El estándar y el estilo de vida del cristiano

(2ª Timoteo 2:19-26)   Lección  7

 

 

   Los fracasos de los seres humanos, sus pleitos y los trastornos que causen no podrán conmover el firme “fundamento de Dios” (2:19). Este firme fundamento ha sido identificado por diferentes hombres: 1) como los elegidos,  2) como Cristo mismo, 3) como la iglesia, y 4) como las verdades divinas de Dios, por las cuales los hombres son santificados. Según lo determina el contexto de este versículo, la idea correcta deberá ser la tercera o la cuarta. Si la tercera es la correcta, la iglesia será el fundamento en el sentido ideal (no el real, tal corno en 1ª  Timoteo 3:14-15; Efesios 5:25-26; Lucas 1:33), pues en este mismo contexto se expone a algunos de la iglesia que contendían sobre palabras y que hablaban vanas y profanas palabrerías, además de que trastornaban las almas. Una caracterización de la iglesia, como la anterior, la muestra tambaleante e inestable, antes que “firme”.

 

   ¿A qué se refiere el calificativo “firme” en este contexto? Se refiere al majestuoso mensaje dado por Pablo a Timoteo, el cual él quería que éste a su vez se lo transmitiera a “hombres fieles” (2:2) —una palabra, la cual no puede estar “presa” (2:9), que da origen a la salvación “con gloria eterna” (2:10), y que lleva a las almas a ser aprobadas delante de Dios cuando es usada bien (2.15). Esa es la semilla del reino (Lucas 8:10-11) y es el fundamento de Dios que no se tambalea, sino que “está firme”.

 

   El fundamento de Dios tiene un “sello”. Hendriksen hizo un buen análisis de la forma como la palabra “sello” se usa en las Escrituras:

 

Ahora, un sello puede ser señal de autoridad yen tal caso servir de protección o por lo menos de advertencia en contra de cualquier intento por abrir a la fuerza lo sellado. Así, la tumba de Jesús fue sellada (Mateo 27:66). Reiterándolo, un sello puede ser una señal de propiedad. “Ponme como un sello sobre tu corazón” (Cantares 8:6). 0 puede servir para autenticar un decreto legal o algún otro documento, certificando y garantizando su carácter genuino. Así, el decreto del rey Asuero fue sellado (Ester 3:12; vea 1ª  Corintios 9:2.

 

   Cuando el “sello” se asocia con la “semilla del reino”, es decir, con la palabra de Dios, las definiciones parecen confiables, pues la palabra de Dios puede en verdad protegernos (Mateo 4.1—10; Romanos 1.16; Efesios 6.17). Ella declara a los que son del Señor (Romanos 8.16—17; 2 Juan 9), y también declara que uno es genuino y auténtico (Juan 8.31).

 

LA FUENTE Y ESENCIA DE NUESTRO ESTILO DE VIDA (v. 19)

Pablo dio a conocer la fuente cuando escribió: “Conoce el Señor los que son suyos” (2:19). Dios nos compró; somos sus valiosas posesiones.

 

   Podemos ser suyos por causa de su gracia y bondad. Las oportunidades que tenemos de creer (Juan 6:29; Romanos 10:17), de arrepentimos (Hechos 11:16-18; Romanos 2:4), de ser bautizados en Cristo (Romanos 6:3-4; Gálatas 3:26-27), y de formar parte de su cuerpo, la iglesia (1ª  Corintios 12:13; Colosenses 1:18), vienen a través de la palabra que el Espíritu nos dio a través de hombres inspirados.

 

   Dado que nuestro estilo de vida es hechura de Dios, nosotros debemos “[apartarnos]40 de iniquidad” (2:19). Si no nos apartamos de la iniquidad, Dios lo sabrá. El sabe que hay algunos que abandonan a su pueblo (Hebreos 6:4-6), y también sabe que algunos serán echados algún día del reino (o iglesia; Mateo 13:47-50; 21:33-46; Lucas 13:23-30). Algunos creerán que ellos son del Señor, cuando en realidad el Señor no lo cree así (Mateo 7:20-23). ¡Él nos conoce! Tenemos que tomar la decisión de apartarnos de iniquidad hoy, porque de lo contrario, algún día, él nos “apartará” a nosotros y no nos reconocerá como sus hijos, lanzándonos a un destino no deseado, por toda la eternidad.

 

LAS CLASES DE ESTILOS DE VIDA (v. 20)

   Cuando transgredimos la ley de Dios, le deshonramos a él (Romanos 3:23). El nos diseñó para un propósito mejor que éste, nos creó a su imagen (Génesis 1:27-28), para que fuéramos como él (Mateo 5:48; Santiago 1:18; 2ª  Pedro 1:3-4). Lo que debería preocuparnos realmente, no es si somos utensilios de oro, de plata o de madera. Jesús murió por todas las personas (2ª  Corintios 5:14-15), y muchas figuras de lenguaje declaran que Dios está consciente de que hay unos que pueden hacer más que otros (Mateo 25:14-30; 1ª  Corintios 12:12- 27). Dios quiere a los miembros que son más frágiles y los considera “necesarios”. Su poder y su gracia son perfeccionados en la debilidad (2ª  Corintios 12:7-10). Todas las personas tienen el potencial de ser suyos y de ser partícipes de la eternidad con él, en sus muchas mansiones. ¡He aquí, cuánto nos ama él!

