Amenazas a la firmeza

(2ª Timoteo 1:8-14)  Lección 3

 

   Pablo echó un tremendo fundamento para la firmeza en 1:1-7. En el versículo 8, da comienzo al despliegue de las razones por las que tal fundamento es necesario. Pablo, los preceptos divinos, y el pueblo de Dios son sólo parte del cuadro. En la vida cristiana hay muchos tropiezos que pueden poner a prueba el alma. Los apuros que pasó Pablo, el precio que uno a veces debe pagar por proclamar la verdad y el ver hermanos que abandonan la fe, son factores que pueden amontonarse sobre uno y desalentarlo. La excesiva presión puede hacer tambalearse a cualquiera que carezca de fortaleza espiritual en Cristo.

 

PRUEBAS QUE PUEDEN HACER TAMBALEAR NUESTRA FIRMEZA (v. 8)

   En primer lugar, los que han sido cobardes para llevar consigo una Biblia en público, por ejemplo, o los que no defienden la verdad, deben prestar cuidadosa atención al llamado que le hace Pablo a Timoteo: “... no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor” (1:8). Este llamado es práctico y estas pruebas son reales. Solamente con la tenencia de una convicción profunda se puede superar este problema. Es posible llegar a estar avergonzados de otros (Marcos 8:38; Lucas 9:26), de palabras, del evangelio (Romanos 1:16), de dar testimonio acerca del Señor (2ª  Timoteo 1:8), o de la persecución (2ª  Timoteo 1:16). Dado que todos procedemos de un mismo Padre, no debemos tener vergüenza de llamar hermanos a nuestros iguales cristianos (no tener tanto orgullo como para no hacerlo, Hebreos 2:11).

 

   ¿De qué forma podría manifestarse su vergüenza? ¿Es usted cobarde para defender la palabra? ¿Titubea usted para hablarles a otros acerca de Cristo? ¿Se avergonzaría usted de la “cadenas”? ¿Evita usted a los hermanos?

 

   En segundo lugar, esto fue lo que Pablo le rogó a Timoteo: “Por tanto, no te avergüences.., de mí, preso suyo”. Pablo le estaba pidiendo a Timoteo que defendiera a un hombre que era inocente. Pablo no había caído en prisión por ser un hermano rebelde, que mereciera el encarcelamiento. ¡Estaba preso por la forma como había vivido por Jesús y la forma como lo había representado! Pablo declaró valientemente, sin ningún vestigio de vergüenza ni de que se lamentara por ello, que él era un “preso del Señor”. Del mismo modo que los seguidores de Cristo lo abandonaron a éste, cuando él estaba preso, así también muchos abandonaron a Pablo (1:15). Elle rogó a Timoteo que no lo abandonara. ¿Habría ido usted a ver a Pablo a la cárcel?

   En tercer lugar, más grande que la prueba de visitar a Pablo en la cárcel es la de ser partícipe con él “de las aflicciones” por el evangelio. La índole de este sufrimiento puede variar para nosotros hoy día:

 

1.   Puede que surjan conflictos entre los hermanos. (Por ejemplo había algunos que llamaban a Pablo un falso apóstol; Hechos 15; 3ª  Juan 9-11).

 

2.   Debemos preocuparnos por los hermanos que sufren (Hebreos 10:32-36; Romanos 15:1-2; 2ª  Corintios 11:28).

 

3.   Los hermanos que están afrontando crisis pueden tener necesidad de nuestro apoyo (Hebreos 13:3).

 

4.   Puede que afrontemos castigos y ataques por parte de otras religiones (Hechos 4:5-22; 5:17- 42; 18:5-11), de las autoridades (Hechos 21:32-33; 23:10; 28:31; Juan 18:29-19:30), o de hombres inicuos (Mateo 5:10-12; 2ª  Timoteo 3:11-13; 4:14)

 

   Estas pruebas de la firmeza exigen que despleguemos carácter y valentía, audacia y acción. Demandan que tengamos una profunda convicción ¿Está usted preparado para tales pruebas? Si usted anhela estar preparado para tales rigores, le Hebreos 10:32-39. Pablo luego suplió incentivo para prepararnos para el verdadero servicio.

