El poder para guardarse de la corrupción

(2ª  Timoteo 3:10-17)

 

(Lección 9)

 

   Pablo acababa de poner en una lista, de modo gráfico, los tipos de corrupción de las que debemos tener cuidado en los principios y en las personas. Era obvio que Timoteo no iba a ser más capaz que Moisés para escapar de la oposición. Tampoco lo seremos nosotros. Podríamos preguntarnos, y es probable que también Timoteo se lo preguntara:

“¿Cómo podremos evitar a los que viven resistiendo a la enseñanza de Cristo?”.

 

EL PODER DEL EJEMPLO DE PABLO (vv. 10-13)

   Timoteo y Pablo habían “seguido” el mismo modo de conducta. Esto fue lo que Pablo dijo: “Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos…” (3:10-11).  Pablo resumió en una sola frase lo que Timoteo necesitaba seguir: “mi doctrina”. La doctrina que Pablo enseñó es la que pasará la prueba (vea 1ª  Timoteo 4:16; 2:7; Romanos 9:1; 2ª  Corintios 2:17).

 

   La manera como esa doctrina se aplica en nuestras vidas es algo que se evidencia en la “conducta”3 de Pablo. ¡Cuánto mejor es cuando otros aprenden, no sólo por lo que uno les enseña, sino también por lo que uno hace! (vea Hechos 1:1; 1ª  Corintios 11:1).

 

   Pablo enseñó y vivió como lo hizo, porque él tenía un “propósito”.’4 El manifestó repetidas veces que su meta era cumplir con la voluntad de Dios que se le había encomendado (2ª  Corintios 5:7- 11; Gálatas 1:10-12). Su propósito en la vida podía ser alcanzado por medio de los siguientes rasgos:

 

“Fe”. (Vea 1:12; 1ª  Timoteo 1:12,18-19; 2ª  Corintios 5:7). Esta fe le permite a uno ver lo invisible, conquistar lo inconquistable, y atreverse a confiar en lo que es imposible para el hombre (Hebreos 11:1-3; 1ª  Juan 5:4).

 

“Paciencia”.  Son muchos los que van a estar en el cielo porque Pablo no abandonó a los hermanos ni permitió que los padecimientos lo apartaran del servicio piadoso que prestó por la causa de Cristo (Filipenses 3:7-17).

 

“Amor”.  Esta fabulosa palabra ofrece muchas aplicaciones en los diferentes contextos en los que se encuentra en el Nuevo Testamento. El amor del que Pablo hablaba era del tipo que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta y nunca deja de ser (1ª  Corintios 13:4-7). ¡Cuán gran fortaleza para Timoteo y para nosotros!

 

“Perseverancia”. ¡Este rasgo es el resultado natural de la fe, la paciencia y el amor! Pablo había sufrido muchas “persecuciones” y “padecimientos”8 por Cristo. Una reseña de sus cicatrices y luchas nos deja maravillados de su espléndido espíritu:

¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces, en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias (2ª  Corintios 11:23-28).

 

¡Cuán gran aliento para Timoteo y para nosotros a “seguir adelante!”.

Timoteo tenía conocimiento de los padecimientos que Pablo había tenido en ciertos lugares geográficos específicos: “en Antioquía, en Iconio, en Listra” (3:11; Hechos 14:19-21; 16:1-3). Él no podía pasar por alto la conducta de Pablo durante tales padecimientos: Pablo no sólo había padecido, sino que también había “sufrido”.’9 Pablo se mantuvo erguido debajo de una montaña de estrés, ayudándole a Timoteo ya muchos de nosotros a no caer bajo el peso de la iniquidad que nos puede sobrevenir (Santiago 1:2-4; 1ª  Pedro 1:6-9).

 

   No tenemos que adivinar cómo fue que Pablo pudo sostenerse en lo que hizo. El mismo reveló la manera como su “espíritu de sufrimiento” funcionó, cuando dijo: “de todas [las persecuciones] me ha librado el Señor” (3:11).

 

   El anuncio de que los padecimientos no cesarán (3:12) prueba cuán práctico es repasar este material. Las palabras de Pablo no sólo expresan que la persecución será inevitable, sino también que ésta será más extendida. Dijo que “todos” padecerán persecución (Mateo 5:10-11; 24:9-14; Hechos 7:52). Esta palabra se refiere a los que quieren “vivir piadosamente”, en contraste marcado con los que tienen “apariencia de piedad” pero niegan la eficacia de ella (3:5).

