sangre es el fruto del infinito poder de la cruz. La Cena del Señor anuncia la muerte de Cristo hasta que Él venga (1ª  Corintios 11:26).

 

   El bautismo (Romanos 6:1—5; Gálatas 3:26—27; Colosenses 2:12). Son tres los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre (1ª  Juan 5:3—8). En el bautismo los pecadores son revestidos de la sangre de Cristo en la cruz. Es la sangre que nos imparte el derecho de ir al cielo. El mundo desea salvación sin la sangre, sin la Biblia, sin la iglesia, sin la Cena del Señor, y sin el bautismo. ¡Sencillamente no funciona!

 

 

Mí cruz

Mateo 10:37—39; I6: 24-26; Marcos 8:33—37; Lucas 9:23—25; 14:27; 15:25—32; Romanos 6:1—11; Gálatas 2:20-21; 6:14; Filipenses 1:21

«... y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí» (Mateo 10:38).

 

   ¿Qué tiene el cristianismo que no tienen y no pueden tener las demás religiones? ¡Jesucristo y Su cruz! Para entender la cruz es necesario extenderse uno mismo debajo de ella. Dios no puede salvar, ni salvará al hombre, por un medio que no sea Cristo y Su cruz.

 

   Si Su cruz fue necesaria, también lo es la nuestra. Para los que viven en Cristo, ya el juicio quedó en el pasado. Para aquellos a quienes no cobija la salvación, el juicio todavía está en el futuro. Dios nos ha dado a Jesús; nosotros se lo devolvemos mediante un vivir como Cristo. Dios no aceptará nada diferente de nosotros. Solo Jesús puede vivir la vida cristiana, y esto es algo que Él hace por medio de nosotros. Jesús no estuvo en la cruz seis horas; Él estuvo en esa cruz treinta y tres años. Nuestra salvación no es para un momento, sino para toda una vida crucificada.

 

   No hay «gracia barata». La gracia no pasa por alto, ni evade, ni olvida, ni anula la verdad, la ira o el castigo de Dios. La gracia absorbe el precio, la pena y el castigo por el pecado. Todo pecador no arrepentido y todo pecado es castigado, ya sea, en Cristo, o en el infierno. Lo único que Cristo reparte, son cruces; lo único que la iglesia tiene para repartir, son cruces. La iglesia, tristemente, está repartiendo de todo, menos cruces. Todo lo que viene de Dios, viene en Cristo; no fuera de Cristo.

 

Jesús Murió

   Dios, por ser Dios, no puede morir; sin embargo, ¡Jesús murió! En relación con Su muerte, nosotros debemos conocer el hecho de que Él murió y la razón por la que Él murió (por nuestros pecados). A los eruditos les interesa más la forma como murió. Sabemos que a Pilato le asombró cuán rápidamente murió Jesús (Marcos 15:44). Aún así, él no tuvo duda alguna de que estaba muerto. A los otros dos que estaban siendo crucificados, les rompieron las piernas para producir la muerte de ellos (Juan 19:31—34). El Espíritu Santo consideró que esta sería información buena para nosotros. De otro modo, no hubiera formado parte de las Escrituras. La Biblia no dice por ningún lado que Cristo viviera por nosotros, ni que trabajara por nosotros, pero sí declara categóricamente, que Jesús murió por nosotros.

 

   Algunos creen que murió a causa del agotamiento. Había pasado por una extenuante experiencia. Se le había privado de sueño, apenas se le dio de comer, y había recibido trato brutal tanto en tribunales judíos como romanos. Un erudito llegó a la conclusión de que Jesús anduvo más de cuatro kilómetros durante estos juicios. No olvide los severos azotes. Pilato dijo: «He aquí el hombre» (Juan 19:5). Cansado, Jesús ya no pudo cargar Su cruz. Me parece que Él eligió el momento en que moriría; sin embargo, estoy seguro de que eligió el momento en que resucitaría. Jesús tenía el poder de poner Su vida y de volverla a tomar (Juan 10:15—18). Jesús mantuvo el control aun de Su propia ejecución. Una vez que dijo: «Consumado es», resarciendo completamente lo que Dios exigía, Jesús inclinó Su cabeza y expiró (Juan 19:30).

