Ira – Cosas Relacionadas con la Cruz

 

Ira

   «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo». Es la más insidiosa herejía la que se propone, cuando creamos un Dios que nos venga a la medida. A Dios le puede destrozar el corazón el pecado (Hebreos 10:26—31; 12:28—29; la totalidad de la Biblia). El pecado más grave que puede haber es decirle a Dios cómo debe ser Él. Algunos han propuesto nuevas interpretaciones que nos dicen que Dios no tiene ira, sino angustia ¡No es así!

 

   Un Dios santo es un Dios de ira. La palabra «ira» aparece 189 veces en las Escrituras. «Ira» se usa en la Biblia aun más veces que «gracia». La gente de hoy puede encogerse de miedo ante la palabra, pero sin ira no hay necesidad de gracia. Reducir el juicio equivale a minimizar el pecado. Dios tiene ira, fiera ira, gran ira y un día de ira. El amor exige ira, pero la ira se satisface por el amor. La ira y el amor van juntos. No deben separarse. El amor refrena la ira, pero no se la traga. Dios ha hecho promesas. Algunas son positivas; otras son negativas. ¡Dios cumple ambas!

 

   Las interpretaciones modernas también sostienen que Jesús no se enojaba, que el cristianismo condena todo enojo. Lea los evangelios. ¡Jesús se enojaba! Cuando purificó el templo, Él no estaba riendo ni cantando. Dios se enoja. Pregunten a Adán y Eva, a Noé, a Babilonia, a Sodoma y Gomorra, a Ananías y Safira Romanos es acerca de la gracia, pero es aun más acerca de la ira de Dios. (La palabra “ira” aparece doce veces en el libro.) Pablo, un discípulo de gracia, usó la palabra «ira» veintiún veces. La palabra «ira» se usa más a menudo que cualquier otra palabra en relación con la ira judicial de Dios en cuanto a la culpa del pecado.

 

   ¿Por qué ira? ¡Por el pecado! La ira es enojo severo. ¿Puede Dios enojarse? La pregunta que debería hacerse es «¿Por qué no se enoja más Dios?». ¿Por qué nos soporta Dios? ¿Soportaría usted? ¿Por qué estamos vivos todavía? Es el pecado lo que Dios aborrece (Salmos 119:104). Cada vez que pecamos, hacemos lo que Dios aborrece. El pecado es enemistad con Dios, es sublevación, es insulto. Dios dio al hombre un increíble universo. El hombre lo trata con desprecio. Satanás llamó mentiroso a Dios (Génesis 3:3—5), y Eva le creyó a Satanás. Lo que Dios odia, ahora lo somos.

 

   Con el hombre, el enojo es pasión; con Dios, es principio. Hasta cierto punto, nosotros sabemos lo que el pecado hace al hombre; no tenemos idea de lo que ha hecho a Dios. Dios es el «Sufriente Supremo» del universo. El pecado clavó a Jesús en la cruz. ¡Dios tenía razones para estar seriamente enojado! Si Dios pudo permitir que Jesús fuera crucificado, ¡imagínese lo que podría hacer a viles pecadores! El hombre se enoja con quienquiera y con cualquier cosa que amenace o destruya lo que ama. Dios es infinitamente superior a nosotros en ley, justicia, ira, santidad, misericordia y bondad. Entre más pecamos, menos sabemos de ello. El pecado es contra Dios (Salmos 51:4).

No obstante, «ira» no es la última palabra de Dios. La última palabra es «perdón». El pecado imperdonable es rehusar ser perdonado.

 

Arrepentimiento

   Dios es «lento» para la ira (Proverbios 14:29; Nehemías 9:17; Santiago 1:19). No obstante, todo pecador no arrepentido y todo pecado, será castigado. Lo único que los pecadores pueden hacer, es arrepentirse. El pecado es radical. El arrepentimiento debe ser radical también. La culpa es algo serio. Al pecar, el hombre hace a Dios a un lado. Al arrepentirse, el hombre se hace a sí mismo a un lado. Los pecadores necesitan ser librados del pecado y de sí mismos. Por lo tanto, el evangelio debe ser «malas nuevas» para llegar a ser «buenas nuevas». El arrepentimiento es el mandamiento más difícil.

