La Encarnación – Oh Dios, Hazme como Jesús

 

La Encarnación

   «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo». ¡Pensar en la encarnación hace que me duela la cabeza! El hombre desea ser Dios; esto lo puedo entender. Lo que no puedo entender es que el soberano, el infinito, el inmutable y el eterno Dios llegó a ser hombre... ¡en pañales! ¡Solo a Dios se le pudo ocurrir esto! ¡Solo Él pudo hacerlo! «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios»; «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:1, 14a). Jesús es el único mediador entre Dios y el hombre (1ª  Timoteo 2:5—6). Él es el pan vivo del cielo (Juan 6:48—58). En el monte santo, Dios dijo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd» (Mateo 17:5; vea 2ª  Pedro 1:17). La encarnación es el «milagro de los milagros».

El Hijo celestial de una madre terrenal,

El Hijo terrenal de un Padre celestial,

Tan divino, nada humano,

Tan humano, nada divino.

 

   Jesucristo no podía ser inventado. ¡Dios envolvió la verdad en Jesús y envió al Hombre! La suprema y final revelación de Dios, se realizó en Cristo (Hebreos 1:1—3; Romanos 1:1—6). Jesús jamás reprendió a ninguno que lo llamó Dios, o que lo adoró. La venida de Cristo constituye el hecho central de las Escrituras. Jesús es el Logos, esto es, la Palabra Viva de Dios. Creemos que Jesús es Dios, ¡pero también debernos creer que Dios es Jesús!

 

   El cristianismo es esencialmente histórico. No es «el mito entre mitos», no es una alegoría carente de sustancia. La doctrina de la cruz no es simplemente que hay vida después de la muerte, sino que hay vida en lugar de muerte. Jesús vivió del modo que se esperaba del hombre que viviera. La expresión favorita de Pablo era «en Cristo»; usó variaciones de ella 135 veces en sus escritos. Si logramos que Cristo esté en nosotros, Él hallará la manera de expresarse por medio de nosotros Jesús es una Persona, ¡no un programa! Dios nos dio a Cristo; ¡nosotros le devolvemos una vida como la de Cristo!

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El Nacimiento Virginal

   La divinidad de Jesús está inevitablemente relacionada con Su nacimiento virginal (Mateo 1:18—25). Si los dos padres de Jesús hubieran sido humanos, entonces Su sangre habría sido tan ineficaz corno la nuestra. No podría haberse resucitado a sí mismo ni a nadie más. Hugo McCord dijo: «Un cristianismo sin nacimiento virginal se convertiría en una religión sin salvación por la sangre, y sin resurrección. Quedaría sencillamente reducida a un evangelio social para esta vida solamente».1

 

1 Hugo McCord, “Jesus: Our Eternal Savior” («Jesús: Nuestn

Salvador»), en «Jesucristo, el divino Hijo de Dios», La Verdnrl )lIU lI$j, VII, 4, 6—7.

 

   Es probable que el hombre tropiece más en la humanidad que en la divinidad de Cristo. Mientras fue humano, no fue que Jesús sencillamente cumpliera con las formalidades de vivir como humano, como si protagonizara un drama en un escenario. En el huerto, fue un verdadero sudor como sangre el que excretó (Lucas 22:44). El título favorito para sí mismo fue «Hijo del Hombre», que se encuentra más de ochenta veces en el Nuevo Testamento. Es en Su humanidad que más óptimamente se demuestra la divinidad de Jesús. Cuando nos dan buenas nuevas, las recibimos con escepticismo; sin embargo, cuando son malas, las aceptamos de inmediato. Uno no tiene que probar la verdad absoluta. Ella se prueba por sí sola. Dios no está en una carrera para ser elegido como Dios. Las necesidades primordiales de la religión hoy, ¡son doctrina, teología y verdad!

 

http://tbn0.google.com/images?q=tbn:DD9bwbx18fkbcM:http://www.christiananswers.net/kids/thankful.gifJesús es el Señor

   El hecho de que Jesús es el Señor es tan sencillo, ¡y a la vez tan profundo! Oramos a Dios, a quien no podemos ver, y esperamos ir al cielo por la virtud de Su Hijo. El camino hacia arriba es hacia abajo; nos vaciamos de nosotros mismos para ser llenados. Confesamos que hemos errado para ser hechos rectos. Los más fuertes son los más débiles; los más pobres, los más ricos. Morimos para vivir y damos para recibir. Al mismo tiempo, confundimos a nuestros críticos con nuestra increíble practicidad. La cruz que estaba en medio de las otras dos, en el Calvario, no era de Jesús; era mía. Morir fue Su razón para vivir. La totalidad del énfasis del evangelio de Juan es la eterna trascendencia de Jesús. El poder para vivir las epístolas, se encuentra en los evangelios. Jesús fue un «hombre estimado entre hombres»; ¡Él no fue un debilucho!

