Santificación – La predicación de la Cruz

 

   «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo». La iglesia existe para salvar a los pecadores y para hacer santos (Mateo 28:18—20). No obstante, el evangelismo, que estuvo «de moda» por un tiempo, ahora ya no lo está. Ahora decimos: «¿Por qué tratar de salvar a alguien que no se percibe como perdido?».

 

   La santificación jamás ha estado «de moda». La mayoría de los que se dicen cristianos ni siquiera saben lo que es. La «santificación», definida sencillamente, es «ser puesto aparte, ser dedicado». En religión, significa «santo». «... porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo» (1ª  Pedro 1:15— 16). No se puede hacer que la iglesia actúe rectamente, mientras no se conozca la teología rectamente. Se puede actuar rectamente sin ser recto (Mateo 6:1—18), pero no se puede ser recto sin actuar rectamente. Los pecadores deben ser salvos, y los salvos deben ser santificados.

 

   Nosotros fuimos salvos (esto fue salvación). Estamos siendo salvos (esto es santificación). Seremos salvos (esto será glorificación). Los salvos necesitan ser santificados, no necesitan que se les vuelva a salvar. Dios no puede santificar a los no salvos. Ser salvo significa que está en una posición (en Cristo). Ser santificado significa que está en un proceso. La salvación sucede en un momento; la santificación toma toda una vida. «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2ª  Corintios 3:18).

 

   No confundamos la salvación, la santificación y la glorificación. Debemos aprender a pensar en conceptos. La mayor parte de la confusión religiosa es resultado de mezclar estas tres cosas. La salvación no es un espasmo inicial seguido de una crónica inercia.

 

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Fe, No Perfección

   ¿Puede usted ser cristiano sin ser perfecto? ¡Esta es una buena pregunta! La gente dice: «Yo lo intenté y fracasé, así que renuncio». Los extremos surgen por no entender conceptos. El concepto «Una vez salvo, siempre salvo», es erróneo. ¡El concepto «Una vez salvo, jamás salvo» es igualmente erróneo! Los cristianos deben saber que ellos son salvos (1ª  Juan 5:11—13). Yo no puedo ser perfecto; por lo tanto, necesito ser salvo por fe. Yo no puedo ser perfecto un minuto, pero puedo ser fiel un día a la vez (Romanos 3:10, 23). ¡La fe funciona! (Hebreos 11). No puedo salvarme a mí mismo por mí mismo, así que debo confiar en que Jesús me salva. Nuestra fe no nos salva; el objeto de nuestra fe (Jesús) nos salva.

 

   ¡Los santos pecan! Pecamos por que somos pecadores. Aun los santos que andan en luz pecan (1ª  Juan 1:7—2.3). La sangre de Cristo nos salvó; la sangre de Cristo nos santifica (Hebreos 10:29). Los santos son lavados constantemente. Los santos son salvos; ¡tienen un Salvador! Hubo un sistema de ley; los santos tienen ahora un sistema de fe. La fe es lo más práctico que puede haber sobre la tierra. Es por fe que andamos (no es por perfección; 2ª  Corintios 5:7). «Mas el justo por la fe vivirá» (lea Habacuc 2:4; Romanos l:17b; Gálatas 3:11 b; Hebreos 10:38a). ¡Tome nota de cuando Dios se cita a sí mismo!

 

   La conflictiva «iglesia de Dios que [estaba] en Corinto» era santificada (1ª  Corintios 1:2). Como viles pecadores que habían sido, se habían arrepentido y habían sido lavados (1ª  Corintios 6:9—11). La verdad santifica (Juan 17:17, 19). La oración santifica (1ª  Timoteo 4:5). El Espíritu Santo santifica (Romanos 15:16; 1ª Pedro 1:2). Cristo santifica (1ª  Corintios 1:30; Hebreos 2.11). Jesús hizo un solo sacrificio para siempre (Hebreos 10:10, 14, 16—24, 29; vea también Hebreos 7—9). Dios santifica (Juan 10:36; 1ª  Tesalonicenses 5:23). La fe santifica (Hechos 26:18). ¿Cuál es la conclusión? No había santos en Corinto que estuvieran fuera de la iglesia. Jesús no puede ser nuestro Salvador sino hasta que le obedezcamos como Señor. Jesús no nos salvó para dejarnos como estábamos. Debe haber una relación entre lo que se cree y el comportamiento. Los santos deben vivir con una actitud de arrepentimiento. Los santos son «santos»; no «ángeles perfectos».