 

MOTIVOS PARA ESTABILIZAR NUESTRA FIRMEZA (vv. 8-10)

Las pruebas pueden intimidar a los que son espiritualmente débiles. Tal como Ronald Ward lo aseveró:

 

El líder de la iglesia que se encuentre bajo el control de un hacedor de maldad, podría constituir una piedra de tropiezo, un escándalo, tan grande como la misma ejecución del Señor lo fue. Al inconverso esnob no le gustaría asociarse con una comunidad que se encuentre bajo tal influencia; y el amor de algunos cristianos se podría enfriar (vea Mt. 24.12). Habría otros que no atinarían a entender por qué el Señor habría abandonado a su siervo.

   Pablo no permitiría nada de esto en él, y por implicación se entiende que lo apartó de sí. Estando en cadenas, como en efecto lo estaba, no se consideraba a sí mismo como el prisionero del emperador. Habló de nuestro Señor y de sí mismo como preso suyo. No escapó de la cárcel pero cambió de carcelero. El era el preso del Señor, llevado a prisión por lo que había hecho en la obra del Señor, y por lo que, en la providencia divina, él podía hacer dentro de la cárcel... El Señor no siempre “rescata” a sus siervos. Más bien, sobre el tenebroso telón de fondo de lo que sufren, ellos pueden resplandecer como la luz del mundo, Tales reflexiones podían darle más valor a Timoteo.

   Es por medio del poder de Dios (1:7-8) como uno llega a ser capaz de resistir tales aflicciones por el evangelio. Pablo hizo una impresionante descripción de los ricos y recompensantes beneficios que provienen del poder de Dios.

 

   Tome en cuenta la propiciación de Dios. Dios “nos salvó y llamó con llamamiento santo” (1:9).

 

   ¡Tome en cuenta el propósito de Dios! Su propósito para con nosotros es de gracia. Su propósito está en Cristo (Hechos 4:12; 1ª  Juan 4:14). El propósito de Dios para con los cristianos fue determinado desde antes de los tiempos de los siglos (1ª  Pedro 1:10-12, 18-21). ¡Cuán gran propósito! Estando nosotros muertos en pecados, él nos dio vida juntamente con Cristo. ¡En él estamos relacionados con la persona más grande de todos los tiempos que haya andado sobre la tierra (la cual se encuentra ahora en los cielos), y con el más grande de todos los planes, el cual proviene de la eternidad y a la vez lleva a la eternidad! Todo lo que Pablo abordó en este contexto se declara en Efesios 3:1-13. Cuando tratamos de comprender la gloria y grandiosidad que se relacionan con este propósito, ¿podemos creerlo? Sigue la evidencia.

 

   Tome en cuenta la prueba que constituye la aparición de Cristo. “... la aparición de nuestro Salvador Jesucristo” (1:10). Reflexione por un momento en cuántas cosas “se acomodan en el lugar que les corresponde” por causa de que Cristo entrara a actuaren el escenario de la vida y cumpliera aquella parte del drama eterno de Dios por medio de su aparición. Barclay se refirió a los dos momentos de la historia de Israel’9 en los que Dios intervino, y luego añadió estos comentarios sobre el término del griego del cual se traduce “aparición”:

 

De modo que para el judío, la palabra epiphaneia denotaba una intervención de rescate y salvación por parte de Dios.

   Para el griego ésta era una palabra igualmente grandiosa. A la ascensión del emperador a su trono se le llamaba su epiphaneia. Era su manifestación. Todo emperador llegaba al trono con grandes esperanzas; a su llegada se le saludaba como se saluda la llegada de un nuevo y precioso día, y la llegada de grandes bendiciones a punto de hacerse realidad.

 

   El evangelio se mostró plenamente con la epiphaneia de Jesús; y la palabra en sí da a entender que Jesús constituye la gran intervención de rescate y manifestación de Dios en el mundo; y que la llegada de él fue el comienzo de su ascensión al trono que al final sería el trono del reino de Dios.

 

   A estas alturas, Pablo señaló dos logros de la aparición de Cristo:

1.   Se eliminó al enemigo —“... [Jesucristo] quitó la muerte”. Note lo que 1ª  Corintios 15:24-26, dice. Por el hecho de ser la resurrección y la vida (Juan 11:25), Cristo ha tomado al enemigo que la muerte ha sido, y le ha anulado su poder, convirtiéndola incluso en una victoria (1ª  Corintios 15:50-57; Filipenses 3:7-14; 1:21-23).

 

2.   Ahora hay una luz que edifica: “... y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio”. Esta vida consiste en algo más que existir; la palabra que utilizó Pablo sugiere la idea de felicidad y de dicha. Se trata de una buena vida de “inmortalidad”.