 

    «Sublime gracia». ¡No es que Jesús fuera Dios primero, para después ser Dios-hombre, y luego volver a ser Dios solamente cuando volvió al cielo! En la encarnación, Jesús hizo contacto eternamente con la humanidad. ¡Yo jamás fui Dios y jamás seré Dios! Jesús experimentó tanto la total humillación así como la total exaltación. Su exaltación no destruyó Su humanidad; antes, glorificó Su humanidad. Jesús es el primogénito de los muertos (Colosenses 1:15—20). Él es las primicias de los que duermen (1ª  Corintios 15:20, 23). La iglesia de Cristo se compone de «los primogénitos». Yo solo deseo ser miembro del cuerpo que se mantiene vivo con la vida que El le da.

 

 

«Oh Dios hazme como Jesús»

Mateo 28; Marcos 16; Lucas  24; Juan 20—21.

 

«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1ª  Juan 3:2).

 

   ¡Resurrección! ¡Esta es la diferencia definitoria que ubica el cristianismo en una categoría aparte de todas las demás religiones! Se ha dicho que si no hubiera habido resurrección, el mundo de hoy no hubiera oído jamás acerca de Jesús. Los ángeles preguntaron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado» (Lucas 24:5b—6a). No fue que Jesús pasó por un proceso de resucitación, ni que reencarnó, ni que fue recreado; fue que resucitó. Él pasó «por la muerte y salió al otro lado a un nuevo mundo, un mundo de una creación nueva y en la que no hay muerte, una creación aún física, solo que de algún modo transformada». (2) El cristianismo afirma que algo sucedió a Jesús que no le había ocurrido a nadie más. Nuestra esperanza cristiana no es solamente la inmortalidad del alma, sino la resurrección y la transformación de nuestros cuerpos.

(2) N. T. (Tom) Wright, Luke for Everyone (Lucas para todo el mundo) (Louisville, KY.: Westminster John Knox Press, 2004), 296—97.

 

   La mayoría de las religiones tienen lugares santos; el cristianismo no los tiene. Otras religiones tienen sepulcros; el cristianismo no los tiene. ¿De qué sirve un Salvador muerto?

 

   Ningún hombre presenció la resurrección. ¿Quién estuvo allí? ¿Estuvo Dios allí? Fue Dios quien resucitó a Jesús. (3) ¿Estuvo el Espíritu Santo allí? Fue el Espíritu quien levantó de los muertos a Jesús (Romanos 8:10—11). ¿Estuvieron los ángeles allí? No lo sabemos. ¡Quien no estuvo fue el hombre! ¡Los cristianos creen debido a un sepulcro que quedó vacío! Un solo hueso que se encontrara, ¡destruiría totalmente el cristianismo! Pablo dijo: «... a fin de conocerle, y el poder de su resurrección» (Filipenses 3:10a). Jesús murió físicamente y fue resucitado literalmente. Esto significa que hoy Él está vivo. También significa que hoy podemos creer en Él y obedecerle. ¡Este es el evangelio! ¡La esperanza cristiana no es vida después de la muerte, sino vida, punto! Él dijo: «Yo soy la resurrección y la vida...» (Juan 11:25—26); «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14.6a). La fe de la resurrección se edifica sobre la verdad de la resurrección.

(3) Vea Hechos 2.24, 32, 36; 3.15, 26; 4.10; 5.30; 10.40; 13.30, 33—34; 17.31; Romanos 10.9; 1e Corintios 6.14; 2 Corintios 4.14; Gálatas 1.1; Efesios 1.20.

 

   Nada es más fatal para la fe cristiana que buscar su significado fuera de lo ocurrido. La resurrección no tiene sentido a menos que haya ocurrido realmente. El Seminario Jesús, que se le conoce por ser blasfemo, dijo que la resurrección de Jesús no tuvo nada que ver con Su cadáver. ¿Cuán necio puede llegar a ser uno? Jesús no fue un mentiroso, ni un ser falso, ni una persona fraudulenta. La cruz no es ficción; no es mito, ni alegoría. Su muerte y sepultura fueron reales. Su resurrección fue real. Jesús es histórico. Un experto en mitos que estudió y llegó de esta manera a tener fe, dijo: «Estas cosas realmente sucedieron. Yo sé lo que es mito... esto no es mito». Los cristianos no tienen cementerio, ni sepulcro, porque el sepulcro de Cristo está vacío. ¡Nadie niega que Su sepulcro quedó vacío!