 

   La santificación es discipulado. Tenemos la mente de Cristo (Filipenses 2:5—11). Nosotros golpeamos nuestros cuerpos todos los días ( 1ª  Corintios 9:23—27). Nos despojamos del hombre viejo y nos vestimos del nuevo (2ª  Corintios 5.17; Efesios 4:22—24). Crecemos en la gracia y en el conocimiento de Jesús (2ª  Pedro 3:18). Jesús es formado en nosotros (Gálatas 4.19). Todo pensamiento es llevado cautivo a la obediencia a Cristo (2ª  Corintios 10:5). Poseemos nuestras propias almas (1ª  Tesalonicenses 4:3—5). Nos consideramos «unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras» (Hebreos 10:24). Los ermitaños espirituales no existen. Dios hace Su iglesia a partir de santos. Uno no puede llegar a ser un «gigante espiritual» por sí mismo. Todos somos parte de un cuerpo. En el cristianismo no hay «llaneros solitarios». Nosotros no nos retiramos; antes servimos como el cuerpo de Él. Nos negamos a nosotros mismos y llevamos la cruz cada día (Lucas 9:23—26).

 

   El teólogo del siglo veinte Reinhold Niebuhr escribió:

Nada que valga la pena hacerse puede alcanzarse en el tiempo de nuestra vida; por lo tanto debemos ser salvos por esperanza. No hay nada... que agote su significado en ningún contexto inmediato de la historia; por lo tanto, debemos ser salvos por fe. No hay nada que hagamos, por más virtuoso que sea, que se pueda lograr en aislamiento; por lo tanto somos salvos por amor.

 

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La predicación de la cruz

  Corintios  1:17— 25;   Corintios  4: 7;     Timoteo 3:15—16;  4:11—I6;  2ª Timoteo 4:1-5.

 

   “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1ª  Corintios 1:18).

 

   «¡Como es el púlpito, es la iglesia!». Dios no tiene sino, un único Hijo, y Él lo envió como predicador. La predicación es divina. Encuentra su origen en Dios, no en el hombre. El centro de la Gran Comisión es la predicación (Marcos 16:15—16). La iglesia comenzó, creció y siguió con la predicación (Hechos 2; 8:4—5; 10; 13; 20). La predicación hizo conversiones; las conversiones crearon mayor predicación. Cuando uno deja de predicar, deja de hacer conversiones. La predicación es lo único que usa Dios para salvar pecadores; la predicación es lo único que usa Dios para mantener salvos a los salvos. Dios aborda los problemas humanos por la predicación. Un edificio de la iglesia que haya quedado vacío y abandonado, es una señal de que la iglesia ha dejado de predicar. Llene el púlpito y podrá llenar las bancas.

 

   La iglesia jamás ha tenido tantas actividades, y a pesar de esto cada vez tiene menos predicación. La iglesia está haciéndolo todo, excepto la predicación. Un Dios que habla, exige oídos que oigan. Somos salvos por oír, no por ver (Romanos 10:13—17). La función central, primordial y decisiva de la iglesia es la predicación. Es la faceta de la adoración que representa a Dios. Debemos preguntarnos: «¿Hay mensaje del Señor?». Los hermanos cantan, oran, conviven y comulgan; pero Dios predica. ¡Algunos de nuestros hijos adultos jamás oyeron predicaciones cuando fueron jóvenes! ¡Debemos predicar el evangelio a nosotros mismos cada día, y debemos predicarlo continuamente a nuestros hijos!

   Jesús tuvo la escuela de predicación original. Él hizo predicadores a partir de Sus apóstoles. El trabajo especial de Dios es «resucitar a los muertos» (Efesios 2:1—5). A los predicadores se les dan treinta minutos cada semana para «levantar a los muertos». ¡No hemos predicado completamente a Jesús! El mundo no está oyendo, porque la iglesia no está hablando. No hay nada que ofenda más, que los predicadores que tienen miedo de ofender. ¡La iglesia debe volver a la predicación!

