El estándar y el error doctrinal

(2ª Timoteo 2:14-18)  Lección  6

 

   Estos fueron los aspectos en los que se le hicieron advertencias a Timoteo: enseñar de forma incorrecta, avergonzarse de ser el mensajero u obrero de Dios, y dar el mensaje incorrecto. Es una tragedia que los tres problemas anteriores continúan existiendo en medio del pueblo de Dios de hoy día.

 

LA FORMA INCORRECTA (v. 14)

   Pablo dijo que hay dos modos como la enseñana puede hacerse de forma errada (2:14). Hay algunos que “[contienden] sobre palabras”, lo cual para nada aprovecha. Los esfuerzos de tales hombres desperdician e incluso causan daño. ¡Pablo dijo que tal comportamiento “para nada aprovecha”, que “es para perdición de los oyentes”! Estas almas acaban por ser arruinadas o destruidas—incapaces de cumplir con los propósitos loables y espirituales que se dan en Tito 2:11-12. El error básico aquí, no está en el mensaje, sino en la motivaciones y maneras erradas como se llevan cabo el estudio y las deliberaciones.

 

LA FORMA CORRECTA (v. 15)

   En el versículo 15, se nos insta a usar el mensaje de Dios correctamente. Pablo describió una forma positiva de usar la palabra de Dios, la cual consta de cinco etapas.

 

1. Debemos tener “diligencia”. ¡El estudiante de la Biblia que se precie de serio, no dejará la preparación para unos minutos antes de que comience la clase! Estamos hablando de un estudiante ávido, determinado, que hurgará en la verdad con ansias de saber!

 

2. Para presentarnos “a Dios aprobado[s]”.  Cuando el estándar es la palabra de Dios y la prueba se toma delante Dios, ¡presentaremos credenciales que serán dignas de la mayor alabanza! Lo que nos motiva es el deseo de agradar a Dios. Esta forma de estudiar guarda un paralelo con los principios espirituales que rigen el servicio a los demás y que Pablo describe en Colosenses 3:22-23.

 

3. Este estudio tiene como resultado que uno sea un “obrero”. Éste es un resultado que no debemos pasar por alto. Es posible que una persona estudie la palabra de Dios y, aun así, jamás llegue a un conocimiento de la verdad (vea 2ª  Timoteo 3:7). Uno puede estudiar y sin embargo, no servir. ¡La clase de estudio que Pablo presentó aquí es la que da origen a un gran siervo y a un obrero dispuesto!

 

4. El estudio verdadero nos prepara para ser una clase única de obreros, la clase de los que “no tiene[n] de qué avergonzarse”. ¿Cómo podremos ser partícipes del servicio noble y además hacerlo sin reproche? Pablo dio la respuesta en la frase que sigue.

5. Hay que ser uno que “usa bien la palabra de verdad”. En las iglesias divididas se debate sobre doctrinas, sobre diversas versiones del plan de salvación de Dios y sobre el modo como se debe adorar a Dios: Toda esta división se lleva a cabo en el nombre de Cristo, el que oró porque todos pudiéramos ser uno, como el Padre y él son uno (Juan 17:17-21; 1ª  Corintios 1:10-13). Estas diferencias son prueba manifiesta de que muchos no usan correctamente la palabra de Dios. Todo aquel que, en estos tiempos del nuevo pacto de Cristo, obligue a otros a la observancia de la ley de Moisés puede merecidamente ser avergonzado (Colosenses 2:16; 1ª  Corintios 9:20-21; Mateo 28:18-20). Asimismo, deberá ser avergonzado el maestro que obligue a la observancia de tradiciones humanas como si éstas fueran ley de Dios (Marcos 7:8-13), el que construye falsas doctrinas al hacer mal uso de algún pasaje (Apocalipsis 20:3-7; Romanos 16:17-18; 2ª  Pedro 3:15-16), o el que trata al pueblo de Dios como si él fuera el que estuviera a cargo y no Cristo (vea 3ª  Juan 9-12). En contraste con los abusos anteriores, el estudiante de la Biblia debe tener el deseo de estudiar seriamente y de servir de una forma aprobada, guiada por Dios, usando bien la palabra de verdad.

 

MENSAJES FALSOS (vv. 16—18)

Después, Pablo se refirió al peligro de propagar mensajes falsos (2:16-18). Desde los tiempos del Jardín del Edén, la humanidad ha estado plagada de ideas equivocadas y maestros falsos. Lo anterior ha dado como resultado que, aunque la verdad permanezca firme, sean tales personas las que caigan. ¡Pablo le advirtió a Timoteo que evitara caer en esa trampa!