 

http://tbn0.google.com/images?q=tbn:hfSJUBpiXIhLTM:http://www.erain.es/departamentos/Religion/trabajos/1eso/webs/imag/sepulcro.jpgLa Sepultura

   El evangelio es la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo (1ª  Corintios 15:1—4). Predicamos la muerte y la resurrección, pero nos saltamos la sepultura. Para que haya sepultura, tiene que haber muerte. Los escépticos han inventado la patraña de que Jesús se desmayó, de que entró en coma, o en trance, y que esto hizo creer a las autoridades que había muerto. Los ángeles señalaron el lugar donde el cuerpo de Jesús había sido puesto (Mateo 28.6; Marcos 16:6). Para que haya resurrección es necesario que haya muerte, y sepultura. Para que haya sepultura es necesario que haya cadáver.

 

   El bautismo es sepultura [del bautizado] en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (Romanos 6:1—5; Colosenses 2:12). ¡La más grande sepultura de un pecador es la sepultura de que es objeto cuando es bautizado con Cristo y en Cristo! La sepultura gritó, diciendo: «Todo está perdido. La muerte ganó; la vida perdió». La situación puede haber parecido sombría el viernes; sin embargo, ¡se acercaba el domingo!

 

Pruebas Indubitables

“… a quienes también, después de haber padecidos se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios» (Hechos 1:3). El cristianismo se edifica sobre el sepulcro que quedó vacío. Si Jesús no puede hacer nada acerca de la muerte, entonces todo lo demás que él haga, viene a ser inútil. Un ángel dijo: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado» (Lucas 24:5b—6a). El libro de los Hechos no entra en debate acerca de la resurrección; ¡simplemente la declara! No fue un Salvador muerto quien produjo el cristianismo. La resurrección es el hecho más certificado de la historia. Lyman Abbot dijo: «La resurrección de Jesucristo es el hecho que de mayor testimonio goza en la historia». ( Lyman Abbott, The Theology of an Evolution (La teología de un evolucionista) (New York OutlOOk Co., 1925), 129).

  

   La ley judía rechazaba las pruebas circunstanciales. El veredicto provenía de dos o más testigos (2ª  Corintios 13:1). El evangelio es la muerte, sepultura y resurrección (1ª  Corintios 15:1—4). Siga leyendo. Dios dio espacio adicional en las Escrituras a los testigos. La resurrección se mantendrá en pie en cualquier tribunal que se le examine.

1)   El apóstol Pablo. La conversión de Saulo (Pablo) es suficiente para certificar la resurrección. ¡El perseguidor se convirtió en el predicador! ¿Por qué? Él vio al Salvador resucitado (1ª  Corintios 9:1; 15:8—11). No tenía duda alguna. Murió por su fe y por su predicación. Pablo creía en la resurrección corporal y la predicaba.

2)   Los enemigos. Paradójicamente cuando los discípulos dudaron, los enemigos creyeron. Estos advirtieron a Pilato que Jesús había anunciado que en tres días habría una resurrección. Pilato dijo: «... aseguradlo [el sepulcro como sabéis]» (Mateo 27:65). Una enorme piedra se había hecho rodar a la entrada del sepulcro, por lo tanto, ellos la sellaron. Se pusieron soldados para guardar el sepulcro. Hablando humanamente, el hombre no podía haber sacado el cuerpo.

 

   Cuando la piedra fue rodada a un lado, dejando expuesto el sepulcro vacío, nadie gritó, diciendo: «Busquen ese cuerpo». Los dirigentes judíos, los soldados romanos, los fariseos, Pilato y Herodes, no fueron de casa en casa a buscar el cuerpo. ¡Ellos sabía que Jesús había resucitado! Trataron inmediatamente de evitar que las nuevas se propagaran. La piedra del sepulcro no se hizo rodar a un lado para permitir que Jesús saliera, sino para permitir que el hombre entrara. ¡Los enemigos de Jesús sabían que un cadáver era lo último que podían encontrar!

