La relación entre la piedad y las riquezas

(1ª  Timoteo 6:6-11a)   Lección 19

 

 

LA PRIORIDAD EN LA QUE HAY PROVECHO (vv. 6-8)

   Después de hablar sobre los que causan problemas, Pablo se volvió a una prioridad positiva en la que hay provecho. Su consejo es especialmente práctico para nuestros tiempos. No ha habido una generación que haya tenido que vérselas con más conceptos y posesiones materiales que la nuestra. Cuán importante es que los cristianos de cada generación ordenemos correctamente nuestras prioridades, si es que tenemos la esperanza de evitar el materialismo que nos podría apartar de los valores y principios eternos de los que Pablo hizo partícipe a Timoteo.

 

  “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (6:6). “Un dicho de los rabinos judíos era: ¿Quién es rico? El que está contento con lo que tiene.” Pongamos este principio en el contexto de Filipenses 4:4-7, 11-13, y démosle una mirada a cinco hermosos regalos que le traen contentamiento al cristiano a través de su crecimiento en la piedad:

 

1.   La seguridad: “El Señor está cerca” (Filipenses 4:5; vea Hebreos 13:5-6; Mateo 28:20). ¡La frase del griego señala que el Señor está al alcance de tu mano!

 

2.   Las provisiones para lo necesario: “... sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios” (Filipenses 4:6; vea Mateo 6:25-33). ¡La fuente de nuestras necesidades es Dios, no el tesorero de la iglesia!

 

3.   Discernimiento espiritual: “La paz de Dios,... guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7; vea Hechos 16:25-26; 2ª  Corintios 8:1-3; 2ª  Timoteo 4:7- 8). Si nuestros corazones y nuestros pensamientos estuvieran verdaderamente guardados, ¿no resolvería esto la mayoría de nuestros problemas y tensiones?

 

4.   El alma satisfecha: “... he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11; vea 2ª  Timoteo 4:17-18). No es natural, pero uno puede aprender a vivir en ese glorioso estado. Esto es lo que alguien ya escribió: “Un día de alimentación, ropas y techo, es todo lo que necesitamos; y si te mueres antes del mediodía, la mitad de lo que tienes es exceso en demasía”.

 

5.   El espíritu fortalecido: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13; vea Romanos 8:31-39; 2ª  Corintios 9:8-11; Efesios 3:20-21).

   La entrada a esta vida no depende de la ganancia material (Lucas 2:7), y el salir de ella no cambia con la acumulación de lo material (Lucas 16:19-25). Ya alguien lo dijo: “Recuerde que el día de su muerte, todo lo que usted posee pasará inmediatamente a pertenecerle a otros, pero lo que usted sea será suyo por toda la eternidad” (vea Lucas 12:13-21). ¿Cómo ve usted su vida en este momento? ¿Cómo la verá cinco minutos después de que se muera? ¿Cómo la verá cuando pase la eternidad? Lo más importante es ¿cómo ve Dios su vida?

 

   Abrigar el cuerpo cuando hace frío y alimentarlo cuando se tiene hambre le trae paz a la parte material. Los demás deseos y apetitos manan de la mente. Esto puede explicar la filosofía de Epicuro. Cuando se le preguntó por el secreto de la felicidad y el contentamiento, esto fue lo que respondió:

“No le añadas a las posesiones al hombre, sino sustráele de sus deseos”.

 

   La piedad trae contentamiento a la parte del hombre que será juzgada (Eclesiastés 12:13-14; 2ª  Corintios 5:10). Por lo tanto, todas las personas insatisfechas harán bien en revisar sus propósitos en la vida (Mateo 6:31-33; Santiago 4:1-4).

 

   Jesús hizo ver el peligro que representa el “engaño” de las riquezas (Mateo 13:22), no el de las riquezas por sí solas. No podemos escapar al impacto que los deseos obran en nuestros estilos de vida. Cuando le damos cabida a demasiados deseos en nuestro sistema, no le queda espacio al contentamiento. ¡Ay de aquel cuyo gusto es el de un príncipe, pero cuyo salario es el de un pobre! ¡Ay del evangelista que esté más motivado por el dinero que por su ministerio, más ansioso de obtener posesiones que de obtener principios y preceptos divinos, más preocupado por el flujo de caja que por las conversiones!

 

LA PRIORIDAD POR LA QUE SE PAGA UN COSTO (vv. 9-11a)

   En los versículos 9 y 10, Pablo presentó varias pérdidas que sufrieron aquellos que le dieron la más alta prioridad a la prosperidad material.