 

    Cristo nos ha llamado a una buena y abundante vida (Mateo 5:16; Juan 10:10; 13:17), a la cual le ha añadido la dimensión de la inmortalidad (Juan 5.24; 8.51; 2ª  Corintios 4:16-5:1). Esa luz brinda valor y confianza ahora y no puede otra cosa sino mejorar conforme pasa el tiempo. (Note 1ª  Pedro 1:3-9). Tal como Hendriksen escribiera:

 

   Resulta claro, por supuesto, que aunque el creyente recibe aquí y ahora esta gran bendición en principio, yen los cielos en una mayor magnitud, él no la recibirá plenamente, sino hasta la segunda aparición de Cristo. Mientras ese día no llegue, los cuerpos de todos los creyentes seguirán expuestos a las leyes del deterioro y la muerte. La vida incorruptible, la salvación no perecedera en su plena manifestación, pertenecen a los nuevos cielos y a la nueva tierra. Es una herencia guardada en depósito para nosotros.”

 

   En resumen, esto es lo que Pablo le estaba diciendo a Timoteo: “No solamente mires lo que los hombres le están haciendo al pueblo del Señor. Mira lo que el Señor ha hecho por su pueblo. Alza tus ojos y mira los beneficios que resultan de la aparición de Cristo, y no te avergüences. ¡Mantén en alto la cabeza y marcha hacia adelante por el Maestro!”.

 

UN EJEMPLO PARA SOLIDIFICAR NUESTRA FIRMEZA (vv. 11—12)

   Pablo vivió con el propósito de establecer un estándar, tal como Jesús también se lo propuso (1ª  Corintios 11:1; Juan 13:3-17; 1ª  Pedro 2:1-15). La tarea asignada a Pablo estaba conformada por tres responsabilidades, cada una de las cuales representa, por sí sola, una labor difícil para la mayoría de los hombres. Pablo se desempeñó como un valiente y eficaz siervo en las tres juntas. Fue firme en el servicio porque puso su confianza en aquel que lo había elegido (Gálatas 1:15-16; Hechos 9:15-16).

 

   Sin duda que no escapa a nuestra apreciación la importancia que tiene el hecho de que Pablo fuera elegido —tanto desde el punto de vista del que hizo la elección, como de aquello para lo cual fue elegido. Esto fue lo que Pablo escribió: “fui constituido” (1:11). Dios sabía de qué era capaz Pablo. Por lo tanto, lo constituyó “predicador”.25 Esto fue lo que Barclay observó:

   La palabra Kerux [predicador] en griego, es una palabra que tiene un amplio significado. Tiene tres lineas principales de significado, y cada una de éstas tiene algo que sugerir acerca del deber cristiano. El kerux era el heraldo que traía el anuncio de parte del rey. El kerux era el que actuaba como emisario, cuando dos ejércitos se enfrentaban el uno al otro, y era el que llevaba y traía las peticiones de tregua y paz o los términos bajos los cuales se acordarían tal tregua y tal paz. El kerux era el hombre que un subastador o mercante empleaba para anunciar en voz alta sus mercancías, y para invitar a la gente a venir a comprar. Así, el cristiano debe ser el hombre que le trae el mensaje a su semejante; debe ser el hombre que pone a los hombres en tregua y paz con Dios; debe ser el hombre que llama a sus semejantes a aceptar la rica oferta que Dios les está haciendo.

 

   En segundo lugar, Pablo fue constituido “apóstol”.  “El apostolos [apóstol] no hablaba por su propia cuenta; hablaba por cuenta del que lo enviaba. El apostolos no venía bajo su propia autoridad; venía bajo la autoridad del que lo enviaba”. Como Cristo era el que enviaba a Pablo, ¡cuán tremenda autoridad debió haberle dado esto a Pablo y a los otros apóstoles (Mateo 28:18-20 Lucas 10:16; Efesios 2:19—3:5)!

 

   En tercer lugar, Pablo fue constituido “maestro”. El maestro cumple una misión estratégica favor de Cristo:

La tarea del evangelista es apelar a los hombres, confrontarlos con el mensaje del amor de Dios. En un momento de vívida emoción,... un hombre puede responder a tales emplazamientos. Pero todavía queda un largo trecho por cubrir. Ese hombre debe aprender el significado de la decisión que tomó; debe aprender la disciplina de la vida cristiana. La semilla ha sido plantada; pero el largo y gradual proceso de crecimiento todavía debe darse. Los fundamentos han sido puestos, pero el edificio de la vida cristiana todavía debe levantarse. La llama del evangelismo debe ser seguida por el brillo constante de la enseñanza cristiana.