 

   Durante toda la historia, no hubo escéptico, fuera judío o romano, que alegara haber encontrado el cuerpo de Jesús. ¡El silencio es asombroso! Deshacerse de un cuerpo humano sin dejar rastro alguno sería un milagro por sí solo. Cuando Pedro predicó aquel primer sermón (Hechos 2), él estaba cerca de aquel cementerio. Los tres mil provenientes de todo el mundo que fueron bautizados, obedecieron su mensaje de resurrección:

«Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo» (Hechos 2.36). Los escépticos tienen que vérselas con esta pregunta: «Qué sucedió con el cuerpo?». En la Biblia hay más versículos Sobre la resurrección que sobre el nacimiento de Jesús.

3)   Los apóstoles. ¡Los cobardes llegaron a ser mártires! ¿Qué explicación se le puede dar a esto? ¡La resurrección! Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pedro y Pablo, fueron testigos competentes. ¿Los tildaría usted de mentirosos? ¿Puede uno confiar en los evangelios de la Biblia? Los eruditos consideran a Lucas un historiador de primera categoría. ¿Cómo puede explicarse uno el comienzo, el crecimiento y la continua existencia de la iglesia primitiva? ¡Todo surge de la resurrección!

4)   Las mujeres. Jesús apareció primero a María Magdalena (Marcos 16:9—11; Juan 20:1—18). Las mujeres llegaron al cementerio y llevaban flores (Mateo 28:1—10). ¡Que reciban honra por esto! El testimonio de ellas se fortalece aún más cuando uno se entera de que a ellas ni siquiera se les ocurrió una resurrección. Cuando encontraron a los apóstoles, y estaban llenas de gozo, ellos se rieron y rehusaron creer (Lucas 24:11; Marcos 16:11). Jesús reprendió a los apóstoles por esto (Marcos 16:14). No podemos entender la dificultad que tenían para creer. Estaban tan centrados en la búsqueda de un cadáver, ¡que no pudieron reconocer al Salvador vivo!

5)   Las apariciones. La mayoría de los eruditos enumeran diez apariciones de resurrección, mientras que algunos enumeran doce:

         a María Magdalena (Marcos 16:9—11; vea Juan 20:1—18)

         a las demás mujeres (Mateo 28:1—10)

         a dos hombres en el camino a Emaús (Lucas 24:13—32; vea Marcos 16:12)

         a Simón Pedro (Lucas 24:34)

         a diez apóstoles, cuando no estaba Tomás (Juan 20.19—25; vea Marcos 16:14; Lucas 24:36—49)

         a once apóstoles, cuando ya estaba Tomás (Juan 20:26—28)

         a siete discípulos que estaban junto al Mar de Galilea (Juan 21:1—23)

         a once apóstoles en Galilea (Mateo 28.16—20; vea Marcos 16:15—18)

         a más de quinientos hermanos (1ª  Corintios 15:6)

         a Jacobo (1ª  Corintios 15:7)

         a once apóstoles (Lucas 24:50—53)

         a Pablo (1ª  Corintios 15:8; vea Hechos 9: 26)

 

Note que Jesús no apareció ante Sus enemigos, esto es, los judíos religiosos, Pilato y Herodes.

6)   Juan. Juan llegó al sepulcro, se detuvo y luego siguió a Pedro hasta adentro. Cuando vio los lienzos de sepultura doblados, ello fue suficiente prueba para él. Vio y creyó (Juan 20:2—10).

7)   Tomás «el escéptico» (Juan 20:24—29). Al igual que los demás, Tomás estaba destrozado por la muerte de Jesús. ¡Dios no muere! Fue Dios en el hombre quien murió. Tomás no estuvo presente en la primera reunión (Juan 20.24). Esta omisión pudo haber sido letal para su alma. Los discípulos fueron tras él. Debemos aprender y practicar esto hoy (Santiago 5:19—20; Gálatas 6:1—2; Judas 22—23). Estuvo presente en la segunda reunión. No lo juzgue tan duramente. ¿Ha visto usted alguna vez a un hombre resucitado? ¿Creería tal afirmación? Tomás exigió practicar «la prueba del dedo». ¡Jesús aceptó someterse a ella! Tomás declaró: «¡Señor mío, y Dios mío!». ¡Las pruebas han hablado!

 

 

Comicidad en el Cementerio

   La Biblia es un libro fascinante. No pudo haber sido escrita por hombres. No la hubieran escrito aun si hubieran podido. Esta verdad es un poderoso argumento a favor de la inspiración.