 

   Pablo utilizó la expresión que dice: “profanas y vanas palabrerías”, para referirse a los mensajes falsos. Lo anterior es, en efecto, un problema doble. En primer lugar, son “profanas y vanas”. ¡Con el adjetivo “profanas” se ilustra la forma como tales palabras pueden extenderse a todos, y con el adjetivo “vacías” se da a entender que le quitan valioso tiempo a cualquiera, sin servirle de ningún provecho! En segundo lugar, tales mensajes no pasan de ser “palabrería”.

 

   Pablo le ordenó a Timoteo “evita[r]” las conversaciones que circulen de la manera que se describió anteriormente. Cuando el platillo del día sea la jerga inútil, el vocero de Dios deberá apartarse. Aunque atraiga las críticas de la muchedumbre, en el sentido de que no es capaz de soportar tales pláticas, él no debe regresar, sino hasta que en la conversación se le dé cabida a lo que “dice Jehová”. La razón para evitar tales pláticas se evidencia en el fruto que éstas producen: “la impiedad”. ¡Hasta una conversación acerca de Dios o su palabra conducirá a la impiedad, si se lleva a cabo en una atmósfera así!

   Las profanas y vanas palabrerías pueden producir algo así como un ácido espiritual, el cual actúa como la “gangrena”, carcomiendo el cuerpo espiritual del Señor, es decir, la iglesia. Esto es lo que dice Gálatas 5:15: “Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.

 

   ¡Los mensajes falsos llegan a tener prominencia porque eso es lo que los mensajeros falsos promueven! Pablo citó a Himeneo y a Fileto en particular, como ejemplos de propagadores de mensajes falsos. No hay nada que se sepa acerca de Fileto más de lo que se menciona en 2:17. Esto fue lo que Ward aseveró: “Himeneo había sido mencionado anteriormente (1ª  Tim. 1:19). Había desechado su conciencia, había hecho naufragar su fe, y había sido excomulgado... Himeneo es un ejemplo de persistencia en el pecado”. Este falso maestro no sólo fue persistente, sino que también parece haber sido el líder de los causantes de problemas, según se menciona en 1ª  Timoteo. En este caso, se le menciona primero. Este y otros falsos maestros aparentemente actuaban en el ámbito de las “profanas y vanas palabrerías” que se tratan en los versículos 14 y 16.

 

   La forma de proceder de ellos es propia de hombres “que se desviaron32 de la verdad”. ¡El que yerre el blanco en cuanto a la verdad es un candidato ideal para empaparse de falsedades y de extendérselas a otros!

Lo que estos dos hombres proclamaban era que “la resurrección ya se [había efectuado]” (2:18). Esta proclamación no se refería a la resurrección de Cristo, sino que daba a entender que el que era cristiano ya había resucitado. Esto fue lo que Hendriksen observó:

 

Hay que admitir que Pablo también creía en una resurrección espiritual, en el acto de Dios, mediante el cual éste imparte nueva vida a los que están muertos en pecados y transgresiones (Rom. 6:3-4; Ef. 2:6; Fil. 3:11; Col. 2:12; 3:1; y cfr. Lucas 15:24). Pero ante todo.. el apóstol definitivamente enseñaba sobre la resurrección del cuerpo (1ª  Cor. 15; Fil. 3:21), del mismo modo que Jesús había resucitado (Jn. 5:28). Según la enseñanza de Pablo, la negación de la resurrección corporal equivalía a echar abajo la fe por completo, pues “si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, yana es también vuestra fe... aún estáis en vuestros pecados” (1ª  Corintios 15:13-14,17).

   Una de las sectas del judaísmo, conocida como los saduceos (Lucas 20:27), y algunos gnósticos (para quienes el cuerpo era maligno), y algunos griegos (quienes creían en la inmortalidad pero no en una resurrección corporal) habrían sido receptivos a esta falsa doctrina. ¡Así, Himeneo y Fileto enseñaban una falsa doctrina que socavaría una de las creencias centrales y esenciales de la fe cristiana!

   El fruto de esta enseñanza era que se “trastorna[ba]  la fe de algunos”. No solamente les afectaba a ellos. Es bueno que Dios nos haya hecho de modo tal que podamos influenciar a otros (1ª  Timoteo 4:12), pero ¡qué triste es cuando los hombres usan la influencia de ellos para alejar a la gente de la verdad! Si la gente lo sigue a usted ¿adónde será llevada? ¿A Dios y el evangelio (2ª  Corintios 3:2-3) o a ser alejados de la verdad? Fin