 

   De modo que, por definición, el “predicador” es el que capta la atención de las personas, el “apóstol” es el que con autoridad pone en vigor el mensaje de los cielos para la humanidad, y el “maestro” es el que brinda las directrices específicas para crecer. Pablo cumplió todos estos importantes servicios. Aunque a Pablo se le asignaron tres tareas específicas, un evangelista debe cumplir con el trabajo de dos de éstas: la de predicador y la de maestro (vea 2ª  Timoteo 4:1-5; 2:2; Tito 1:5; 2:15).

 

   Pablo era un siervo sufrido (1:12). No era que le gustara sufrir, por causa de algún complejo de culpa. Más bien, servía en el espíritu de Pedro y de Cristo (vea 1ª  Pedro 3:15-18). Su misión no era ni irresponsable ni inescapable (vea 2ª  Corintios 4:16-5:10). Al decir: “Por lo cual asimismo padezco”, indicaba que conocía las razones para tal sufrimiento. El contexto afirma que Pablo consideraba que su sufrimiento era de esperarse. El sabía que ésa era la senda por la que debía andar si es que la iglesia iba a crecer y el evangelio a esparcirse hasta llegar a toda criatura (vea Colosenses 1:23-29).

 

   Al sufrir por tales razones, Pablo escribió: “no me avergüenzo”. Nuevamente se nos confronta con el sufrimiento y la vergüenza (vea el versículo 8). Puede que éstos vayan juntos, pero cuando la causa de ellos fue Cristo, Pablo no se avergonzó. ¿Se ha avergonzado alguna vez, o se ha quedado callado, cuando la causa de Cristo era cuestionada?

 

   La definición de la palabra “avergonzarse”, la cual se da en el pie de página número 13, especifica los aspectos mencionados en las Escrituras, de los cuales podemos avergonzamos: 1) de algún hermano o hermana, 2) de palabras o del evangelio, 3) de dar testimonio del Señor, 4) del estilo de vida que el cristianismo nos puede demandar observar (vea Hebreos 10:32-36). A los cristianos que sean capaces de soportar tales situaciones no les vendría el calificativo de “miedicas”. ¡Estas sí que son pruebas! No son de la clase, a las que los debiluchos podrían someterse (vea 1ª  Corintios 16:13-14; Efesios 6:10-18).

 

   ¡El hecho de que Pablo se rehusara a avergonzarse, era un acto completamente racional, el cual se basaba en la confianza en Dios!

 

UNA FUENTE DE ESTÍMULO PARA NUESTRA FIRMEZA (v. 12)

   Pablo continuó con su testimonio cuando dijo: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (1:12).

 

   No puede estar equivocado aquel cuyo objeto de su devoción sea Dios. Esto fue lo que Pablo escribió: “yo sé”. ¡No existe palabra más fuerte, en el idioma griego, con la cual se pueda hacer más énfasis en que se conoce algo, que ésta! Pablo determinó tres etapas de este conocimiento de Dios (y de la confianza en éste):

 

1.   “Yo sé a quién he creído”. ¡La vida de Pablo era una demostración viviente del hecho de que la fe bíblica —la fe aprobada por Dios— no sólo confía en Cristo, sino que va acompañada de la obediencia! Hasta en la confianza de Pablo está implícita la obediencia cuando aquella se relacionaba con el sufrimiento (vea Filipenses 3:7-11). La fe, esa fe profunda, es un tributo a la verdad y a Dios.

 

2.   “... estoy seguro”. Repase lo comentado sobre 1:5, en esta lección. En ese versículo Pablo usó esta frase para referirse a su completa confianza en la fe no fingida de Timoteo. Esta vez, da la apariencia de que Pablo le estaba reafirmando a Timoteo su propia fe, una fe cuyo objeto era el mismo, Cristo.