1)   Las mujeres. ¡Los ángeles y Jesús aparecieron primero a las mujeres! Ellas traían especias aromáticas. Este era un hermoso gesto, pero no era nada práctico. Entonces se preguntaron: ¿Quién podrá hacer rodar la piedra? Iban a ser necesarios varios hombres fuertes; en realidad, ¡fue necesario un ángel!

2)   Los soldados. ¿Puede haber algo más absurdo que el ejército romano montando guardia a la entrada de un sepulcro? Hubo un terremoto; luego un ángel hizo rodar la piedra (Mateo 28:2). Los guardias estaban como muertos. ¿Acaso fueron reprendidos? ¿Acaso se les mandó buscar el cuerpo? ¿Acaso se les ejecutó de conformidad con la costumbre romana? La respuesta es ¡No! Los principales sacerdotes pagaron un alto soborno a los soldados (Mateo 28:11—15), ¡para que dijeran que se habían dormido! Sin embargo, el precio que pagaba un soldado que se encontrara durmiendo durante su guardia, ¡era la muerte!

3)   Los discípulos que se dirigían a Emaús (Lucas 24:13— 32). Jesús se unió a dos discípulos que estaban destrozados cuando caminaban. Estaban sorprendidos de que Jesús se hubiera «perdido» todo lo que había estado sucediendo en Jerusalén. ¡Eran ellos los que se lo habían perdido! Irónicamente, Jesús, usando las Escrituras, les predicó el evangelio. Cuando Jesús dio gracias y partió el pan, ellos lo reconocieron. ¿Cuántos de nosotros nos estaremos perdiendo la verdad? Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe (lera Corintios 15:10—19).

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Poder de Resurrección

“… a fin de conocerle, y el poder de su resurrección” ( Filipenses 3:7—11). El corazón y el alma de la iglesia es buscar y salvar a los perdidos por el poder del evangelio de un Señor resucitado. La cruz fue la victoria ganada; la resurrección fue la muerte aceptada, validada y refrendada por Dios. La muerte no pudo retener a Jesús (Hechos 2:22—36). En la muerte, Jesús derrotó la muerte. La cruz marca la «muerte de la muerte». Jesús nos libró del aguijón de la muerte (1ª  Corintios 15:54—57). Los pecadores son salvados por la muerte de Cristo, no por Su resurrección.

 

   Por Su muerte, Jesús nos salvó de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8:1—2). Vencer el pecado equivale a vencer la muerte. Jesús compareció en el cielo con Su sangre (Hebreos 10). Él es «la resurrección y la vida» (Juan 11:25—26), no simplemente «inmortalidad y vida». El infierno es inmortal. Nuestras almas son inmortales. ¡Jesús es la «resurrección»! Pablo anunció que seremos transformados (1ª  Corintios 15.50—58). En la cruz, Jesús abolió la muerte (2ª  Timoteo 1:10). En la cruz Él tomó de Satanás el poder de la muerte (2ª  Timoteo 1:10). Nosotros somos salvos porque «intervino] muerte» (Hebreos 9:15).

 

   La resurrección de Jesús garantiza la nuestra. Lo que Dios hizo en un cementerio de Jerusalén por Jesús, es lo que hará por nosotros. No fuimos hechos para morir, sino para vivir. ¿Cuál es la doctrina, la esperanza de la resurrección, ahora mismo? ¡Nada en la tierra es irreversible! Mi vida no es vana; tiene propósito. Mis fracasos no son fatales; son perdonados. Mi muerte no es el fin; hay resurrección. ¡Qué gran fe! ¡Qué gran esperanza! ¡Seremos como Jesús! Cuando Él estuvo en la cruz, Satanás fue derrotado, el pecado fue vencido y la muerte fue abolida. «Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1ª  Corintios 15:57).

 

La cruz... ¡No hay otro camino!

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

  1. Explique la importancia del nacimiento virginal de Cristo.
  2. Comente la divinidad y la humanidad de Jesús antes y después de Su vida en la tierra. ¿Por qué es importante esto?
  3. ¿Qué hace que el cristianismo ocupe una categoría aparte de todas las demás religiones del mundo?
  4. ¿Qué pruebas tenemos de que Jesús fue resucitado?
  5. Enumere las apariciones de resurrección de Cristo. ¿Por qué cree usted que Él eligió aparecerse especialmente a estas personas?
  6. ¿Cuál es la gran garantía para los cristianos en la resurrección de Jesús?

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