 

   La cruz brinda la respuesta de Dios al problema del pecado. Algunos creen que Jesús murió de pesadumbre. Estaba físicamente exhausto. Estaba emocionalmente agotado. Su más grande angustia la sufrió en Getsemaní. Lucas nos dice que Su sudor llegó a ser como grandes gotas de sangre (Lucas 22:44). Este es un raro fenómeno (llamado hematidrosis o hemohidrosis) Jesús había de recibir la santa ira de Dios que se derramaría sobre Él. Un apóstol lo había traicionado, otro apóstol lo había negado, y el resto de los apóstoles había desertado de Él. Hablando humanamente, Jesús había quedado solo. «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron» (Juan 1:11). Fue crucificado en la ciudad escogida de Dios: Jerusalén. Todo lo bueno que Dios deseaba en el hombre, fue violentado en la cruz. Jesús rechazó incluso el moderado analgésico que se ofrecía al comienzo en el proceso de crucifixión (Mateo 27:34).

 

   Algunos creen que murió a causa de una ruptura del músculo cardiaco. Su rápida muerte es señal de un evento catastrófico terminal. Fue crucificado por nuestras iniquidades (Isaías 53.5). Pocos hombres han sido maltratados más que Jesús. Sea que hubiera muerto por ruptura del músculo cardiaco o por falla cardiopulmonar, la verdad que importa es el hecho de que murió, no la forma como murió. La guardia romana no dejaba a sus víctimas sino hasta que estaban seguros de que la muerte había acaecido. ¡Jesús murió!

 

Jesús Murió por Mí

   Pilato no hubiera entregado el cuerpo para ser sepultado a menos que estuviera seguro de que Jesús estaba muerto (Lucas 23:50—56). Pilato jamás dudó de que Jesús estaba muerto. El hecho de que Jesús murió es histórico (abstracto). El hecho de que Jesús murió por mí es personal (salvación). No basta con creer que Jesús murió; ¡también debo creer que Jesús murió por mí! Todo lo que Jesús hizo en la cruz, ¡lo hizo por mí! Esto es el evangelio. ¡Óigalo! ¡Créalo! ¡Obedézcalo! (2ª  Tesalonicenses 1:8) ¡Predíquelo! (Marcos 16:15—16) ¡Dios me ama! ¡Dios me quiere! (Juan 3:16) ¡Cante... grite...: «Tengo un Salvador»! Los Estados Unidos tienen la Declaración de Independencia; los cristianos tienen la Declaración de Dependencia. La salvación no es algo que uno hace; es algo que uno recibe (Mateo 11:28—30). Toda predicación debe ser, en cierto sentido, predicación del evangelio.

He sido salvo.

Estoy siendo salvo.

Seré salvo.

 

   Recuerde esto: Predíquese el evangelio a sí mismo todos los días. Fue necesaria una cruz para ser salvos; es necesaria una cruz para mantenernos salvos. Pondere la soberanía de la gracia.

No se puede ganar la gracia; es un regalo.

No se puede comprar la gracia; no está a la venta.

No se puede merecer la gracia; es inmerecida.

No se puede pagar por la gracia; no constituye deuda

 

¡La gracia lo cambia todo!

 

   ¡Jesús murió por mis pecados (1ª  Corintios 15:1—4)! Una niñita oyó un sermón sobre la cruz. Ella dijo al predicador: «Usted debe amarlo más que a nada en el mundo, ya que El ha hecho todo por usted». El amor inmerecido no es incondicional; los pecadores no pueden ser salvos mientras se encuentren lejos en la «provincia apartada» (Lucas 15). La salvación no es por obras de mérito, sin embargo, el amor cristiano se expresa por buenas obras (Efesios 2:8—10). El amor verdadero tiene sus exigencias; sus condiciones no son para los pueriles. El cristianismo es un regalo, no una mercancía barata. Costó a Jesús Su vida; nos cuesta a nosotros la nuestra. La gracia no es un genio que está dentro de una botella; la gracia es una cruz. El discipulado viene acompañado de un sobrecogedor precio: su vida. Una palabra que Jesús no dijo en la cruz fue la palabra «Mío».

   ¿Quién crucificó a Cristo? ¡Yo lo crucifiqué! ¿Quién clavó a Jesús en la cruz? ¡Yo lo clavé! ¡No podemos entender lo que Cristo hizo por nosotros, sino hasta que entendamos lo que hicimos para que Él tuviera que hacerlo! El pecado es eterno y nefasto; nos separa de Dios (Isaías 59:1—3). Cristo hizo por nosotros lo que nosotros no podíamos hacer. Separados de Cristo solo nos queda morir en nuestro pecado. Pedro acusó a sus oyentes de haber matado a Cristo (Hechos 2:22—36). Ellos habían hecho esto materialmente; nosotros lo hemos hecho espiritualmente. Debemos entender la seriedad del pecado para recibir la gloria de la gracia. Si la gente no se ha convertido a Cristo, pueden creer que han intentado el cristianismo y han fracasado; en realidad, ellos no lo han intentado del todo. Para dar a usted mismo y a sus hijos un futuro, deles una cruz. ¡La crucifixión explica la creación! Debido a mí tuvo que ser.