 

   La verdadera prueba en cuanto a las “clases” es si somos o no utensilios de “honra”. Los hijos pueden honrar a los padres (Efesios 6:1-3), y los esposos a sus esposas (1ª  Pedro 3:7). Por encima de todo, las personas deben honrar a Dios y a su Hijo.

 

   En contraste marcado con lo anterior está el hecho de que podemos ser culpables de deshonra”. Dios nos diseñó a su imagen, por encima de los animales (Génesis 1:26-28); pero si nos convertimos en hijos del diablo (Juan 8:43-44), entonces ¡seremos peores que los animales de comportamiento cruel y más abominables que un cuerpo muerto! ¿Honra a Dios su estilo de vida, o lo deshonra?

CÓMO HACER AJUSTES EN NUESTRO ESTILO DE VIDA (vv. 21-26)

   Aunque nacimos para vivir en un mundo de pecado, no seremos condenados por causa del lugar en que nacimos. Más bien, la condenación le sobrevendrá a aquellos que rechacen a Cristo, quien pagó el precio para librarnos del pecado, soltándonos de nuestras prisiones y cadenas. Si el rebelde no sale de la prisión que se ha autoimpuesto (el pecado: Romanos 3:23), estará pasando por alto y rechazando la gracia y la salvación que le extiende Cristo (Juan 3:16; Hebreos 5:8-9).

 

   Pablo determinó el método por el cual nos levantamos por encima de nuestro error; dijo: “... si alguno se limpia de estas cosas,...” (2:21). El limpiamos nos capacita para llegar a ser instrumentos para honra (la misma palabra que se usa en 2:20). Esto nos convierte en personas de valor para Dios. El valor que tenemos para él es algo que se evidencia en el hecho de que su hijo muriera por cada uno de nosotros.

 

   Podemos ser “santificado[s]”.  El énfasis de esta idea está en que lo que él hace por nosotros es lo que nos capacita para llegar a ser instrumentos de honra.

 

   Una vez santificados podemos ser “útil[es] al Señor”. ¡Cuán maravilloso sería que cada uno de los miembros de la iglesia se relacionara con la gracia y misericordia del Señor de forma tal que a éste se le facilitara el utilizar a cada uno! Ya sea por su poder transformador o por la índole de su pueblo al seguir sus pisadas, cada uno podría ser feliz y ventajosamente empleado (Juan 13:17; Efesios 4:15-16). ¿Es fácil para el Señor utilizarlo a usted?

 

   A través de él podemos estar “dispuesto[s] para toda buena obra”. ¡Aspire profundamente las verdades que se enseñan aquí, hasta que usted vea su lugar y la importancia que tiene para el servicio de Dios! ¡Usted puede ser un instrumento importante!

 

   La forma como nos separamos se puede apreciar en el llamado en el que se le dice a Timoteo: “Huye también de las pasiones juveniles”.

 

   Huimos del peligro cuando éste es real y está cerca. ¡El pecado y las pasiones que traen consigo la muerte (Santiago 1:14-15) son muy reales y siempre están cerca!

 

   El estándar nos da algo enriquecedor y edificante que merece ser procurado y a lo cual a Timoteo se le dice “sigue”. ¿Qué es lo que hemos de seguir? Pablo dio una lista de cualidades, tras las cuales hemos de seguir, juntamente con los frutos de ellas:

 

 

CUALIDAD           LO QUE AFECTA                        ASPIRACIÓN

                             LO QUE OFRECE                       FRUTO

 

La justicia            La conducta                                Servicio espiritual

                            Mateo 7:12

                            Rom. 12:20-21

 

La fe                     Confianza                                   Fortaleza Espiritual

                             Hebreos 11:1

 

El amor                Preocupación                              Ánimo para servir

                            Por los demás

                            (1ª Cor. 13:1-8)

 

La paz                  Consuelo                                     Solaz espiritual

                            Contentamiento

                            Fil. 4:4-13

 

Un corazón          Acompañamiento                         Satisfacción social

Limpio                 Rom. 12:10; Gál. 6:10

 

 

   Examine esta lista cuidadosamente. ¿Qué cualidades debe usted seguir con más diligencia?

 

   El tipo de error que debe evitarse es de dos dobleces, incluye cuestiones “necias” e “insensatas” (2:23; vea 1ª  Timoteo 6:4). Hay varias maneras como uno se puede comportar “necia [mente] Un buen ejemplo de ello es Elí, el sacerdote. En 1ª  Samuel 2:29; 3:13-14; 5:18, hallamos cinco cargos que Dios le formula a Elí por su actitud hacia la palabra de Dios. ¿Es usted crítico de los caminos de Dios o de sus mandamientos para la adoración?