 

   En primer lugar hay una pérdida de la libertad (6:9). Es una carrera cuesta abajo en todo el trayecto, en la cual el amador del dinero cae “en tentación y lazo” (vea Mateo 19:16-22; Marcos 10:17-22). En primer lugar surge un deseo sutil o “tentación”.18 El deseo sutil lo lleva a uno a caer en el “lazo”. Cuando uno toma una dirección dada, hacia un deseo en particular, ocurre que repentinamente se pierde la oportunidad de recuperarse. (En otras palabras, es demasiado tarde para evitar que suceda lo malo. Por la gracia de Dios podemos vencer el pecado si cooperamos con su plan). La elección errada a menudo deja a la persona tratando de justificar su insensatez original, abriendo la puerta a la siguiente fase que menciona Pablo.

   En segundo lugar, hay una pérdida de la razón (6:9). El caído se desliza “en muchas codicias necias y dañosas” (vea 2ª  Pedro 2:15; Números 22:2-21; 23:1-11). Cuando una persona llega a tal etapa del proceso, es poca la esperanza que le queda de recuperación (vea Hebreos 6:4-6; Proverbios 1:24- 31). Examinemos las características de estas codicias.

 

   Son “necias”. ¡Las codicias insensatas llevan a la ruina! No hay duda de que, a menos que se recupere, esto es lo que clamará con llanto el que sucumba a tales codicias: “Por qué, oh, por qué lo hice? ¿En qué estaba pensando?”. De esto es lo que se nos advierte: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12).

 

   Son “dañosas” y perjudiciales. ¡Cuán fuerte es la codicia! ¡Aunque sabiendo que es doloroso —que el pecado y la codicia son dañinos, que hieren, y causan la ruina— uno siempre regresará por más! La lógica y la verdad claman diciendo que no tiene sentido —pero ¡el que ha sucumbido a la codicia de las riquezas ha sufrido una pérdida de la razón!

En tercer lugar, hay una pérdida del alma (6:9). La caída en este proceso, en el que se tiene un deseo de riquezas cada vez mayor, “[hunde] a los hombres en destrucción y perdición”. Esta frase presenta a una persona que continúa hundiéndose en el pecado hasta que es apartado de todo lo bueno y afronta la “destrucción”. No hay palabras, con las cuales se pueda describir la pérdida del alma.

 

   En cuarto lugar, hay una pérdida de la pureza (6:10).”... porque raíz de todos los males es el amor al dinero”.  No es el dinero, sino el amor al dinero lo que carcome y crucifica el alma. En el caso de Acan se muestran las etapas del proceso.  Esto fue lo que dijo en Josué 7:21: “codicié y tomé; y…[escondí]”. Acán pecó y luego sufrió. Esto fue lo que Demócrito dijo: “El amor al dinero es la metrópolis de todos los males”. Filo dijo que “el amor al dinero es el punto de partida de las más grandes transgresiones de la ley”. El amor al dinero ha aprisionado a muchas personas puras y las ha corrompido.

 

   Luego, sigue una pérdida de la fe (6:10). Hay personas que por esta necedad “se extraviaron de la fe” (1ª  Timoteo 1:18-20; Tito 1:10-11). Hay quienes echan a perder casas enteras por causa del asqueroso lucro. Estas personas, en lugar de vencer el mundo, al perder su fe son vencidas por el mundo (1ª  Juan 5:4)

 

   Por ultimo hay una perdida del contentamiento (6:10). Como resultado de este proceso, los amantes del dinero, han sido “traspasados de muchos

Dolores” (vea Mateo 26:24-25; 27:3—5, 2ª  Corintios 7:10) La tristeza del mundo produce muerte Judas Iscariote se dio cuenta de ello, y su tristeza

se origino en el amor al dinero Los que aman las riquezas del mundo sufrirán ‘muchos dolores” ¡Son grandes las perdidas que causa este

insidioso mal!

 

   Es lógica la conclusión que se saca del proceso (6:11a). Cuán apropiados son la advertencia y el mandamiento de Pablo: “Mas tú, oh hombre de

Dios, huye de estas cosas”.  El llamado divino es “¡Ni siquiera andes en esa dirección, m con tu mente ni con tus pies. La atracción puede ser demasiado grande, y el doloroso costo demasiado alto! “. Hay una senda mucho mejor. Esto fue lo que Pablo escribió en 2ª  Timoteo 2:22: “Huye también las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor”. Esta mejor senda constituye el siguiente tema de Pablo. Fin