 

   Todos los predicadores de la Biblia, tenían un único tema: «Arrepiéntanse». Juan el Bautista tenía un único bosquejo: «Arrepiéntanse o si no verán». Jesús comenzó Su ministerio, diciendo: «Arrepentíos, y creed en el evangelio» (Marcos 1:15b). El perdón es imposible sin el arrepentimiento. Juan mandó arrepentirse a iglesias que adolecían de deficiencias (Apocalipsis 2—3). Ni siquiera Dios puede salvar pecadores si estos no se lo permiten. Es una tragedia que el mundo esté desorientado en cuanto al arrepentimiento. Hay grupos religiosos que tratan de ofrecer salvación sin verdad, sin conocimiento, sin arrepentimiento y sin obediencia. Los pecadores están bajo la ira de Dios. El mundo desea un cristianismo de blandas exigencias y que no incluya mandamientos. No confunda amor no merecido con amor incondicional. ¿Quién desea arrepentirse? Detrás de todo pecado hay incredulidad (Hebreos 3:12—19). El «arrepentimiento» (del griego metanoia) consiste en una segunda manera de pensar, esto es, en una mentalidad nueva o transformada. Las creencias deben cambiar para que el comportamiento cambie. Las vidas transformadas son fruto del arrepentimiento (Mateo 3:8).

 

   El arrepentimiento es una respuesta espontánea a la gracia (2ª  Corintios 7:9—10; Romanos 2:4). El pródigo volvió a casa con la idea de que sería un jornalero. Su mente estaba en lo correcto, pero no así su corazón. El amor del padre cambió esto (Lucas 15:17—24). Los pecadores deben odiar el pecado como Dios lo odia. Los cristianos viven en fe y el arrepentimiento.

 

 

Cosas relacionadas con la cruz

Efesios 5:21—32

«... Cristo amó a la iglesia, y se entregó a si mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra» (Efesios 5:25—26).

 

   La cruz es el único lugar donde Dios se encuentra con los pecadores. Las bendiciones de Dios se reciben bajo las condiciones que pone Dios; no bajo las que ponemos nosotros. Debemos plantar la cruz en medio de nuestros corazones.

 

   La cruz es central; las cosas relacionadas con ella son de primordial importancia. Si uno gasta dinero para comprar un traje, el bien que produce ese dinero se realiza cuando se lleva puesto el traje. La medicina puede sanar, pero no lo hace sino hasta que se toma. La medicina que queda en los frascos, es inútil. Pablo dijo: «... no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo [ni pierda su poder]» (1ª Corintios 1:17). El poder está allí, pero uno debe ponerse en contacto con él.

 

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/fe/Francisco_de_Enzinas-Nuevo_Testamento.001.jpg/310px-Francisco_de_Enzinas-Nuevo_Testamento.001.jpgEl Nuevo Testamento

   Jesús dijo: «... porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados» (Mateo 26:28). La Biblia es un libro de sangre. Son más de cuatrocientas veces que la Biblia menciona la «sangre». Trágicamente, la gente de hoy es demasiado orgullosa para relacionarse con la sangre. Es que es demasiado desagradable. El hombre no podría escribir la Biblia, y aún si pudiera, la anterior es una razón por la que no lo haría.

 

   Mucha gente cree que la cruz de Cristo fue derrota y que Su resurrección fue victoria. El Nuevo Testamento solo revela la muerte como la victoria. Hebreos 9:15—16 declara a Jesús como el mediador del nuevo pacto o testamento. Un testamento (o voluntad) entra en vigor únicamente en el momento de la muerte. Jesús tomó de Satanás el poder de la muerte por medio de la muerte. ¡La resurrección valida la muerte! Jesús ganó en la cruz. [Él anuló] el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz» (Colosenses 2:14—15).

 

   Jesús es la clave de las Escrituras. Uno puede encontrar a Jesús implícito en cada versículo. Para conocer a Jesús, lea la Biblia, no alguna obra teológica del hombre. La «Palabra Viviente» se encuentra únicamente en la «Palabra Escrita».