 

   Pablo habló acerca del que se detiene en cuestiones “insensatas”. Esta pobre alma no sabe, y no sabe que no sabe. ¡Es un niño! Necesita que se le enseñe (Hebreos 5:11-14).

 

   La jerga necia e insensata engendra las “contiendas” (2:23b; 1ª  Timoteo 6:3-5). La palabra del griego que se traduce por “engendran” (del griego:

geínao) es la misma que se usa para referirse a dar a luz. Las cuestiones necias dan a luz las “contiendas”.

 

   Cuando los cristianos caen en la trampa de tal conducta, es porque algo anda mal. No dará el fruto de la verdad. ¡El que busque la verdad en estos lares se habrá equivocado de puerta!

INSTRUCCIONES PARA TRATAR CON LOS QUE ANDAN EN EL ERROR (vv. 24-26)

   Pablo, después habló acerca del cristiano al que se le pide que “corrija” a los que se oponen a la verdad. Estos pueden llegar a ser “los corregidos”, mediante el arrepentimiento, tal como lo concede el “comandante”.

 

   El que corrige, designado aquí como el siervo del Señor (2:24), debe tener varias características, las cuales se mencionan específicamente:

 

1.   Amabilidad. Este espíritu contrasta con el del pleito o la contención. El pleito nace de la naturaleza maligna de uno (2:23).

 

2.   Aptitud para enseñar. Esta característica es vital para tratar las almas impenitentes que se describen en este contexto. La clase correcta de maestro puede hacer salir, amorosamente, a alguien de sus caminos inicuos. La enseñanza es mucho más que “presentar una lección a cualquiera que asista”; es llenar las necesidades de otros en situaciones específicas, tal como un doctor que podría prescribirle cierta medicina a una persona para que la tome.

 

3.   Paciencia. Cuando se practica esta virtud, llega a ser una poderosa herramienta para quebrantar el espíritu obstinado. Esta es la forma como uno puede vencer con el bien el mal.

 

4.   Mansedumbre (2:25). Esta es una cualidad fuerte, que cambia la vida, la cual se define como poder sometido bajo control. Más que una actitud de ceder, esta cualidad edifica e inspira a otros.

 

5.   El corregir a los que se oponen conlleva la instrucción y la preparación —tanto para demostrarlo, como para decirlo. Las advertencias y la reprensión son necesarias cuando hacen caso omiso de las instrucciones. Hasta puede llegar a ser necesario el castigo. Todo esto debe ser aplicado por uno que sea manso, sufrido y hábil para enseñar.

 

   ¿Cuánta de esta clase de acción ha sido puesta en práctica por esta clase de siervos dentro del cuerpo de Cristo para con los que andan en el error? ¿Cuántos hay que han llenado los requisitos para servir en tal calidad? ¿Cuántos podrían ser restaurados si tuviéramos tales siervos?

Todo este proceso depende de la certeza de que Dios les “conceda” que se “arrepientan” a los rebeldes (2:25). Trae a la mente lo que dice 2ª  Pedro 3:9: “El Señor... es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

 

El comandante desea que los rebeldes y los inicuos “escapen del lazo del diablo (2:26) y regresen” a casa (Lucas 15:11-24).

   El arrepentimiento debe ser genuino. Solamente el conocimiento de la verdad nos liberará de nuestras necedades. El hombre la necesita, y Dios la quiere para nosotros. ¡Todo evangelista debe trabajar en espíritu de oración a través de la verdad y el amor para ayudarles a otros a alcanzarla!

Los corregidos habían vuelto “en sí” (2:26). Toda la gracia de Dios, todo el amor de Cristo, todo el poder del evangelio, toda la bondad de los cristianos que alcanzan a otros con las buenas nuevas, no servirán de nada, a menos que los pecadores atiendan al llamado. La condición de éstos era que habían estado atrapados en “lazo” del diablo. Las tentaciones nos llegan de muchas formas. Realmente debemos estar vigilantes (1ª  Pedro 5:8; 1ª  Corintios 16:13).

 

    Los que se oponen a la verdad han equivocado el camino a seguir, “están cautivos57 a voluntad [del diablo]”. Muchos “cautivos” del diablo viven y andan por todo lado. Pablo habló de la viuda que viviendo está muerta, en 1ª  Timoteo 5.6. El proceso es sutil pues el diablo seduce (Juan 8.44; Efesios 2:1- 6). El diablo puede vencer a personas cuya resistencia no es lo suficientemente grande o que ceden para ser sus víctimas cautivas. Son muchos los que han caído de tal modo. ¡Cuán triste —pero cuán real!

 

   Démosle gracias a Dios por habernos concedido que nos arrepintiéramos (Hechos 11:18). Cuando un pecador se arrepiente, el gozo viaja toda la distancia que hay desde la tierra hasta llegar al cielo (Lucas 15:3-7).

 

EN RESUMEN

   Considere todo lo que Pablo ha reseñado en cuanto a la vida y el Señor en el capítulo 2. ¡Tenemos profunda necesidad de que todo soldado marche por el Maestro, que use bien el mensaje de Dios, hasta que la gente conozca qué debe evitar, qué alcanzar, de qué huir, y qué seguir! Fin