 

Mi Cruz

   Jesús tenía Su cruz; yo tengo la mía. Es fácil promocionar la de Él; también lo es descuidar la mía. Si no acepto la mía, no puedo poseer la de Él. A menos que lleve mi cruz, la de él no me sirve de nada. Es probable que yo no pueda cambiar el mundo, pero Dios puede cambiarme a mí. Nadie puede andar por mí el sendero de la justicia. Debo sacrificar el «Gran Yo» para dar cabida al «Gran Él». Lo único bueno en mí es Cristo en mí (Gálatas 2:20—21). En la cruz, Jesús murió por nosotros, no simplemente en lugar de nosotros. Nosotros también morirnos, sufrimos, y llevamos nuestra cruz. Él llevó Su cruz; nosotros también llevamos la nuestra. Nosotros tenemos el regalo de la gracia, pero también tenemos la determinación de hacer buenas obras. La gracia no se gana, pero sí demanda esfuerzo de parte nuestra. La salvación no puede ser jamás: «Entra, Salvador, pero quédate afuera, Señor». Martin Luther King, Jr., acertó cuando dijo: «La cruz que portamos precede a la corona que llevamos». (2) Nadie puede jactarse al pie de la cruz. Una cruz que cuelgue de su cuello, jamás podrá sustituir la cruz que debe cargar sobre su espalda.

 

(2) Martin Luther King, Jr., “Challenge to the Churches and Synagogues” («Desafío para las iglesias y las sinagogas»), Challenge to Religion (Desafío para la religión), ed. Matthew Ahmann (Chicago: Henry Regnery Company, 1963), 168.

 

http://tbn0.google.com/images?q=tbn:PCEu0NMInuZeHM:http://farm1.static.flickr.com/80/280785702_c80ab6c1b5.jpgVuelva a Leer, Piense, Medite, Actúe

   Siga volviendo al texto. «Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lucas 9:23; vea también Mateo 16:24; Marcos 8:34). Pocas Escrituras son más conocidas o citadas que esta. ¿Dice lo que nosotros la hacemos decir? Pocas Escrituras son más malentendidas y más mal usadas que esta. ¿Qué significa llevar mi cruz cada día?

1)      Excluyente. Esta podría ser una de las aseveraciones más ásperas que Jesús hizo. La aseveración es dogmática, intolerante, rígida, básica, escueta, imponente y eternamente vital. Jesús dijo que uno, o está «dentro», o está «fuera». No dio salvedad ni explicación algunas. Él dijo: «Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo» (Lucas 14:27); «Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo» (Lucas 14:33). La cruz exige que haya muerte. Debemos morir a nosotros mismos, al pecado y a la sociedad. Las cruces son costosas. Básicamente, solo tenemos tres problemas: «primero yo, segundo yo y tercero yo». ¡Debemos morir a los tres en su totalidad! Las visiones superficiales de la cruz, producen cristianos débiles. No podemos hacer concesiones en cuanto a la cruz. La vida cristiana no siempre es fácil y feliz. ¿Estaremos dispuestos a pagar el precio? Uno muere a sí mismo cuando uno cede sus derechos sobre sí mismo. Jesús es el Señor. El único requisito que se necesita para llegar a ser cristiano es reconocer que uno es un pecador perdido. Es una carrera en la que únicamente los pecadores pueden concursar.

   Sabemos que necesitamos creer en Dios. También necesitamos saber que Dios cree en nosotros. El poder para vivir las Epístolas se encuentra en la cruz. Hemos sido perdonados; no es que se nos haya dado libertad provisional. No vivimos como reclusos. Solo los hombres que han sido salvos del pecado pueden llevar a otros a Cristo. Jamás debemos olvidar que Dios vive únicamente en «vasos de barro» (2ª  Corintios 4:7; vea Hechos 9:15— 16). Los cristianos debemos llegar a ser vasos de honra (2ª  Timoteo 2:20—21). Todos nosotros debemos cultivar nuestra propia relación con Dios. No podemos darnos el lujo de vivir en la duda, y haciéndole visitas a la fe. Debemos vivir en la fe, y abandonar nuestra duda.