 

 

http://divpro.net/Espanol/images/La_Verdad_Simple.jpgPredicación de Verdad

   Hemos corrompido tanto el amor, que tenemos que decir «amor firme». Los que promocionan el amor jamás tratan de definirlo. Hemos vaciado tanto la predicación de significado que debemos decir «predicación de verdad», cuando hablamos de ella. Se necesita un «predicador de verdad» para tener «predicación de verdad». Sin una educación, ni milagros, ni un edificio de la iglesia, ni siquiera una introducción, Juan el Bautista trastornó a Israel con la predicación. Yo no preparo sermones; yo me preparo a mí mismo. ¡Solo los predicadores predican! Esta es la razón por la que la predicación es la tarea más difícil de hacer sobre la tierra. Uno tiene que hacer que oigan el mensaje, no que lo oigan a uno. Si los oyentes no oyen más que al predicador, entonces el predicador ha fallado. Después de cinco minutos, los oyentes tienen que haberse olvidado del predicador. «Métase de lleno en la predicación. Sálgase totalmente de ella». ¡La «predicación de verdad» permite a los oyentes oír la voz de Dios!

 

   Las iglesias deben ser «fábricas de predicadores». Deberíamos tener superávit de predicadores. Todo predicador debe morir al deseo subconsciente de agradar a la gente.

 

   ¿Dónde se han ido todos los predicadores? Tenemos oradores, motivadores, contadores de historias, psicólogos, actores, animadores, personajes, administradores de la iglesia... de todo, menos predicadores. La blanda dieta religiosa solo puede dar como resultado la desnutrición espiritual. Las ovejas de Dios no deberían estar muriendo de hambre a la mesa del Maestro. ¿Dónde podría predicar Juan el Bautista hoy? Cuando hagamos convertidos, no habrá escasez de predicadores.

 

   ¿Dónde podría predicar Pablo? Lea su hoja de vida:

“…sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas [...enseñando], públicamente y por las casas [... Pero no] estimo preciosa mi vida para mí mismo [...] ara dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios [...] Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios... (Hechos 20:19—35).

¡Pablo fue un predicador de verdad!

 

   Unos directores de cine analizaban películas.  Coincidieron en que las estrellas de hoy no están en el mismo nivel de las estrellas del pasado. Uno de ellos concluyó, diciendo: «Antes hacíamos películas para adultos. Ahora hacemos películas para adolescentes». ¿Podría existir una situación parecida en la iglesia? ¿Son nuestros sermones para confrontar adultos, o para agradar a los hijos? Se necesita un hombre para predicar. Absténganse los endebles de concursar. La predicación no es «cosa de niños». Por la predicación Juan el Bautista fue encarcelado y Jesús crucificado. Al predicar, Dios confronta al hombre con el pecado. ¡Esto es doloroso, pero necesario! ¡Con razón los profetas siempre fueron apedreados (Mateo 23:37)!

 

   La predicación de verdad, por sí sola, no salva. Es el contenido, el mensaje, lo que salva (1ª  Corintios 1:21). Esta no es una situación en la que dé igual escoger lo primero «o» lo segundo, antes es imperativo que se tomen en cuenta «los dos» aspectos. Tanto la predicación como el mensaje deben participar. ¡El silencio no puede salvar! El glorioso mensaje no produce ningún efecto mientras permanezca en el estante de un librero o sobre la mesa de tomar café. En Hechos, la iglesia creció cuando el evangelio se propagó. Dios habla y también actúa. Dios llama a los predicadores a hablar y a actuar para hacer que los discípulos hablen y actúen.

 

    Dios hace las cosas de modo diferente. El hombre presenta las riquezas envueltas en riquezas. Los diamantes son presentados en terciopelo por hombres que llevan guantes blancos. El glorioso evangelio (el «tesoro») es predicado por cacharros de arcilla («vasos de barro»; 2ª  Corintios 4:7). ¿Qué es Pablo? ¿Qué es Apolos? ¡No son nada (1ª  Corintios 3:4—7)! ¡Dios es todo! Como ya se dijo, este es un importante factor que hace difícil la predicación. Los predicadores deben «darle a la predicación todo lo que tienen» evitando ser el centro del sermón. Pablo dijo: «Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!» (1ª  Corintios 9:16).