 

   Siempre me ha parecido cómico que a la gente se le denomine según sus opiniones religiosas. Estas denominaciones no son palabras bíblicas. ¡Yo solo deseo ser cristiano, y punto! Es una cuestión de autoridad: ¿Nos guiamos por la Biblia, o no? Yo solo deseo ser miembro de la iglesia que pertenece a Cristo... no deseo ser menos ni más que esto. ¿Le hubiera gustado ser miembro de la iglesia del siglo primero? ¡Usted puede serlo!

 

 

 

http://www.lealabiblia.com/images/LLB.jpgLa Iglesia del Nuevo Testamento

   Los evangelios se centran en Jesús; la porción que comprende desde Hechos hasta Apocalipsis se centra en Su iglesia. Jesús anunció a Pedro que Él edificaría Su iglesia (Mateo 16:13—20). Jesús compró la iglesia con Su propia sangre (Hechos 20:28). Él amó la iglesia y se entregó a sí mismo por ella (Efesios 5:22—30). Del mismo modo que un marido debe amar a su esposa, Jesús amó la iglesia y se entregó a sí mismo para presentársela como una iglesia gloriosa al final de los tiempos (versos 25— 27). Los beneficios de Su sangre se reciben en Su iglesia, por medio de Su iglesia y por Su iglesia. Uno no puede separar a Cristo de Su iglesia. El cuerpo físico de Cristo compró el cuerpo espiritual de Cristo. La iglesia es «la familia de Dios para siempre». No hay nada en la tierra que sea como la iglesia. No hay nada en la tierra que pueda hacer lo que la iglesia local hace cuando ella hace el bien. Lo único que Jesús dejó sobre la tierra fue Su iglesia. Él no murió por denominaciones hechas por los hombres. Cristo fue dado por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, que es Su cuerpo (Efesios 1:22—23; Colosenses 1:18). La unidad y la igualdad se encuentran únicamente en la iglesia de Dios. Jesús derribó la pared, reconciliando a ambos pueblos con Dios en un solo cuerpo por medio de la cruz (Efesios 2:13—22). La iglesia es una sola, no muchas.

 

   Puede que usted diga: «Pero la iglesia no puede salvar!». ¡Cierto! Cristo es el Salvador, la iglesia se compone de los salvos. Los salvos eran añadidos a la iglesia (Hechos 2:41—47). Si usted es salvo, usted ha sido añadido; si usted ha sido añadido, usted es salvo. Dios no olvida. No hay personas salvas fuera de la iglesia. Cuando uno predica a Cristo, uno obtiene como resultado la iglesia. La iglesia es universal, pero la única manera de entrar en contacto con la iglesia es por una congregación local. La iglesia local es el único lugar estable y seguro sobre la tierra.

   Hay quienes dicen: «¡Yo estoy en contra de la religión organizada!». Quienes así piensan deben entonces estar a favor de la «religión desorganizada». También he oído que se dice: «Me encanta Cristo, pero no acepto a la iglesia». Esto no es ni escriturario ni sensible. Mi más grande gozo es mi esposa. Yo prefiero que usted le pague cumplidos a mi esposa antes que a mí. Ni siquiera verbalmente me defenderé; sin embargo, ¡si hay algo de lo cual debe usted cuidarse, es de ofenderla! ¡No deseo comparecer delante de Dios habiendo ofendido la iglesia de Cristo, la esposa de Cristo! Cristo se va a presentar a sí mismo una iglesia gloriosa, que no tiene ni mancha ni arruga ni nada parecido (Efesios 5:27).

 

 

El día del Señor, La Cena del Señor

http://www.wcg.org/ESPANOL/articulos/elsignificado_archivos/image005.jpg   Jesús es el Señor. La cultura grita, diciendo: «Amor, amor, amor»; a la vez que rehúsa definir «amor». La cultura grita, diciendo: «Crea en creer». ¡Esto hace la fe una obra humana! ¿Creer qué? ¿Creer en quién? Hay quienes dicen: «No importa lo que creas; con tal que seas bueno, honrado y sincero». Si uno es «bueno, honrado y sincero», ¡entonces importa lo que uno crea! ¿Cuál es el último grito de la cultura? El último grito es decir: «Jesús, Jesús, Jesús», o decir: «Jesús es el Señor». Jesús silenció este grito. Él dijo: «¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?» (Lucas 6:46); «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 7:21). Esto es lo que Él dirá a ellos: «Nunca os conocí» (Mateo 7:23).