2)      Cada día. «¡Ay! ¡Eso duele!». ¿Cada día? El cristianismo es una vida, no un momento. Pablo dijo escuetamente: «... cada día muero» (1ª  Corintios 15:31). La vida es cada día; el cristianismo también lo es. Necesitamos el pan de cada día (Mateo 6:11) y el pan espiritual cada día (Hechos 17:11; Hebreos 3:13). La iglesia primitiva era adicta a ciertas actividades cada día (Hechos 2:47; 16:5). No es que morimos una vez y luego quedamos muertos. Morir cada día es una decisión que se toma cada día. Los cristianos que viven juntamente crucificados con Cristo...

… tienen el rostro apuntando en una sola dirección.

… jamás vuelven atrás.

… han dejado de tener planes propios.

… tienen mentes por las cuales piensa Cristo.

… tienen corazones por los cuales ama Cristo.

… tienen voz por la cual habla Cristo.

… tienen cuerpos por los cuales sirve Cristo.

 

   Lleve usted su cruz hasta encontrar a alguien que la necesite más que usted; luego désela a esa persona. (Jamás se la dará.)

3)      Mi cruz no es uno de los muchos pesos que me agobian. Muchas personas dicen: «Este peso con el que cargo, es la cruz que he de llevar». Jesús dijo «cruz»; no «cruces». Una cruz es algo que «tomamos», no algo que «soportamos». Esta línea de pensamiento reduce a los cristianos a víctimas. Puede que Gálatas 2:20—21 sea el texto en que más aparece el pronombre «Yo» en las Escrituras; puede que también sea el texto en que más se somete ese «Yo». Son ocho pronombres personales los que se usan en el pasaje. «Yo» aparece cinco veces; «mi» aparece tres. ¿Cuál es la gran paradoja? La crucifixión de uno mismo permite vivir una verdadera vida. No se puede matar ni herir a un muerto. Algunos de nosotros no estamos completamente muertos. El hombre que ha muerto a todo, tiene la capacidad de renunciar a todo. Los predicadores, los ancianos, los diáconos y los maestros tienen que morir para poder servir. El frasco de alabastro tuvo que ser quebrado (vea Marcos 14:3).

4)      Mi cruz no es desdicha ni martirio sadista. Mi cruz representa gozo, no pesadumbre pesimista (vea Juan 15:11—14; Romanos 14:17; 15.13; Hebreos 12:2; Santiago 1:2; 1ª  Juan 1:4; 3ª  Juan 4). Trágicamente, hemos predicado mensajes de culpa no acompañados de la gracia; debemos conocer la gracia para poder predicar la culpa. No predique auto-sacrificio sin gozo. No reduzca el evangelio a estoicismo. Llevar la cruz es algo positivo, no es negativo; es algo gozoso, no es desdichado. Resulta en vida victoriosa, no en martirio neurótico. Somos llamados a vivir como el «perdón de Dios».

5)      Un pecador, para poder recibir salvación, debe morir a sí mismo y llevar su cruz cada día. Esta no es una, sino dos acciones separadas. No confunda «negación de sí mismo» con «llevar la cruz». ¿Qué es, entonces, llevar la cruz? Es perdón. Necesitamos perdón fresco cada día. El perdón de ayer no es para hoy ni para mañana. Llevar mi cruz es vivir perdonado y perdonar a otros todos los días. No podemos recibir lo que rehusamos dar. No es sino hasta que uno acepta la gracia, que uno puede aprender misericordia. La cruz es nuestro llamado a perdonar. Cada uno de nosotros deber escribir un libro sobre la cruz. Yo ya escribí el mío; ¡ahora escriba usted el suyo!

 

La cruz... ¡No hay otro camino!

 

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

  1. ¿Se han incluido sermones e himnos sobre la sangre de Cristo en cultos recientes donde usted se reúne? ¿Por qué es importante esto?
  2. Haga un breve resumen de Levítico. ¿Por qué se descuida tanto el estudio de este libro?
  3. Contraste el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento con el plan de salvación del Nuevo Testamento. (Refiérase a Hebreos 9:10).
  4. Ilustre el énfasis específico de Jesús en Su sangre en comparación con el énfasis en la cruz y en Su muerte.
  5. ¿Cuáles son algunos conceptos neotestamentarios relacionados con la sangre de Cristo?
  6. ¿Qué significa llevar la cruz cada día?

 

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