 

   Una oración que se hacía en tiempos pasados, acierta cuando reza: «Que el predicador se esconda detrás de la cruz». ¡Amén! ¡La predicación es una sobrecogedora responsabilidad! Debe ser mucho más que una situación en la que un hombre agradable le sugiere a un montón de gente agradable que deben ser más agradables. Dios confronta a los predicadores en la predicación. Uno no puede construir una iglesia donde a los predicadores no se les permite predicar con audacia. Los predicadores no entran en debates; ¡los predicadores anuncian! (Hechos 20:27). Pablo escribió: «Porque el amor de Cristo nos constriñe» (2ª  Corintios 5:14a). El mundo está perdido en pecado. ¿Qué desea Dios que hagamos? ¡Que prediquemos!

 

 

 

 

 

http://spiritlessons.com/Documents/Jesus_Pictures/Jesus_171.JPGLa Predicación del Evangelio

   Dios salva al mundo por el mensaje predicado (el evangelio; 1ª  Corintios 1:21). ¿Qué es el evangelio? La mayoría de la gente cree que sabe, ¡pero en realidad son pocos lo que saben! ¿Qué es? El evangelio no lo constituyen temas a analizar, ni asuntos favoritos, ni doctrina en general, ni pasatiempos, ni credos, ni «predicación de concordia». Puede que haya verdades en la «predicación de concordancia», pero ella no siempre contiene el evangelio. Uno puede citar cientos de pasajes de las Escrituras y aún así no predicar el evangelio.

 

   El evangelio es la «visión global». En las clases de arte, uno aprende a «pintar el cielo azul primero». El evangelio es la «visión global de Dios». «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1ª  Corintios 15:3—4). El evangelio debe impregnar la totalidad de nuestras vidas. La vida crucificada es la única vida. Diga a la gente lo que Dios hizo antes de decirles lo que deben hacer. Comience con el amor de Dios por usted, no con el amor suyo por Dios. La gracia puede fácilmente hacer que haya obras, pero las obras no dejan campo para la gracia. No convierta las «buenas nuevas» en «malas nuevas». Los sermones pueden estar llenos de textos bíblicos, pero vacíos del evangelio. A la gente se le llama a obedecer el evangelio; no a obedecer la ley (2ª  Tesalonicenses 1:7—9). No puede haber «otro evangelio» (Gálatas 1:6—12). Toda predicación, en cierto sentido, debe ser predicación del evangelio.

 

   Nosotros afirmamos ser «predicadores del evangelio», pero ¿lo somos? El evangelio que Jesús trajo es lo más poderoso a venir a la tierra. ¿Quién, sino Dios, pudo convertir un instrumento de muerte en el poder magnético más poderoso del mundo? «Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir» (Juan 12:32—33). Pablo predicó un Cristo que permanece para siempre crucificado (1ª  Corintios 2:1— 2). Nosotros anunciamos la muerte del Señor hasta que Él venga (1ª  Corintios 11:26). El corazón y el alma de la predicación apostólica era la cruz. La única motivación permanente es la cruz. Cuando la cruz deja de conmovernos, nada podrá conmovernos. Los predicadores nunca deben ser «demasiado grandes» para predicar el sencillo evangelio. ¡La gente no puede obedecer un evangelio que jamás han oído! ¡Traiga pecadores a la cruz y déjelos allí!

 

 

   La gente perfecta no necesita predicación; ¡el resto de nosotros sí! Los reformistas de Inglaterra, durante el siglo dieciocho creían que el evangelio podía alterar el tejido social de Inglaterra. ¡Y esto fue lo que sucedió! ¡Habrá suficientes cristianos que lean este libro, para cambiar el rumbo de nuestra nación, si toman a Dios con seriedad! ¡Este es el sobrecogedor poder del evangelio!