 

   La Cena del Señor se relaciona con la cruz. La iglesia perseveraba en reunirse cada Día del Señor (Hechos 2:42; 20:7; 1ª  Corintios 16:1—2; Hebreos 10:25; Apocalipsis 2:10). La Cena del Señor fue puesta en la asamblea. El cristiano no participa solo, para después reunirse. ¡La iglesia es salva porque la iglesia tiene un Salvador! ¡Jesús es el anfitrión, no el huésped! La Cena del Señor no es un sacramento de la iglesia que nos perdone; antes es un memorial que declara que estamos perdonados. Jesús solo tiene un mandamiento: «Sígueme». Él solo tiene una petición: «Recuérdame» (Mateo 26:26—29; 1ª  Corintios 10:16; 11:23—26). Una sola Biblia, un solo pan, una sola copa, un solo cuerpo, una sola sangre y un solo pacto. ¡La Cena del Señor cada Día del Señor! ¡El pan sin levadura y el fruto de la vid! Sería peor que un insulto, sería blasfemia, sustituir el pan y la copa con cualquier otra cosa. La iglesia que no se reúne no puede sobrevivir. Como comunidad, la iglesia tiene vida propia (Hechos 2:42).

 

   ¡La iglesia no crece en los días de asueto religioso, sino que crece en la Cena del Señor! No hacer esto equivale a hacer débil y enfermiza a la iglesia (1ª  Corintios 11:23—30). La Cena del Señor es el más grande memorial sobre la tierra. Todo miembro puede participar. ¡El centro es la Palabra, la cruz y la mesa! Los miembros se examinan a sí mismos. Los miembros «[anuncian] la muerte del Señor hasta que él venga» (1ª  Corintios 11:26). Esta es la razón por la que llevamos la Cena del Señor a los que no están en condiciones de salir de sus casas. Ellos, también, son parte del cuerpo. La Cena del Señor es una «celebración», no un funeral. ¡Es el único memorial alrededor del cual la iglesia se concentra!

 

 

 

El Bautismo

http://www.editoriallapaz.org/bautismo_foto_varon_chileno.jpg   La cruz debe ponerse nuevamente en el centro de la sociedad y no simplemente en el capitel de un edificio de iglesia. Jesús no fue crucificado en una catedral en medio de dos velas, sino en una cruz en medio de dos ladrones. Todos debemos levantarnos y preguntarnos (y respondernos): «¿Qué debo hacer para ser salvo?». Algunos insinúan que se debe pronunciar la «Oración Yo Pecador», la cual se basa en Lucas 18:9—14, cuando el publicano oró, diciendo: «Dios, sé propicio a mí, pecador». El elevar esta oración como una forma de ser salvo deja al desnudo nuestra ignorancia, nuestra deshonestidad, o ambas cosas. En esta historia, tanto el fariseo como el publicano eran hermanos judíos que estaban en el templo. Ninguno de los dos era pecador inconverso. Uno era orgulloso; el otro estaba contrito. Esta es la lección. Esta parábola de Jesús fue dicha antes del evento de la cruz, antes de la Gran Comisión, antes del evangelio, antes del libro de Hechos, antes del día de Pentecostés y antes de la iglesia. Esto no tenía que ver con la salvación. ¡Jesús no era conocido, ni fue necesario, ni mencionado en esta parábola! Jesús no se encuentra en la «Oración yo pecador».

 

   El bautismo pone en contacto a los pecadores con la cruz. En este acto entramos en contacto con la sangre de Jesús. Es el único lugar sobre la tierra donde un cristiano puede hacer esto. Por lo tanto, no debe reducirse a un ritual eclesiástico carente de significado.