 

   Pablo dijo que son los “piadosos” los que van a sufrir. Además, la palabra “vivir” no significa simplemente existir en algún lugar. Se trata de la palabra griega zao, cuyo significado está cargado de vitalidad y vigor. Por lo tanto, este estilo de vida se atreve a constituirse en la sal que sazona la sociedad y la luz que disipa las tinieblas, allí donde la verdad expone el error y se yergue como defensora de la justicia (Mateo 5:13-16; Efesios

5:6-8). El estilo de vida incorrecto lleva a la insensatez y a ser esclavo de la carne.

 

Resulta acertado aquí aquel dicho que dice: “Se me dijo: ¡Animo! ¡La situación podría ser peor!.  Así que me animé, ¡y la situación en efecto, empeoró !“. En esta vida nunca dejará de haber malos hombres” (3:13).

 

   A los malos se añaden “los engañadores”.  Estos tipos iban “de mal en peor”.  ¡No hay duda de que esta frase describe a los que van cuesta abajo por el camino que escogieron, sólo que escogieron el camino incorrecto!

Estos hombres estaban “engañando” y siendo engañados. He aquí el clásico ejemplo de uno que siega lo que ha sembrado (Gálatas 6:7-8). El participio activo muestra que ellos eran los autores del engaño, y el participio pasivo muestra que eran objeto de engaño —¡de modo que estaban recibiendo una dosis de su propia medicina!

 

   Los resultados eran doblemente malos, porque todos estaban siendo engañados. ¡Cuán trágico es que este tipo de conducta continúe, y cuán cierta ha sido la profecía de Pablo!

 

LA PODEROSA INFLUENCIA DE UNA BUENA EDUCACIÓN (vv. 14-15)

   Es manifiesto el contraste que introduce para Timoteo la palabra “Pero” (3:14). De él no se esperaba que fuera mal hombre ni engañador. No se esperaba que fuera “de mal en peor” ni que engañara ni fuera engañado. ¿Qué se esperaba de Timoteo?

 

El encargo

   En contraste con el comportamiento maligno de aquellos hombres, esto fue lo que Pablo le encargó a Timoteo: “persiste26 tú en lo que has aprendido y te persuadiste”. Se refiere a las cosas que Timoteo había aprendido, primero de su madre y de su abuela (1:5), y después de Pablo (1:6; 2:1-2).

 

   El encargo valía, pues Pablo también suministró la causa: “en lo que has aprendido y te persuadiste”’ (3:14). ¡Cuán hermoso es estar tan bien relacionado con Dios, con su palabra y con sus promesas! Aun cuando suframos por su causa, podemos estar plenamente seguros de que al final la victoria será nuestra (Hebreos 11:1-12:1; Romanos 8:31-39).

 

La confianza

   La confianza en sí, para Timoteo y para nosotros, descansa sobre el fundamento que constituye la idea expresada por la palabra “sabiendo”. No existe palabra con más fuerza para referirse a esta idea que la empleada por Pablo aquí.

 

   Esta clase de “conocimiento cierto” se había cultivado en Timoteo por dos razones: Timoteo había aprendido de destacados maestros. ¡Qué mejores maestros que una madre y abuelas piadosas, y el apóstol Pablo (3:14; 1:5-6; 2:2)!

 

   Él había pasado la prueba del tiempo: “... desde la niñez has sabido...” (3:15). He aquí, nuevamente, aquella fuerte palabra del griego, oida. Este profundo conocimiento se había acrecentado mediante las difíciles pruebas y aplicaciones que Timoteo había experimentado a través del tiempo. Un principio o idea que funcione en una ocasión puede no funcionar e incluso resultar insensata para aplicarse en otra. ¡La palabra de Dios, cuando es correctamente aplicada, jamás falla! ¡Desde su niñez, Timoteo había estado profundamente impresionado con la confiabilidad de ella!

 

   De allí que, a Timoteo se le hubiesen enseñado verdades conocidas por parte de maestros conocidos.

 

Tenía toda la confianza puesta en ambos. ¡Cuán gran bendición es la de aquellas personas que gozan de un legado de aprendizaje de tal extensión

—conociendo la verdad desde la niñez! Este ha sido siempre el propósito de Dios en cuanto a la instrucción espiritual. ¿Le brindaró usted esta gran experiencia de aprendizaje a los que le rodean, aun cuando todavía son niños?