 

 

http://soydondenopienso.files.wordpress.com/2007/03/pecado.jpgEl Problema del Pecado

   El evangelio es «buenas nuevas»; el pecado es «malas nuevas». Si el pecado fuera inofensivo, entonces el evangelio sería inútil. El cielo es real, pero en cierto sentido, es un beneficio complementario. La gente desea que el cielo sea como tomar vacaciones. Ningún pecado puede entrar en el cielo. El hombre está perdido, condenado en sus pecados. El hombre no necesita sencillamente ser salvo; él tiene un Salvador. ¡Nos hemos descuidado en enseñar la enormidad del pecado! El pecado nos separó de Dios (Isaías 59:1—2). ¡Dios no puede tocar el pecado! Todo lo que el pecado toca, muere. El alma que peca, muere (Ezequiel 18:4, 20). La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Los pecadores deben vérselas con sus pecados para poder comenzar a considerar el cielo. El perdón de pecados nos restituye para Dios. El cielo es donde Dios y Jesús están. Son muchos los que desean evitar el infierno, escapar del castigo, en lugar de desear ser restituidos para Dios.

 

   La Biblia habla acerca del tropiezo de la cruz (Gálatas 5:11). ¡Nada hace tropezar más a la gente que la predicación del evangelio! La totalidad de la idea que encierra la palabra «evangelio» contradice el pensamiento humano. Los judíos creían que el Mesías vendría en un corcel, conduciéndolos hacia el triunfo militar. Jesús entró en Jerusalén cabalgando un asno, con el fin de ser crucificado. El hombre no desea que le digan que hay algo malo en él. Rehúsa reconocer su estado de indefensión. Rehúsa ser un vaso de barro que carece de valor intrínseco. Una cosa es ser salvo por gracia; y otra el ser paralizado por ella. Las acciones son resultado de la gracia, pero las acciones no son sustituto de la gracia. Ningún hombre puede estar junto a la cruz y jactarse de sus propios logros. El evangelio hace añicos toda habilidad humana.

 

   Jesús es el «Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo» (Apocalipsis 13:8). ¿Un cordero? ¿De qué sirve? Esta es la razón por la que el evangelio suena bueno solamente a personas malas, pecadoras y perdidas. «El concepto antiguo de pecado» dejó de estar de moda. Debemos volver a hacer que se entienda el pecado por la predicación. ¿Qué hace que un pecador se arrepienta? ¡La cruz! Aparte de la cruz, no hay poder para morir a sí mismo. La predicación, u ofende al hombre u ofende a Dios.

 

   La cruz de vergüenza llegó a ser el trono de gloria. No confunda ser positivo con predicar la verdad. Nunca confunda nuestro deseo de que la gente acepte el evangelio con la creación de un evangelio que sea aceptable para la gente. La cruz nos pide que muramos. La única manera de vérselas con el pecado es morir a él. ¿Cómo nos atrevemos a aceptar el pecado cuando Dios ha declarado una guerra santa contra él?

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Pasión

   ¡La única manufactura humana que se encuentra en el cielo, la constituyen las cicatrices de Jesucristo! ¡Cómo se atreve hombre alguno a predicar la Pasión sin pasión! El evangelio solo puede ser predicado urgentemente y con autoridad (Tito 2:15). La predicación con pasión exige un veredicto. La cruz apela a nuestro entendimiento, a nuestras emociones más profundas, a nuestra dignidad como seres humanos y a nuestras obligaciones morales. Presenta la única manera de vivir. Lo único que Jesús da son cruces: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará» (Lucas 9:23—24; vea Mateo 16:24—25; Marcos 8:34—35).

 

   El cristianismo es esencialmente agresivo y evangelístico. Vive para refutar las religiones falsas. No está para proponer concesiones, ni para firmar tratados con ellas. El evangelio es la única religión verdadera. ¡Exige aceptación y obediencia de todos los pecadores! ¡Predíquelo!

La cruz...¡No hay otro camino!

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

  1. ¿Para qué existe la iglesia?
  2. Comente la dificultad que la gente parece tener con la idea de que los santos pecan.
  3. Reaccione a la aseveración «Como es el púlpito, es la iglesia».
  4. Defina «evangelio». ¿Qué enfoque insinúa el autor para la predicación del evangelio?
  5. ¿Qué provee el poder para que un pecador se arrepienta, o para que el cristiano muera «a sí mismo»? Explique.
  6. ¿Cuál es la diferencia entre desear que la gente acepte el evangelio y desear presentar un evangelio que la gente aceptará?
  7. ¿Cuán importante es la predicación fiel?

 

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