 

   No hay palabra religiosa que altere más a la gente, que la palabra «bautismo». Si el bautismo no sirve para nada, ¿por qué enojarse? La verdad es que la idea de un cristiano no bautizado es ajena a las Escrituras y a la historia de la iglesia del primer siglo. El bautismo es un evento importante de la salvación. Jesús incluyó el bautismo en la Gran Comisión (Marcos 16:15—16). Los pecadores son bautizados en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo (Mateo 28:18—20). El centro del evangelio es la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo (1ª  Corintios 15:1—4). Los pecadores son bautizados en la muerte, la sepultura y la resurrección (Romanos 6:3—6; Colosenses 2:12). En el bautismo, uno recibe al Señor y es revestido de Él (Gálatas 3:26—28). En el bautismo escriturario, un pecador llega a ser cristiano (Hechos 2:38).

 

   El bautismo no es obra de mérito, sino obra de Dios. Cada pecador debe oír, creer, arrepentirse y confesar. Ninguna otra persona pudo hacer estas cosas por mí, ¡pero para bautizarme sí tuve necesidad de que otra persona interviniera! El bautismo es algo que literalmente «reciben» los pecadores. Hubo doce hombres que fueron «rebautizados por Pablo» en Éfeso (Hechos 19:1—7).

 

   El bautismo salva (1ª  Pedro 3:20—21). Los judíos del día de Pentecostés, tuvieron necesidad de ser bautizados (Hechos 2). El funcionario etíope tuvo necesidad de ser bautizado (Hechos 8:26-40). Pablo tuvo necesidad de ser bautizado (Hechos 9; 22:16). Cornelio tuvo necesidad de ser bautizado (Hechos 10). ¡Usted tiene necesidad de ser bautizado!

 

 

La Vida Crucificada

   La cruz da como resultado la vida crucificada. Esto es lo que expresa el apóstol Pablo: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí...» (Gálatas 2:20—21). No fueron seis horas sino treinta y tres años los que Jesús estuvo en la cruz. Él vivió la vida antes de morir la muerte. La salvación es gratuita, pero nos cuesta la totalidad de lo que tenemos: ¡nos cuesta nuestra vida! En el sentido histórico, Jesús ha resucitado; pero en el sentido santo, Él todavía está en la cruz. El cristianismo es una cruz; no una muleta. La iglesia llegó a existir por la cruz y vive como expresión de la cruz. Jesús nos llama a morir. Pablo moría todos los días (1ª  Corintios 15:31). Nosotros llegamos a la cruz; vivimos en la cruz. Pablo no lo pudo haber expresado mejor:

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria (Colosenses 3:1—4).

 

   El Salvador crucificado puede ser dado a conocer solamente por siervos crucificados. La iglesia puede aprender a vivir solamente cuando tiene la valentía para morir. La iglesia no debe ser nunca como el mundo que Él vino a salvar y no debe serlo más que el Cristo que murió para salvarlo. No podemos beber la copa del Señor y la copa de los demonios (1ª  Corintios 10:21). Toda la Biblia que uno tiene es la que uno vive.

Dé a Dios la primera hora del día.

Dé a Dios el primer día de la semana.

Dé a Dios la primera porción de su pago.

Dé a Dios el primer lugar de su corazón.

 

   Cuando uno menoscaba el libro de la sangre, la iglesia comprada por sangre, la Cena del Señor que es para hacer memoria, o el bautismo, no queda nada que le ponga en contacto con la cruz. Trágicamente, ¡no hemos predicado completamente a Jesús!

La cruz... ¡no hay otro camino!

 

 

 

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y ANÁLISIS

  1. ¿Cómo «crea» la gente un dios o unos dioses que se adaptan a sus necesidades y deseos?
  2. ¿Está usted de acuerdo con la forma como se presenta a Dios? Explique.
  3. Comente el significado y la importancia del «arrepentimiento».
  4. ¿Qué significa estar «en contacto» con la cruz?
  5. ¿En qué se centran los evangelios? ¿En qué se centra la porción que va de Hechos a Apocalipsis?
  6. Comente la importancia de la iglesia local.
  7. ¿Cómo está relacionado el bautismo con la cruz?
  8. ¿Cómo está relacionada la Cena del Señor con la cruz?

 

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