 

Las consecuencias

   Son buenos los frutos que produce el conocimiento de “las Sagradas29 Escrituras”. Pablo nos informó brevemente acerca de las posibilidades

—dijo: ellas “te pueden hacer sabio para la salvación”. Las Escrituras se presentan aquí a través de lo que pueden hacer: Dice que hay algo que ellas “pueden” hacer. Esto es lo que Hebreos 4:12-13, dice:

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

 

   Note el producto de lo que pueden hacer: “te pueden hacer sabio”.  Esta sabiduría se relaciona con el resultado final. Los escritos sagrados llevan a los hombres a “la salvación”.  ¡Las Escrituras pueden devolvernos la salud espiritual y preservarnos de la muerte eterna! ¿Cuánto no ha pagado la gente por beneficios de muchísimo menor valor? Los hombres deben reconocer el rico tesoro que tenemos en los escritos sagrados de Dios. Inspfrese profundamente con estas palabras del himnólogo, L.O. Sanderson:

 

El precioso libro divino

¡Cuán precioso es el libro divino, por inspiración dado!

Resplandece cual lámpara cuyos preceptos irradia, para guiar mi alma a los cielos.

Esta lámpara, a través de todo el tedio de la noche que es la vida, es la que guiará mi camino,

Hasta que contemple la luz más clara de un eterno día.

¡Santa Biblia, libro divino! ¡Tesoro precioso, eres mío!

Lámpara es a mis pies, y luz en mi camino, para guiarme salvo a casa.

 

   El estar conscientes de las posibilidades que hay disponibles para nosotros a través de la Biblia, debería desarrollar en nosotros un genuino deseo de conformarnos al plan divino: “la fe”. Son muchas las bendiciones que vienen “a través de la fe” (vea Efesios 2:8; Gálatas 3:26-27; Colosenses 2:12; Filipenses 3:9; Hebreos 6:12; 11:3, 11, 28, 33, 39; 1ª  Pedro 1:3-5).

 

   Ese plan obra a través de Cristo, y nos deja situados “en” él. El es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6; Hechos 4:12; Efesios 1:3-14). Separados de él nada podemos hacer, pero a través de él podemos hacer todo lo que Dios quiere que hagamos. El proceso mediante el cual se salva el hombre se realiza a través de la fe en Cristo y la obediencia a éste ya sus mandamientos (Juan 3:16; Marcos 16:15-16; Hechos 22:16; Hebreos 5:8-9), pues Cristo es aquél a quien Dios ha provisto para tal salvación (1ª  Juan 2:1-2; 4:14).

 

LA PODEROSA INFLUENCIA DE LAS ESCRITURAS (vv. 16-17)

   Las tres frases, mediante las cuales Pablo le rinde un glorioso homenaje a las Escrituras en 3:16-17, deberían darnos en qué pensar, llenarnos de agradecimiento, y orientarnos a ciertas metas.

 

Las Escrituras provienen de Dios

   Necesitamos recordar que las Escrituras provienen de Dios. Esto fue lo que Pablo dijo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (3:16; vea 2ª  Pedro 1:20-21; Efesios 3:3-5). Las Escrituras no son el resultado de una empresa humana ni de una decisión canónica. Tampoco son un documento eclesiástico ni el decreto de un concilio. Las Escrituras provienen de Dios. Fueron dadas por Dios, y la verdad contenida en ellas estará firme (vea 2:19) aun cuando los cielos yla tierra hayan pasado (Mateo 24:35; Juan 12:48; Isaías 55:8-11). ¡Lo hecho “por Dios” no lo podrán hacer los sínodos humanos ni los concilios que determinan el canon! ¡Fue Dios quien lo hizo!

 

Las Escrituras son un regalo

   La palabra de Dios es un regalo precioso porque es “útil”. Es posible que con esta alegación, que hace la Biblia de sí misma, se esté quedando cortísima. Cuando se toma en cuenta la necesidad humana (Romanos 3.23) y el plan de redención de Dios (Efesios 2.1—8), las palabras resultan insuficientes para expresar la grandeza del mensaje del evangelio. Las Escrituras son útiles y también completas. Nos benefician de cuatro singulares maneras:

 

1.   La palabra de Dios brinda dirección porque es útil para “enseñar”. Nuestra redención está engranada con “el hombre” y “el plan”, con la persona y sus preceptos (Hechos 4:12; Juan 8:31- 32; 2ª  Juan 9; Romanos 1:16-17).

 

   El hombre no sabe cómo ordenar sus pasos (Jeremías 10:23). Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte (Proverbios 14:12). ¡Es obvio que necesitamos la enseñanza de las Escrituras para que se nos ordenen nuestros pasos!