 

3.   La confianza de Pablo en Cristo le motivó a hacer un “depósito” para ser guardado por el Salvador. ¿A qué se refiere con la palabra depósito? Existen varios puntos de vista al respecto, los cuales han sido apropiadamente resumidos por Ronald Ward:

 

Algunos eruditos consideran que el depósito es el evangelio (cfr. v. 14).. otros ven en él una referencia al mismo Pablo, a su propia alma. Este último punto de vista parece estar más de acuerdo con la idea contenida en la frase: “aquel día”, y con la idea de fe o confianza, especialmente si la fe se define como la entrega confiada de uno mismo a Cristo. El vínculo que hay entre el “depósito” y la “fe” puede verse en 1ª  Pedro 4:19: “... encomienden (depositen) sus almas al fiel (digno de confianza) Creador”. El mismo Pablo utilizó el mismo verbo (el cual es un cognado del sustantivo “depósito”) en Hechos 20:32, el cual literalmente dice: “os deposito en Dios...”. Bengel resumió acertadamente el asunto de esta forma: “Cuando Pablo estaba a punto de partir, él tenía dos depósitos, uno era para ser encomendado al Señor y el otro a Timoteo”. De modo que, para el apóstol, el sufrimiento no era para avergonzarse y la fe le era equivalente a la certeza. Note la forma como en el versículo 8, Pablo puso en práctica aquello de “caminarán y no se fatigarán”, cuando él consideraba su condición de preso, pero en el versículo 9, se echó a correr cuando consideró el poder y la gracia de Dios, y pronto estaba levantando vuelo como las águilas (cfr. Is. 40:31). Con una inspiración tal, no había cabida para la vergüenza en su mente. Lo mismo podía ocurrirle a Timoteo.34 (Enfasis nuestro).

 

   Pablo acababa de aseverar que Cristo había sacado a la luz la inmortalidad (1:10). Esto es lo que estaba afirmando con plena confianza: “Lo conozco. He creído. Estoy convencido. Por lo tanto, me he encomendado yo mismo a su cuidado”. ¡Tales comentarios tan llenos de confianza en la boca de un preso a punto de morir, deberían estimular la firmeza en nosotros!

 

UN ENCARGO PARA RESUMIR NUESTRA FIRMEZA (vv. 13—14)

   La autoridad apostólica se evidencia aquí, cuando Pablo le hizo un encargo a Timoteo e hizo énfasis en que tal encargo provenía de él. Esto fue lo que le dijo: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros” (1:13-14).

 

   La primera parte del encargo es un “Mantén el rumbo”. Esto fue lo que le dijo: “Retén la forma de las sanas palabras”. Lo que Pablo estaba afirmando no admitía opciones. Pablo no sólo hizo énfasis en lo que Timoteo (o cualquier otro evangelista) debía hacer, sino que también determinó la forma como su encargo a Timoteo debía ser observado:

 

En la fe —       La fortaleza para observar el encargo (1ª  Jn. 5:4)

 

En amor —     El espíritu con el cual el encargo debía ser observado

                      (1ª  Co.  13:4-8)

 

En Cristo —   La fuente de la que proviene encargo

                      (Fil. 4:13; Ro. 8:35-39)

 

   La segunda parte del encargo es un Guarda la fuente que mantiene el rumbo. Esto debía hacerse por el Espíritu Santo (1:14).

Pablo usó nuevamente el término del griego, el cual se traduce por “depósito” (algo encomendado) y que en otras versiones de la Biblia se traduce por “tesoro”.

 

   Aquí sonó como un soldado, al mandarle a Timoteo que estuviera consciente de que el tesoro encomendado era algo que él había de guardar37 (y nosotros también). Este mandamiento, de guardar el depósito, había de cumplirse “por el Espíritu Santo que mora en nosotros”. Esta fue la explicación que al respecto dio Hendriksen:

 

A Timoteo se le insta a que guarde este depósito de una vez por todas. El debe defenderlo contra todo ataque y jamás permitir que se le hagan los mínimos cambios o modificaciones.

Pero como el enemigo es fuerte, y Timoteo es débil, Pablo muy sabiamente añade la idea de que no se puede guardar el depósito, sino “por el Espíritu Santo que mora en nosotros”, esto es, dentro de Pablo, Timoteo y todos los creyentes (Ro. 8:11)

 

Al ceder a las enseñanzas del Espíritu, es decir, las enseñanzas de la palabra de Dios, nosotros—por el Espíritu Santo que mora en nosotros— estaremos guardando el depósito. No se puede negar que el Espíritu Santo mora en nosotros. Ello equivaldría a quitarle a los cristianos los medio por los cuales pueden ser guardianes de la verdad ¡Al diablo le gustaría que nosotros neguemos lo medios por los que precisamente se da a conocer la verdad en toda su pureza y poder! La palabra de Dios se mantendrá inalterable, aun cuando los cielos y la tierra pasarán (Mateo 24:35). No obstante, sus preciosas palabras han sido puestas en vasos de barro (2ª  Corintios 4:2-6), y estamos obligados a cumplir con el mandamiento de guardarlas tal como Pablo lo instruyó. Fin