 

2.   Las Escrituras también son útiles para descubrir o “redargüir”. Debe enderezarse lo que está torcido, de lo contrario, se estará haciendo burla de la cruz de Cristo (Santiago 1:21-25; 1ª  Juan 2:1-2). La Biblia es la herramienta que hace salir a la luz nuestro error y la que declara nuestra culpabilidad con el fin de apartarnos de los malos caminos (Hebreos 4:12-13; Romanos 7:7; Tito 1:9-10).

 

   Esto es lo que alguien aseveró acerca de la palabra de Dios: “Por cada minuto que la leo ella elimina un pecado o deja entrar una virtud para combatirlo”. Las Escrituras nos brindan la perspicacia necesaria para detectar nuestros pecados y debilidades, y nos estimulan a entregar nuestras vidas al servicio de más nobles causas.

 

3.   Las Escrituras son buenas para la disciplina o para “corregir”? Una vez que las Escrituras nos han declarado culpables de pecado, ellas nos señalan el camino de la restauración mediante directrices en el sentido de buscar la santidad (vea 1ª  Pedro 1:22-2:2). El Señor se atreve a disciplinar, y su palabra es la plomada (Amós 7:7-8) o norma, con la cual se dirime toda cuestión (2ª  Juan 9).

 

4.   Las Escrituras son útiles para el crecimiento porque en ellas hay poder para “instruir en justicia”. Es fácil ver que esta palabra significa algo más que “decir”. Tiene que ver con la instrucción y esa instrucción incluye todo el proceso mediante el cual uno es moldeado y estabilizado hasta llegar a la madurez. La madurez en este caso es la “justicia”.

 

   ¡Las Escrituras nos guían en nuestro paso del pecado a la santidad, de la inconstancia a la fe, de una vida de maldad a una vida en la que se es

participe de la naturaleza de Dios!.  ¡La verdad nos transporta y nos transforma!

 

La meta de las Escrituras

   La meta de las Escrituras es que el hombre de Dios sea perfecto” (3:17). Cuán gran empresa es ésta cuando se une con la de hacer “toda buena obra” (vea Mateo 5:16; Efesios 2:10; Tito 2:11-14).

 

   ¿Quien estará capacitado para tal empresa? ¡Ninguno de nosotros lo está! Gracias a Dios que nuestra fortaleza procede de él (Efesios 6:10-13), y él trabaja junto con nosotros y dentro de nosotros (1ª  Corintios 3:9; 2ª  Corintios 3:5; 9:8-11; Filipenses 2:12-16, esp. v. 13; 2ª Timoteo 2:1). Los ingredientes necesarios no proceden de nosotros, por el contrario ¡hemos sido “preparados”!.

 

   Dios se pone a trabajar toda su gracia, con el fin de que nosotros podamos crecer y llevar sus buenas nuevas, ser activos en toda buena obra.

 

¿No es ésa la misma conclusión a la que Pablo llegó en su primera carta a Timoteo (1ª  Timoteo 4:16)?

 

EN RESUMEN

Un resumen oportuno para este capítulo fue lo que hizo Ronald Ward:

La Escritura es inspirada y útil para que el hombre de Dios, quien sea y en una instancia dada, pueda ser perfecto. El principio se aplica a Timoteo y a cualquier otro hombre de Dios. Dela palabra perfecto podemos inferir que no se refiere a su propia perfección individual, sino a que no carecería de requisito alguno para el ministerio.  El propósito es que el pueda adaptarse al deber que se le presente delante de sí. Distará mucho de ser una clavija “filosóficamente cuadrada” tratando de insertarse en un hoyo

“religiosamente redondo”, cuando trate de zambullirse en las Escrituras. De modo que estará preparado, tendrá un “acabado”. No sólo estará preparado (vea 2:21), sino también capacitado.

 

   ¡Silo anterior deja completo al hombre de Dios, el capítulo 4, le asignará a cada soldado de la cruz una poderosa empresa a la cual acometer!. Fin

 

 

 

 

 

 

 

Los 7 bloques de construcción para la crianza de los niños

 Timoteo 3:14-15.

 

La causa:

la salvación por la fe que es en Cristo – Jesús- (v. 15)

 

La culminación:

“... hacer sabio para...”(v. 15)

 

El currículo:

Las sagradas

Escrituras las cuales te

pueden... (v. 15)

 

La confianza:

“... y te persuadiste...”

(v. 14)

 

El curso trazado

desde la cuna:

“... y que desde

la niñez has

sabido...” (v. 15)

 

La característica:

—la continuidad:

“... persiste tú

en lo que has

aprendido...”

(v. 14)

 

Los instructores:

“... sabiendo de

quien has

aprendido...”

(v. 14)